Memoria histórica de un Alférez Provisional

¿QUÉ fueron los Alféreces Provisionales? ¿Cómo se hacían? ¿Cuál era su ideología, si la tenían? ¿Qué les llevó a una guerra fratricida e inmisericorde? Para contestar a estas preguntas no hay más

Francisco Ariza Montoro
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¿QUÉ fueron los Alféreces Provisionales? ¿Cómo se hacían? ¿Cuál era su ideología, si la tenían? ¿Qué les llevó a una guerra fratricida e inmisericorde? Para contestar a estas preguntas no hay más remedio -y lo siento- que echar un vistazo a las circunstancias históricas y sociales de aquellos desgraciados años (1931-1939).

Teniendo en cuenta que el 90 por ciento de los que luego fuimos Alféreces Provisionales éramos estudiantes, veamos cuál era el momento de lo que venía siendo la desgraciada historia de España desde el siglo XVII, hasta llegar a la Segunda República. Ésta que llegó, en 1931 tras unas elecciones ganadas por la derecha, fue recibida con entusiasmo por casi todo el mundo (incluido yo que tenía 13 años y me acuerdo muy bien del jolgorio callejero) se fue deteriorando rápidamente en todo el país, y el entusiasmo inicial terminó en aquella famosa frase de Ortega: «No es esto. No es esto». No, aquello no era posible. El mismo año 31 fue suspendido el ABC y comenzó la quema de conventos. Azaña dice: «todos los conventos de Madrid no valen la vida de un solo republicano». En el año 34 el Fiscal de la República informa: «en tres años se han producidos quince mil huelgas». Las iglesias, conventos, ermitas y capillas, quemados o atacados, incontables. Ortega había visto claro: aquello no era posible.

En 1934 estalla la Revolución de Asturias, setenta mil mineros se levantan contra la República y han de ser sometidos por el Ejército, y ese mismo año Companys proclama el Estado Catalán y también es sometido por el Ejército. Largo Caballero -ante unas elecciones- dice: si ganamos iremos adelante, si las perdemos iremos a la guerra civil.

En este ambiente de preguerra aparece en la política española (mitin del teatro de la Comedia en octubre 1933) la figura extraordinariamente atrayente de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange que era, más que un partido político, una repulsa descarada y valiente contra el desorden permanente, la injusticia social y la miseria moral en que se debatía España.

La Falange (llamando a sus filas a las gentes de alpargata) tocó la fibra sensible de todos los jóvenes que en aquellos años estábamos asqueados de la situación. Acudimos a la Falange -yo, por mi edad en los Balillas-. En aquel ambiente prebélico, estando yo junto a mi padre, llegó el ABC (que él leía desde la salida del periódico) con la noticia del vil asesinato de don José Calvo Sotelo -13-07-1936- que por su talento deslumbrante y su brillante trayectoria política, era el líder indiscutible de la derecha española. Le sacaron de madrugada de su casa y su familia, le llevaron a una furgoneta oficial, sentaron detrás a un pistolero (Cuenca) que apenas recorridas cuatro calles le descerrajó un tiro en la nuca. Fue la chispa. Entonces, Franco que hasta ese momento había dicho reiteradamente que no al «director» -Mola- que, desde Pamplona, movía los hilos del Alzamiento, comunicó: «Ahora estoy dispuesto». El Movimiento estaba en marcha.

El general Orgaz organizó desde el mes de septiembre de 1936 las academias de Alféreces Provisionales (cadáver efectivo te decían al entrar) y de esas academias salieron hasta 23.000 estudiantes con una estrellita en el pecho sobre fondo negro. Para el ingreso se exigían 18 años cumplidos y bachiller.

Volvamos ya a lo puramente biográfico para asombrarnos con la situación. Yo nací en un pueblo andaluz en 1919 (Rute, provincia de Córdoba) que era desde un punto de vista sociológico una verdadera atrocidad. Habría unas cincuenta familias -entre ricas y acomodadas- y unos diez mil jornaleros y empleados (éstos muy pocos).

Los jornaleros sin más ingresos que los jornales ganados en la recolección de la aceituna y en las industrias de la fabricación del aceite (una corta temporada) y del anís.

La fiesta principal del pueblo -la feria de Agosto- era una gran explanada (el Fresno): en el centro la caseta de los señoritos (lujosa, bien vestida, con ricas colgaduras, bien iluminada y bien servida; allí circulaban el mejor vino y el mejor jamón). Alrededor, dando vueltas en un lento paseo interminable todos los demás, muchos, digamos que el resto de los ruteños. Para ellos había todos los artilugios de los feriantes: los balancines, los caballitos, las casetas de tiro, los columpios, ... y algún bar modesto.

En mi pueblo como en el resto de España, desde el 18 de julio de 1936, se cometieron las mayores atrocidades por una y otra parte, verdaderos crímenes. Esto llegó (según supe cuando terminó la guerra) hasta un sitio tan idílico y pacífico como la Isla de Ibiza, mi primer destino como Teniente efectivo en 1944.

Yo ingresé en la Academia de Alféreces Provisionales de Granada en cuanto pude por la edad, aunque acabaron admitiéndome antes de cumplir los 18 años exigibles. Los cursillos eran intensivos y de sólo un mes y la salida era ya hacia unidades del frente.

Fui destinado a la primera bandera de Granada a las órdenes de otro Provisional que luego fue mi gran amigo y pasados los años gran médico y presidente del Casino de Madrid, Luis Álvarez Lovell. La bandera estaba desplegada en el Frente de Pinos Puente. Mi guerra fue muy aburrida, pues aunque intenté meterme en la 6ª Bandera de la Legión, cuando pidieron voluntarios, no me llamaron. Así que fui siempre de Bandera en Bandera (de la 1ª de Granada a la 3ª de Cádiz, a la que fui voluntario para intervenir en el intento del desembarco de Cartagena) de donde tuvimos que volver, fracasados, tras el hundimiento del Baleares. Así que volví a las trincheras: guerra tranquila si olvidamos los golpes de mano nocturnos y algún bombardeo: un solo combate serio en el frente de Granada; el Peñón de la Mata que fue tomado por los rojos. Este peñón dominaba un sector importante del frente en el que estaba desplegada la Bandera. La reacción fue inmediata, el combate violento y las bajas numerosas. Por supuesto el Peñón fue recuperado, pero ese episodio, con gran disgusto por mi parte, me lo perdí y lo viví con gran ansiedad desde el Hospital en donde había ingresado días antes con una enfermedad de hígado; (por cierto el Hospital era ni más ni menos que el lujoso hotel Alhambra) allí llegaban directamente los heridos en el frente, mis compañeros.

Terminada la guerra y tras la desmovilización, los Provisionales quedamos disponibles en las capitales donde tenían las bases sus Unidades. Como se ha visto mi guerra fue bastante cómoda si exceptuamos las noches, en que, con una manta y un bocadillo nos echaban a patrullar las vías del ferrocarril y evitar su voladura por los llamados «niños de la noche».

Meses después de acabada la guerra el E.M. organizó unos cursos que se denominaron de «transformación» en las Academias de Zaragoza y Guadalajara en donde tras dos años de estudios (previo un examen de ingreso) convirtieron a los Provisionales en efectivos. El que esto escribe disfrutó de las dos Academias, Zaragoza y Guadalajara. Su primer destino como Teniente de carrera fue el estupendo Regimiento Teruel 48 en la Isla de Ibiza, en donde permaneció -casado ya con una ibicenca- hasta el año 1955 que es destinado a Regulares de Arcilla (Marruecos) en donde permanece hasta que el año 1958 se produce la entrega del Protectorado a Marruecos, y pasa al Regimiento de Montaña de Guarnición en San Sebastián.

Entonces se publica la Ley de Servicios Civiles y acogido a ella, en el año 1959 pasa a prestar servicios en la Delegación de Hacienda de Baleares y más tarde en el Ministerio de Información y Turismo -instrumento de un Fraga incansable- y regresa a Ibiza en donde hubo de apencar en serio porque me tocó intervenir en el formidable desarrollo turístico de la islas de Ibiza y Formentera, en donde sólo en los años 67 a 70 se construyeron unos 80 hoteles (me refiero a edificios de categoría, no a pensiones) y no lo debí hacer mal pues cuando se acercaba la jubilación el inolvidable presidente del Consell Insular, don Cosme Vidal (E.P.D.) me invitó a comer, con otros invitados y la prensa y me entregó una placa que dice: «Consell de Ibiza y Formentera a F.A.M. en reconocimiento a su eficaz y dilatada labor en pro del turismo en Ibiza y Formentera. -Ibiza, mayo 1986».

Esto está acabado: y sigo vivo. Termino con esta opinión de Salvador de Madariaga (primer español y premio Carlomagno en Aquisgrán): «Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936». Entonces ¿qué nos pasaba y sigue pasando a los españoles? Ortega dijo «yo sé lo que nos pasa a los españoles, lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa».

¿O acertó Machado, con la sombra de Caín y las dos Españas? Yo sólo veo una respuesta: Cristo (para toda Europa; la primigenia cristiandad).