La música de las esferas

POR LUIS DOMINGOLos relojes de Rolex se venden en las mejores joyerías y relojerías del mundo, pero tiene muy pocas tiendas propias. Una de esas «pocas» se inaugura el próximo día 16 de diciembre en

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POR LUIS DOMINGO

Los relojes de Rolex se venden en las mejores joyerías y relojerías del mundo, pero tiene muy pocas tiendas propias. Una de esas «pocas» se inaugura el próximo día 16 de diciembre en Barcelona y se suma así a las de Tokio, Hong Kong, París y Milán. Casualidades del destino, la calle elegida para el local español es la de Pau Casals, lo que encaja con una particular querencia de esta firma por el mundo de la música.

En general, los relojes de lujo tienen buena «prensa» entre las figuras del cine y del deporte, que se avienen a poner rostro (y muñeca) en favor de los mejores modelos, pero hay que reconocer que lanzarse a promocionar una marca con el apoyo de voces de la ópera y de intrumentistas de relieve requiere cierta audacia, incluso si también se ha integrado en esa nómina de corcheas a pianistas o cantantes que representan una música más «popular». Pero el mundo de la música tiene un nivel de exigencia en el que tal vez la compañía suiza encuentre inspiración.

De una cosa a otra

Rolex hizo su primer anuncio de estas características en los años 70 con la gran soprano neozelandesa Kiri Te Kanawa, con la que trabajó durante mucho tiempo. También lo haría con los tenores Plácido Domingo, desde 1982, y Rolando Villazón, la soprano Renée Fleming, la mezzo Cecilia Bartoli, el violinista Maxim Vengerov y el pianista Yundi Li. Recientemente actuó en España Diana Krall, pianista y cantante de jazz (y más cosas) ya como imagen de Rolex, pero también entran en este nuevo grupo el sitar de Anoushka Shankar y el estilo «crooner» de Michael Bublé...

Más allá de los rostros están los patrocinios de Operalia -fundada en 1993 por Plácido Domingo-, para descubrir y promocionar talentos vocales, el Festiva de Verbier (Suiza) con objetivos similares, los apoyos a la ópera de Montecarlo y a la Scala de Milán. Lo más reciente ha sido ampliar ese interés a la danza, del que se han beneficiado los bailarines Sylvie Guillem Y Yuan-Yuan Tan o el coreógrafo Guillermo Forsythe.

Nada más agitado que la vida de un músico, a pesar de las apariencias y eso recuerda las razones que movieron, en 1905, a Hans Wilsdorf -entonces muy joven- a crear sus relojes. Quería «máquinas al servicio del progreso», piezas para moverse con aquel hombre «contemporáneo» al que nada se ponía por delante, aunque en esa euforia no pudieran imaginarse, ni el relojero suizo ni sus primeros «fans» la de cosas temibles que iban a vivirse en Europa. Wilsdorf, de todas formas, dio pasos acertados: le buscó a su «máquina» un nombre pronunciable en todas las lenguas del viejo continente y le dotó de características pensadas para enfrentarse a los elementos. Tengamos en cuenta que los relojes de pulsera se consideraban entonces «afeminados» y muy frágiles, al no protegerlos una tapa o al menos el bolsillo del chaleco. Wilsdorf los hizo nadar, escalar montañas y desde luego lucir por hombres y mujeres de acción.

Cada década quedaría marcada por algún avance notable: la precisión (certificada en 1910 y respaldada en 1914) hasta entonces discutida en un reloj de pulsera; el hermetismo al agua y al polvo (1926: los Oyster -Ostra- arrancan de ahí); el movimiento de cuerda automática (1931, revolución tecnológica); la inclusión de fecha (1945, con el primer Rolex Datejust)...