Luto en las artes argentinas

Argentina está de luto. Tres muertes, de tres hombres completamente distintos, sacuden al país. José Ignacio García Hamilton, historiador y diputado por la Unión Cívica Radical (UCR) falleció a los 65

Actualizado:

Argentina está de luto. Tres muertes, de tres hombres completamente distintos, sacuden al país. José Ignacio García Hamilton, historiador y diputado por la Unión Cívica Radical (UCR) falleció a los 65 años tras perder la batalla contra el cáncer. Fernando Peña, artista audaz, impertinente, lleno de ocurrencias y talento, fue vencido por la misma enfermedad, que contó con la ayuda del sida. También falleció el guionista y cineasta Alejandro Doria. En su caso, con 72 años, una neumonía crónica puso fin al autor de «Esperando la carroza» (1985), «Cien veces no debo» (1990) o «Las manos» (2006).

García Hamilton deja sin publicar un libro terminado sobre Juan Domingo Perón. Periodista y abogado sentía un rechazo visceral al peronismo. A su juicio, causante de los principales males de Argentina. Enamorado de la historia y de los hechos contrastados, su biografía sobre San Martín, «Don José» (2000), vendió decenas de miles de ejemplares en Argentina y reabrió el debate sobre el prócer argentino, hasta ese momento un intocable. Autor de la obra de teatro «Azúcar y estudiantes», el ensayo «Los orígenes de nuestra cultura autoritaria (e improductiva)», la biografía novelada de Juan Bautista Alberdi y, entre otros, un relato puntual sobre la vida de Domingo Faustino Sarmiento, en España se dio a conocer con «El autoritarismo hispanoamericano y la improductividad». Fundador del diario «El Pueblo» en 1972, Ignacio García Hamilton, nacido en la provincia de Tucumán, casado y con seis hijos, era un hombre de consulta imprescindible para los análisis periodísticos. Sus restos se velan en el Congreso.

Fernando Peña era el polo opuesto a García Hamilton, por profesión y por carácter. Irreverente, bromista, cómico de sabor ácido, saltó a la fama con imitaciones de personajes femeninos y parodias. Debutó con el de Milagritos López, una azafata cubana y se consagró con el de un diputado al que bautizó maliciosamente Orestes Porelorti. Con los años -tenía 46-, evolucionó a actor de teatro, nudista del escenario, locutor de radio y columnista de prensa en el diario «Crítica». Sin pudor para ofender, el dardo en la palabra hiriente era el común denominador de sus intervenciones cuando hablaba de política. Entre sus últimas víctimas figuraba Cristina Fernández de Kirchner a quien retrató de «dopada, histérica, inquieta» y «marioneta» de ese «flaco garabato» refiriéndose a su marido, el ex presidente Néstor Kirchner. Crudo con los demás y consigo mismo Peña se definió: «No soy gay, soy un puto sufrido». Su última voluntad fue que le velaran con una botella de whisky y música de salsa de fondo. Esta mañana se cumplía en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires.

Tras conocerse la muerte de Alejandro Doria, la crónica de difuntos se volvía un fundido en negro en Argentina. Sólo faltaba sumar la defunción de Oscar Ferreira, actor de 63 años, que hizo historia por sus papeles de malo en la televisión y el cine. A estas horas, los cuatro fallecidos, tan distintos y tan iguales, irán de la mano por el mismo camino.

Carmen DE CARLOS