Michelle O. Los brazos son las nuevas piernas
Michelle Obama es muy patosa con tacones, pero estática y en foto queda estupenda. Sobre todo enseñando los brazos. Los primeros brazos. Antes de su foto oficial en el Salón Azul de la Casa Blanca, con el little black dress de Michael Kors sin mangas ... y su Tank de Cartier, ya se la había criticado por la querencia a los vestidos desmangados. La última semana de febrero (¡de febrero en Washington!), la prensa le contó cuatro en cinco días. Uno de ellos cuando el presidente Obama se dirigió al Congreso, una ocasión ceremoniosa que para muchos era incompatible con su escaso vestido de Narciso Rodríguez. Porque se trataba de un acontecimiento muy importante y porque la estación es la invernal. Un alto cargo del staff de la Casa Blanca dijo entonces que el sentimiento de la Primera Dama era que si no quería llevar mangas para escuchar el discurso de su marido es lo que iba a hacer.
Los mismos argumentos en contra (la informalidad y estar fuera de estación) son los que han saltado tras la foto oficial. Por parte de periodistas de moda y de Andy Card, antiguo jefe de gabinete de George Bush, que añadió que debe haber un código de respeto en el vestir. Cielos. ¿Y desde cuando un little black dress es inadecuado? También ha habido quien ha apuntado en el debe del presunto falso paso las facturas de calefacción de la Casa Blanca. El caso es matar moscas con el rabo y, de momento, no tienen otra cosa que criticar de la pareja presidencial.
Pero lo realmente importante en todo este prescindible asunto son los brazos tonificados y perfectos de la señora, que se levanta todos los días a las cinco y media de la mañana y hace ejercicio con su marido antes de tomarse unos gofres en el desayuno. Y claro que la musculación de esos brazos viene de antes de irse a vivir a Washington. Si yo tuviera esos brazos también los enseñaría (y si tuviera el cuerpo de la tenista Ana Ivanovic iría desnuda por la calle). ¿Para qué se cree la gente que las mujeres hacemos pesas si no es para poder enseñar y restregar al mundo las extremidades superiores? Los brazos y los hombros de la señora Obama deberían estar en las paredes de los gimnasios como modelo. Como ejemplo de hasta dónde se debe llegar. Con esos triceps no hay efecto salero que valga. También se podrían poner, para constituciones más delgadas, los extraordinariamente tonificados de la Princesa Letizia (aunque ella sostenga que sólo hace levantamiento de Infantas porque no tiene tiempo para otra cosa).
En el extremo opuesto (el de habérseles ido la mano y todo lo que sigue por arriba) están los brazos cincuentañeros que lucen Holly Hunter o Madonna. Porque, vale, Linda Hamilton gastaba esos músculos en «Terminator 2». Pero tenía que salvar el mundo, cosa que no se espera ni de Holly Hunter ni de Madonna.
En el negociado de matar moscas con el rabo a costa de los miembros superiores de Michelle Obama se ha ido más allá de lo razonable. He llegado a leer la pregunta de si los brazos desnudos son un discurso feminista. En todo caso, deberían ir dándose cuenta de que los brazos son las nuevas piernas (las minifaldas sí que serían inadecuadas para ocasiones solemnes). Y, en la otra esquina del pensamiento (o lo que sea), he leído que esta continua exposición de brazos (que también se ve en muchas series de televisión ambientadas en sitios con frío) es el instrumento de moda más opresor para las mujeres desde el cinturón de castidad. Eso sin exagerar. Porque si exageramos, y nos acordamos de que Michelle Obama no se viste de invierno en invierno, nos acordamos también de Kathleen Turner en «Los asesinatos de mamá», la película de John Waters, cuando quiere matar a Patty Hearst porque la insensata se empeña en llevar zapatos blancos una vez que se ha acabado el verano.
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