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Mamá puede con todo

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TEXTO: MARTA BARROSO

¿Tiene, por fin, un minutito de su tiempo -o del de su marido, o del de sus hijos...- para leer el periódico? Un auténtico triunfo, ¿verdad? Ni usted misma sabe cómo lo ha conseguido. ¡¡En plenas vacaciones «resulta» que tiene un ratito para sentarse y saber qué pasa en el resto del mundo!! Pero seguro -casi seguro-, que su mente está en otro sitio. Por mucho que lo intenta, no consigue concentrarse. Es imposible. Porque, o mucho me equivoco, o cualquier madre y esposa de a pie que intenta leer el periódico un día cualquiera, en plenas vacaciones, tiene seguro a un niño pegado a la chepa o a un marido que le dice, le pregunta o le comenta algo relacionado, o bien con ese niño que tiene pegado a la chepa, o bien con cualquier otra cosa. No pueden vivir sin nosotras. Y que ninguna voz masculina ponga el grito en el cielo. A los hechos me remito. Pero vamos por partes. Porque en las vacaciones hay un antes, un durante y un después en la vida familiar que, si no se toma con un mucho de humor, un poco de calma y un bastante de voluntad puede ser catastrófico para el futuro de la familia.

Y como el tema da para mucho lo vamos a dividir en partes. Esta semana le toca el turno a la pareja; la semana que viene a los hijos. Y mientras tanto, a sobrevivir. Que no es tan difícil.

Femenino singular

«Cómo ser mujer y no morir en el intento». El título del famoso y divertido libro de Carmen Rico Godoy -con el que tantas y tantas mujeres se han identificado a lo largo y ancho de este mundo- es perfecto para arrancar este reportaje. En sólo nueve palabras se resume perfectamente el sentir de la gran mayoría de las integrantes del sexo femenino cuando ven que se acercan las vacaciones. Sí, así, como lo leen. Porque al ritmo trepidante que marca la vida se unen en esta época una serie de «extras» -sin saber muy bien por qué, impuestamente femeninos- que pueden convertir los días que vienen en una auténtica pesadilla. Desde la organización de las vacaciones, hasta la compra de la ropa de los niños, los uniformes del colegio (¿se los imagina a «ellos» haciendo esta tarea?), encargar los libros de texto del próximo curso, o tener todos los «gadgets» a punto (véase: raquetas, antimosquito, protector solar, vacunas si fuera necesario, juguetitos, deberes, entretenimientos, etcétera), que son imprescindibles antes de partir al lugar de destino. Estrés a tope y un momento en el que en la mente de cualquier mujer se suceden, inevitablemente, una serie de preguntas: ¿Me compensa esto? ¿Pero es que mi marido no puede hacer alguno de estos recaditos? No, no y no. No sea usted ingenua. Ellos no pueden. Siempre tienen un día horroroso, unas reuniones importantísimas, (las nuestras nunca alcanzan esta categoría) y al llegar a casa... sólo tienen tiempo para leer el periódico. Pobrecitos.

«El primer punto para evitar las discusiones es entender las diferencias que existen entre el hombre y la mujer y para ello hay que remontarse al principio de los tiempos», explica el doctor Jerónimo Saiz, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Alcalá. «El ser humano es una especie más dentro de la Naturaleza. Los machos de los animales que viven en libertad siempre han salido a cazar para buscar la comida, mientras que la función de toda hembra es la de tener crías y cuidarlas». Trasladado esto a la especie humana queda claro que el papel tradicional del padre ha sido el de trabajar fuera de casa (sigue sin hacerlo dentro, porque, según el primer estudio realizado en España sobre hábitos domésticos, menos del 20 por ciento de los hombres colabora en las labores del hogar) y el de la mujer ha sido siempre el de madre y cuidadora. En este papel se han mantenido hasta que el progreso y la justicia se imponen y se promueve un acceso de la mujer en igualdad con el hombre a distintos ámbitos de la vida. «Aquí comienza la raíz del problema -continúa el doctor Saiz-. La mujer se encuentra con una sociedad materialista, ajena a ella, donde para tener la igualdad de oportunidades con el hombre tiene que aprender a ser de otra manera (agresiva, competitiva...). Esto se contradice con su propia ideología, con el tipo de educación recibida y con una serie de estereotipos culturales que están ahí, un poco en el trasfondo. Hoy por hoy la mujer, trabaje o no, va a tener las responsabilidades en las cuestiones familiares. Sencillamente porque ella lo siente así». Ya lo saben.

Con el equipaje a cuestas

Sentadas las bases y aceptados todos los papeles del reparto habrá que empezar a tomarse las cosas con filosofía. Nos encargamos de todo, y punto. Bien, pues en ese «todo» se encuentra el que es, sin duda, el primer motivo de discusión del verano: las maletas. Histéricas, porque nos ponemos histéricas hay que reconocerlo, empezamos la ardua tarea de hacer el equipaje. Desde que empiezas, sabes perfectamente que vas a tener la primera movida. Todos los años, todos, cuando por fin has terminado (tu maleta, la de tu marido, la de los niños) y te sientas en la cama exhausta, aparece «él» y te suelta: «pero bueno, ¿dónde te crees que vas?» Tus instintos de asesina tienen que ser controlados. ¿Qué hago? ¿Tengo la bronca del verano, le miro y le sonrío con cierta ironía o ni siquiera le contesto?. «También puedes mandar las maletas por Seur -dice Jerónimo Saiz con una gran sonrisa-. Lo que pasa es que al llegar se descubre todo. No, en serio, yo creo que esta discusión es casi inevitable. Nosotros nos metemos con las mujeres en ese momento y luego es verdad que hay que llevar un montón de cosas. Lo ideal sería controlarse -tanto uno como otro-, aceptar que no hay solución y tratar de compartir el problema. ¿Para que enfadarse si todo va a seguir igual?» Pues va a ser que sí.

Sola en casa

Bien, una vez alcanzado el lugar de destino, cuando se encuentre sola en casa (porque su marido probablemente, «para no molestar», se ha llevado a los niños a la playa mientras usted organiza todo), tómese las cosas con calma. Y mientras deshace esa barbaridad de equipaje -porque para qué engañarnos, «ellos» también tienen razón, y seguro que es una barbaridad-, piense sólo en disfrutar de esos días de descanso. «Las vacaciones generan muchas expectativas después de un año duro de trabajo -indica el doctor Saiz-. Pero la realidad muchas veces, sobre todo para las mujeres, no es como se espera. Las mujeres cambian de obligaciones, pero siguen teniendo muchas, que no tienen por qué ser ni gratificantes ni satisfactorias. Hay que ayudarlas en las nuevas tareas, para que también puedan descansar, leer, hacer ejercicio o lo que sea. Es el primer paso para evitar las posibilidades de conflicto y de incomprensión en verano». Qué gusto da oírle, la verdad.

De sol a sol

Pero el problema de la convivencia llega. Veinticuatro horas al día en compañía con 40 grados a la sombra es difícil de sobrellevar. Sobre todo porque nadie está acostumbrado. De hecho, una de cada tres separaciones en España se produce a la vuelta de verano. Dime, dime, por qué. «Bueno esto es un dato -indica Jerónimo Saiz-. Pero yo creo que se produce más en las parejas que tienen auténticos problemas de fondo y que afloran estos días, porque la convivencia es más estrecha. Además el calor afecta muchísimo (está más que comprobado que provoca más violencia, más guerras, más ingresos psiquiátricos e, incluso, más suicidios) y normalmente se pasa a vivir a un espacio más reducido, sin aire acondicionado, con problemas domésticos que no suele tener en casa, vecinos que gritan, etcétera. Y todo esto suele poner a la gente muy nerviosa. Para que se hagan una idea una de las pruebas que hacemos en psiquiatría es meter a muchos ratones en un espacio muy reducido. No se imagina la agresividad que provoca».

Pues sí. Nos lo imaginamos. Pero como no queremos formar parte, ni muchísimo menos, de ese porcentaje de parejas que se separan, ¿qué hacemos, doctor?

«Cosas tan básicas como tratar de cambiar un poco cada uno; no chocar siempre en los mismos temas, ceder; saber escuchar, intentar ponerse en el lugar de otro y aprender a tener momentos de intimidad». Queda dicho.

Las vacaciones no son tan idílicas como las pintan. Los preparativos para el viaje, las maletas y los niños aderezan

un periodo que tradicionalmente se asocia con el descanso y el ocio. ¿Tarea imposible? No para ellas