Luc Boutria/Nice Matin

Los Macron: vacaciones con «látigos» y guantes de boxeo

Emmanuel Macron pasa sus vacaciones con guantes de boxeo y un «látigo», mientras su esposa Brigitte está encantada con sus funciones de oficial de guardia en el Fuerte de Brégançon, no lejos de la frontera española

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Días antes de comenzar sus vacaciones, a finales de julio, el presidente de la República reunió a sus ministros para darles estas consignas: «Nos espera un otoño difícil y complicado. Os aconsejo practicar durante las vacaciones algún deporte de combate, para estar preparados a las emergencias de los meses que vienen».

Macron pone en práctica sus propios consejos de manera muy minuciosa: practicando el boxeo, en sus diversas modalidades, considerado como un «deporte de combate». El presidente también juega al tenis y hace «jogging». Pero nada como el boxeo para mantener la forma de un luchador solitario. A puñetazos. Con limpieza, pero con guantes de boxeador.

La moda de practicar el boxeo en los palacios de la República fue, en su día, cosa de Manuel Valls, en su etapa de primer ministro de François Hollande. Fue Valls quien hizo instalar una sala de boxeo en el Palacio de Matignon, residencia oficial de los primeros ministros y jefes de gobierno de Francia.

Cuando Macron nombró a Édouard Philippe primer ministro, el mes de mayo de 2017, el nuevo jefe de gobierno se encontró ya dispuesta una sala de boxeo que convenía perfectamente a sus inclinaciones propias. No está claro si fue Valls o Philippe quién «descubrió» las virtudes del boxeo deportivo a Emmanuel Mac. En cualquier caso, el presidente comenzó a practicar en el Elíseo con alguno de sus guardaespaldas. Cuando los sondeos continúan confirmando que un 75 por ciento de los franceses tienen mala o muy mala opinión de su presidente, Macron está convencido que la practica del boxeo, varias veces por semanas, mantiene muy alta su «moral de combate».

Moral temible para su equipo, en el Elíseo y en el Fuerte de Brégançon: Macron comienza a dar órdenes de todo tipo poco después de las siete de la mañana; y continúa dándolas hasta después de las diez de la noche.

Fuerte de Brégançon
Fuerte de Brégançon

Órdenes de gran urgencia, a toda hora. Preparar la celebración del 75 aniversario del Desembarco aliado, en las playas donde el presidente y su esposa pasan las vacaciones. Preparar su cumbre personal con Vladimir Putin, días más tarde. Preparar el G7 de Biarritz, del 24 al 26 de este mismo mes de agosto. Preparar un rosario de charletas telefónicas con medio mundo. «Al teléfono, desde las siete de la mañana, Macron manda con un «látigo» verbal tan amable como implacable», comenta un miembro del equipo, agregando: «Lleva a mal traer a todo el gobierno, que no han conseguido `desenganchar´ completamente, espoleados por el `látigo´ veraniego del presidente».

Mientras el presidente se «distrae» con las ocurrencias propias de su función, utilizando el «látigo telefónico», para dar «guerra», «marcha» y órdenes, a toda hora, Brigitte Macron está al frente de la intendencia no solo gastronómica del Fuerte de Brégançon. Es ella quien se ocupa personalmente de la agenda presidencial y matrimonial, con la eficacia de un oficial de guardia, de servicio, noche y día.

El Fuerte de Brégançon encaja perfectamente con las necesidades íntimas, familiares y profesionales de la pareja presidencial.

Los hijos de la esposa del presidente, fruto de su primer matrimonio, con un banquero de provincias, pueden hacer visitas muy discretas. Los Macron pueden practicar sus deportes favoritos (jogging, ski náutico, boxeo) sin ser molestados por la «canalla» fotográfica, que corre el riesgo de la persecución militar y judicial, si alguien intentase «robar» fotos «íntimas». Las idas y venidas publicitarias pueden montarse con la más eficaz «discreción».

Los profesionales de la fotografía rosa bombón o rosa pasión saben desde la llegada de los Macron al Elíseo que cualquier foto “robada” será perseguida judicialmente. Sentado ese principio básico, el presidente y su esposa montan su propia «comunicación» con una agencia especializada, dirigida por Michèle Marchand, Mimí, para los amigos, antigua peluquera reconvertida en el fabuloso negocio de las fotos de famosos y menos famosos.

Mimí Marchand comenzó siendo algo así como consejera de los Macron, durante la victoriosa campaña presidencial de 2017. Luego, se instaló en el Elíseo, con funciones oficiosas a geometría variable. Hay un acuerdo tácito entre Mimí y los Macron: toda la cobertura «íntima» de la pareja presidencial está reservada en exclusiva a los fotógrafos de Bestimage, la agencia de Mimí. Todas las partes salen ganando: los Macron «venden» su imagen oficial «sencillita pero mona», «glamour moderno», etcétera. Y Mimí tiene en el Elíseo una sólida fuente de ingresos. Todo se negocia entre mujeres. Mimí y Brigitte Macron fijan los horarios de las idas y venidas del presidente, solo o acompañados, ofreciendo la imagen de un jefe de Estado «joven, sencillo, moderno». Imagen que todas las partes intentan vender con éxito. Mimí Marchand vende las fotos con facilidad. El presidente espera terminar saliendo del hoyo de los sondeos desafortunados. Veremos.