Javier Prieto

María de Medeiros: «Entre un director y un actor es importante poder ahorrarse palabras»

José Eduardo ARENAS
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El público español conoce a María de Medeiros tras su paso por la taquillera «Airbag», de Bajo Ulloa. Pero antes ya había intervenido en el cine español de la mano de Gonzalo Suárez en «El detective y la muerte» y con Bigas Luna en «Huevos de oro». Su carrera internacional lleva las firmas de Quentin Tarantino, Manoel de Oliveira, Istzvan Szabo o Philip Kaufman, entre otros. El año pasado, la actriz decidió que había llegado la hora de ponerse detrás de la cámara con una historia que llevaba rondándole en la cabeza durante 14 años: la Revolución de los Claveles, en abril de 1974. «Capitanes de abril» es el resultado. Medeiros vendrá a Madrid dentro de unos días para presentar la película, pero antes habló para ABC de su experiencia como directora, de sus vivencias en el mundo del cine.

—¿Cómo se siente una actriz joven como usted que ha intervenido en 54 películas?

—Supongo que me ha permitido aprender mucho sobre la profesión. La carrera de actriz ha sido mi escuela. No cabe duda de que la posición de un actor es privilegiada para observar y comunicar. Me encanta todo lo relativo a la producción de un filme, el origen de todo. El trabajo de equipo es apasionante. Todo el mundo depende de todo el mundo y tienen que complementarse durante unas semanas, aunque no se conozcan, para la consecución de una obra común.

—¿Le gusta la música como acompañamiento de una escena o prefiere utilizarla para subrayar algo que no ha quedado suficientemente resaltado?

—Depende mucho de la banda sonora y de la escena. He nacido dentro de la música, ya que mi padre es compositor, y ha hecho la banda sonora del filme. Pienso con referencias musicales. El cine es una de las actividades más musicales que existen, aunque carezca de ella. Las mismas imágenes y el montaje contienen una composición rítmica.

—Parece una persona suave, equilibrada y tranquila, imagen que luego rompe en la pantalla mostrándose enérgica y a veces compulsiva.

—En realidad soy una persona que necesita madurar mucho las cosas. Como tengo bastante trabajo, procuro que cada día haya una hora en la que pueda concentrarme en lo que deseo hacer. También cuento con la opinión de mi marido y del resto de la familia.

—¿Y si se le cruza Tarantino?

—En ningún momento me pareció un extraterrestre. Lo fascinante de mi profesión es poder confrontar distintas culturas con universos personales muy fuertes. Cuanto más fascinante es el universo interior de un director, más interesante resulta penetrarlo. Entre un director y un actor es importante poder ahorrarse palabras.

—Cuando trabajó con Javier Bardem en «Huevos de oro», ¿pensó que podía llegar a ser candidato al Oscar?

—No quiero parecer oportunista, pero desde que empecé a trabajar con él pensé: ese chico es extraordinario, es absolutamente especial. Tiene un talento natural. Su forma de trabajar es distinta, sufre mucho. Se entrega al mil por ciento a sus personajes. Para cada papel que interpreta escribe un libro sobre lo que opina. Toma notas, dibuja... Son apuntes apasionantes.

—¿No le parece demasiado arriesgado elegir un fragmento de la Historia de su propio país para debutar como directora?

—Es tan difícil poder hacer una película, que pensé que si lo conseguía tenía que empezar con algo difícil. En el teatro fue igual, la obra más compleja de mi carrera fue la primera. Sabía que tenía toda la energía de la juventud y suficiente fuerza para afrontar «Capitanes de abril».