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Marlene Dietrich amó en su juventud a un panadero

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A Marlene Dietrich le trajo de cabeza un panadero llamado Willy, de la ciudad alemana de Hannover, mucho antes de que sus pasos la orientaran hacia Hollywood. Así lo revela un pliego de ocho apasionadas cartas de amor, en las que la Dietrich, por entonces una veinteañera, reflejó no sólo sus temores a que él se fijara en otras, sino también su tendencia a meterse en arriesgados juegos de seducción. «¿Has encontrado a otras mujeres más hermosas? ¿Con más gracia?», le pregunta en una de esas misivas a su Willy, para después darle a entender que hay por ahí un caballero, concretamente un aristócrata, que la pretende. Unos días después, quizás no satisfecha con esas insinuaciones, comunica a su panadero que no sólo la buscan los hombres, sino que hay también una mujer que «dice que me ama» y a la que ha decidido acercarse «por curiosidad». Las cartas, datadas en los años 1921-22, permanecieron hasta ahora en poder de la viuda de ese panadero y serán subastadas el próximo 31 de marzo en Hannover. Los documentos se suman a otra serie de misivas recientemente aparecidas correspondientes a 1979, unos años después de perder a su esposo, Rudolf Sieber. Más de cincuenta años después de esos amores con el panadero —y con muchos sonados romances de por medio— la Dietrich expresaba en ellas su desesperación por la soledad. «Estoy completamente sola... ¿Hasta cuándo va a durar aún esto?», escribía entonces la diva, postrada en su cama de enferma en París, donde murió en 1992