Maravillosos guirisLos vikingos aman España

Jens Ulrich Pedersen aterrizó en nuestro país a comienzos de la década de los 90 y el flechazo fue instantáneo. De norte a sur, he aquí los rincones favoritos de este periodista danés

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Amo España. Amo sus playas, pero también su interior, su cultura, historia, gastronomía, sus fiestas, su gente amable (en general)… Pero no soy el único danés que siente esto mismo. España es, por goleada, el destino de vacaciones preferido de mis compaisanos. Durante 2017, casi 1,4 millones –cerca del 25 por 100 de la población danesa– vinieron a España al menos una vez. La mayoría en busca de sol y calor. ¿Se imaginan cerca de 12 millones de españoles que fueran a Dinamarca a ver a la Sirenita, el castillo de Hamlet, el Museo de Barcos Vikingos y a comer smorrebrod (tostas de pan con ahumados o patés)?

Hace más de mil años los vikingos visitaron España con otras intenciones. Vinieron a robar, tomar esclavos e intercambiar sus mercancías. Sin embargo, uno de los sitios que nunca pudieron conquistar fue Galicia. Y esa esquina verde y preciosa es, precisamente, uno de mis lugares preferidos para veranear.

He ido varias veces a un pueblo al fondo de la Ría de Arosa, que se llama Catoira. Según las crónicas locales, aquí los nativos se enfrentaron a los bárbaros del norte y les ganaron no una sino dos veces entre los siglos VIII y X. Es posible que los vikingos supieran de la tumba del apóstol Santiago y por eso intentaron llegar hasta Iria Flavia, donde estuvo enterrado antes de ser trasladado a la Catedral de Santiago. Pero el obispo local quería defender la tumba a toda costa y mandó construir las Torres de Oeste en Catoira, cuyas ruinas se pueden ver hoy día y donde se celebra la fiesta vikinga más divertida en el sur de Europa.

El primer domingo de agosto tres barcos vikingos, réplicas de barcos daneses y noruegos, llenos de «vikingos» locales, llegan por la ría y «atacan» el pueblo. La batalla dura poco porque los vikingos «tienen» que perder como lo hicieron hace más de mil años. Pero la fiesta que se llama «Romería Vikinga» es tan popular que reúne 50.000 personas, entre ellos yo y mi familia. Lo recomiendo a todo el mundo y he escrito varios reportajes sobre este evento en medios daneses y noruegos.

Otro de mis destinos preferidos está en el otro extremo de la península Ibérica. Es Tarifa, por su belleza y su luz, por sus fantásticas playas y sus chiringuitos. No soy aficionado al wind o al kitesurf. Pero para mí es un paraíso. El viento fuerte es a la vez amigo (para los surferos) y enemigo (porque los turistas de la Costa del Sol no arriesgan a ir allí). Aunque Tarifa reciba cada vez más turistas en verano, creo que ha conseguido preservar su originalidad y autenticidad. Y sus playas son unas joyas, por ejemplo la de Bolonia, al pie de Baelo Claudia, las ruinas romanas, donde fabricaron su amada salsa garum, hecha con restos de pescado y especias.

Solo dos ejemplos de la privilegiada diversidad de destinos que tiene España. Llegué a Madrid en 1991 y desde entonces he intentado informar a los daneses que España es sol, playa y mucho más.