Maribel Verdú presentó ayer «Por amor al arte», obra que estrenará en agosto en Bilbao

Maribel Verdú: «He rechazado ofertas increíbles de Hollywood»

Por SILVIA CASTILLO
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Después de conquistar México y Estados Unidos con «Y tu mamá también», en la que seducía a dos adolescentes encarnados por Gael García Bernal y Diego Luna, y de ser la víctima de una tumultuosa relación con Jorge Sanz en «Tiempo de tormenta», Maribel Verdú vuelve al teatro. «Por amor al arte», de Neil Labute («En compañía de hombres», «Persiguiendo a Betty»), es el título con el que la actriz regresa a la tablas el 19 de agosto en Bilbao de la mano de Gerardo Vera -director, escenógrafo y autor de la adaptación- y de su marido, el productor Pedro Larrañaga. Tras pasar el verano de gira por España, la compañía llegará al Teatro Albéniz de Madrid el 17 de septiembre.

Ahora, la Verdú da vida a una joven estudiante de arte, una especie de mantis religiosa que decide enamorar, conquistar y reducir a su objeto de deseo a un hombre joven y tímido, al que interpreta Juan José Artero. Beatriz Santana y Pedro Alonso completan el reparto de esta «comedia ácida, caústica, irónica y a veces muy dolorosa, porque se dicen cosas muy bestias, sobre las relaciones amorosas. Mi personaje es el de una mujer manipuladora que consigue hacer cambiar a su pareja de forma radical. Sus amigos se van dando cuenta y no saben qué hacer...».

-¿En quién se va a inspirar para encarnar a esa mujer manipuladora, con tan mal genio?

-En mi imaginación, que tengo mucha. Y sacaré el mal genio de algún porito de mi piel, porque un poco de mal genio tenemos todos.

-¿Hay algo del personaje en Maribel Verdú?

-Que va. No tiene nada que ver conmigo, sobre todo, porque yo no me guardo nada y si tengo que decir algo lo digo, y ésta es muy calculadora y lo hace todo premeditadamente. Yo no sé hacer eso.

-Desde «Las amistades peligrosas» no había vuelto a pisar un escenario. ¿Cómo lleva la vuelta al teatro?

-Muy bien porque con el teatro es cuando descanso realmente, porque tengo todo el día libre, trabajo dos horas, cuatro el día que hay dos funciones y además me vuelve loca, yo necesito subirme ahí y sentir los nervios en el estómago. El cine me encanta porque también es lo mío, pero lo de las catorce horas y lo de las esperas... o son rodajes con amigos, donde sabes que te lo vas a pasar bien y hay un equipo estupendo, o si no, esas esperas tú sola y aburrida las llevas fatal.

-¿Cómo lleva lo de trabajar junto a su marido?

-En el escenario no trabajo con él, sino con mis chicos, los actores. El productor es una figura que apenas aparece, es el que menos se mete en el trabajo de los actores, pero tanto en cine como en teatro o en televisión.

-¿Aunque haya problemas?

-Sabemos llevar las cosas tan bien, sean problemas o no, que da lo mismo que trabajemos juntos.

-Después de cuatro años de casada parece tan feliz como el primer día, ¿cuál es el secreto?

-Quererse mucho y de verdad y tener mucha complicidad.

-¿Sigue sin sentir el deseo de ser madre?

-¿Por qué todo el mundo tiene que tener hijos? Dejadme a mí que no los tenga.

-Después de la película «Y tu mamá también» le han llovido importantes ofertas de Hollywood.

-Sí, pero aquí estoy. Se está mucho mejor aquí. Siempre que voy a hacer algo me pregunto, ¿me compensa o no? y en este caso, no me compensa estar alejada de la gente a la que quiero y de mi sitio. He rechazado cosas increíbles. Pero para que me mueva tiene que ser algo muy concreto, como cuando fui a hacer «Y tu mamá también», o una cosa que acabo de hacer con James Caan en Canadá («Jerico´s Mansion», aún pendiente de estreno), que fueron muy pocos días y muy divertido.

-¿Prefiere el cine español al americano?

-Me gusta el cine bueno venga de donde venga. El que me haga sentir, da igual que me haga llorar, reír, pasar miedo, con tal de que no me deje indiferente.

-En sus veinte años de profesión, ¿en qué ha cambiado?

-Espero haber aprendido cosas, haber evolucionado como actriz. También depende de los directores, los hay que saben sacarte lo que ni tú misma sabes que llevas dentro. Yo me entrego a ellos absolutamente y creo que he evolucionado, lógicamente, porque si no, sería terrible. Quizá también me he vuelto más selectiva, pero por calidad de vida, en el sentido de que cuando no tienes a nadie y llevas una vida loca, lo que quieres es trabajar y trabajar porque, en definitiva, no tienes vida. Pero cuando todo lo que te rodea te llena, lo que quieres es trabajar lo menos posible.