Una mariposa que voló sobre el mar

George Emil PaladeEl médico y biólogo celular estadounidense de origen rumano George Emil Palade ha fallecido a los 96 años en su domicilio de San Diego (Estados Unidos). Había sido galardonado con el

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George Emil Palade

El médico y biólogo celular estadounidense de origen rumano George Emil Palade ha fallecido a los 96 años en su domicilio de San Diego (Estados Unidos). Había sido galardonado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1974 por sus descubrimientos de finas estructuras dentro de la célula y de sus funciones. Compartió el galardón con el biólogo celular estadounidense de origen belga Albert Claude y con el bioquímico y biólogo celular belga Christian René de Duve.

Durante la década de 1940 realizó importantes descubrimientos sobre el funcionamiento celular. Determinó que la mitocondria, el centro de producción de energía de la célula, producía una sustancia química denominada trifosfato de adenosina (ATP), que proporciona energía a las células. También demostró que en las estructuras llamadas ribosomas, compuestas de ácido ribonucleico (ARN) y proteínas, se produce la síntesis de proteínas y que el aparato de Golgi ordena y ayuda a transportar moléculas grandes dentro de la célula. Posteriormente demostró el modo en que la célula transporta material externo a su interior, o de dentro hacia fuera mediante vesículas o sacos que son capaces de fusionarse con la membrana exterior de la célula. Además, desarrolló métodos avanzados para aislar las estructuras de las células utilizando una centrifugadora (aparato que permite separar los componentes de la célula según su tamaño y densidad sometiéndolos a un proceso de rotación a altas velocidades, proceso que se conoce como centrifugación diferencial).

George E. Palade nació en Iasi, Rumania, el 19 de noviembre de 1912. Se licenció en Medicina por la Universidad de Bucarest en 1940. Un año más tarde fue nombrado profesor del Colegio Médico de la Universidad de Bucarest. En 1946 obtuvo una beca de dos años para estudiar en la Universidad de Nueva York. Poco después de llegar conoció a Albert Claude, por entonces en el Instituto Rockefeller (hoy Universidad Rockefeller) de Nueva York, quien invitó a Palade a trabajar en su laboratorio.

En 1952 el científico ahora desaparecido se nacionalizó estadounidense. Fue nombrado miembro asociado del Instituto Rockefeller en 1953 y profesor titular de Citología en 1956. Se incorporó a la Universidad de Yale en 1972 y se trasladó a la Universidad de California (San Diego) en 1990. En 1961 fue elegido miembro de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos.

En 1986, el entonces presidente Ronald Reagan le concedió la Medalla Nacional de la Ciencia por sus relevantes méritos científicos.

Gabriel Sabrafin Ripoll

El escritor, periodista y crítico Gabriel Sabrafin Ripoll ha fallecido en Palma de Mallorca, su ciudad natal a los 66 años. Fue autor de novelas y textos dramáticos y como periodista colaboró en el diario «Última hora», en los semanarios «La Hoja del Lunes» y «El Lunes», en la revista «Brisas» y en «Diari de Balears». También colaboró en radio. Pero Sabrafín era, sobre todo, un redactor cultural que conocía muy bien el mundo de la música clásica y el del teatro. También era gran conocedor de las costumbres y el folclore de las Islas en las que era un experto. Sus restos han sido incinerados en Palma.

Víctor Cueto-Felgueroso

Ha fallecido a los 84 años el empresario gijonés Víctor Cueto-Felgueroso González, perteneciente a una de las familias de mayor relevancia social de Gijón. Licenciado en Derecho, estuvo vinculado en las pasadas décadas a varias firmas y negocios. Sus restos han sido incinerados en Gijón, ciudad en la que nació y ha fallecido.

NATALIA JIMÉNEZ DE COSSÍO _ Pedagoga y pintora

Natalia ha muerto en Madrid. Hija de don Alberto Jiménez Fraud y de doña Natalia Cossío, era la última rama del árbol de la Pedagogía fundacional española. Su abuelo materno, don Manuel Bartolomé Cossío, el gran pedagogo, que con Giner se considera una de las figuras fundamentales de la Institución Libre de Enseñanza, es autor de un libro sobre el Greco, de cuya publicación se cumple un siglo en este año de 2008, sin haber perdido vigencia en sus interpretaciones renovadoras del pintor cretense. Don Alberto Jiménez Fraud, padre de Natalia, vino a fortalecer ese árbol pedagógico, al casar con doña Natalia Cossío, mujer de gran belleza, inteligente y culta.

Natalia no sabría decidir su preferencia en el amor y la admiración hacia sus padres, de tal modo que firmaba Natalia II, para no usurpar la eminencia de su madre. Tenía múltiples razones para ello. Cuando hace muchos años, recibieron ambas a sus amigos en una exposición de pintura presentada por la joven Natalia, en la sala del Ateneo de Madrid, tuve ocasión de conocerlas y de ser testigo de la fascinación que produjo doña Natalia en aquella fiesta social.

Don Alberto Jiménez Fraud, padre de Natalia, primer director de la Residencia de Estudiantes, era un educador humanista. Nacido en Málaga, la trascendencia de su magna obra educativa desarrollada en la Residencia, en la que se distinguió como un verdadero gentleman, fue interrumpida por la guerra civil. Don Alberto se trasladó con su familia a Oxford y posteriormente a Londres. Natalia, adolescente, salió de Madrid con un álbum iniciado en 1926, por Max Jacob, con su autorretrato, al que siguen páginas con autógrafos de Chesterton, Marinetti, Ève Curie, Alexandre Calder, Igior Strawinsky, Pío del Río Hortega, Keyserling, Falla, Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Salvador Dalí, Pío Baroja, Pérez de Ayala y un largo etcétera.

En las páginas de este álbum, que acompañó a Natalia en su larga vida, mantuvo apresado el paraíso perdido de su casa madrileña, en el recinto de la Residencia de Estudiantes. Los nombres que figuran en él, habitaron su mundo mágico. Los invocaba con frecuencia para monologar con ellos. Porque en su imaginación, aquel álbum era una caja de música en el que se repetía para ella, una y otra vez, el vals de los años dorados de la Residencia, cuando ella corría por los senderos bordeados de chopos y adelfas plantadas por Juan Ramón. Un día, a lo lejos, en el tercer pabellón, a la vuelta del Instituto Escuela, vio Natalia que se aproximaba su padre con un señor de aspecto muy distinguido. Entró en su casa y le dijo a su madre, alborozada: «¡Papá trae hoy a almorzar a Fred Astaire: bailaremos!». «No -le respondió doña Natalia-: a quien trae es a Ramón (Pérez de Ayala). Te divertirás».

Natalia procuró divertirse toda la vida. Era risueña por naturaleza y por un principio de buena educación. Nadie la habrá sorprendido jamás en un mal gesto. Su vida estuvo consagrada a la alegría de compartirla con su marido John Stucley, siempre rodeados de amigos y de familia. Y después de la muerte de John, se entregó a la difusión de la obra de su abuelo Cossío y de su padre.

En la primavera de 1990, de regreso de Oxford con Severo Ochoa, pasamos una semana en Londres. Todavía vivía Natalia en su luminosa casa de Chester Row, llena de libros, muebles de familia y abundante pintura propia, de su paleta. Después de recorrer museos, nos acogía en su casa con una mesa bien abastecida de los manjares preferidos por Ochoa. Las sobremesas eran largas y lentas como los atardeceres de Turner. Severo, por haberla conocida niña, la llamaba Natalita y en la conversación de ambos se advertía la ternura compartida con los recuerdos de don Alberto y doña Natalia, en el marco de la Residencia.

Algunos años después, Natalia se trasladó a vivir a Madrid. En su casa del barrio de Salamanca contrastaba más su talante británico. Y como si no hubiera ocurrido nada, continuó su actividad: exposiciones de su obra, nuevas ediciones de libros familiares, despacho de abundante correspondencia, viajes a Londres, Málaga y Betanzos. «Eres -le decía yo- como la mariposa que voló sobre el mar». Disfrutaba apasionadamente de la vida como si no hubiera dejado de ser joven.

Tengo la seguridad de que conservó intactos, en sus últimos momentos, los principios de su buena educación, que no le permitían quejarse del dolor, ni dejar de sonreír a los que la rodeaban.

Marino GÓMEZ-SANTOS

Guillermina González-Green Magro

La pintora Guillermina González-Green Magro, muy apreciada en la vida social sevillana, ha fallecido en Sevilla a los 65 años. Estudió Bellas Artes y hasta su jubilación fue profesora de Dibujo Artístico y Técnico. Entre sus obras sobresale el lienzo que cubre el techo de la habitación de Cayetana de Alba en el Palacio de Liria. Era hermana del popular periodista y aventurero especializado en vuelos de globo aerostático Jesús González-Green.

Casada con Jaime Toro Pérez de Guzmán tenía dos hijas, Guillermina y Carmen.