AFP

La lucha contra el cáncer de «la rosa del desierto»

Asma Al Assad cumplirá 43 años mañana, en una jornada que pasará en el hospital militar donde recibe tratamiento

JerusalénActualizado:

«Con resaltante fuerza, confianza y fidelidad, la señora Asma Al Assad comenzó la fase de tratamiento inicial de un tumor maligno en la mama que fue descubierto temprano», estas fueron las primeras líneas del comunicado oficial difundido por la presidencia de Siria para informar del estado de salud de la primera dama, cuya enfermedad «se ha detectado tempranamente» y quien recibe atención médica en «un hospital militar de Damasco».

El texto llegó acompañado de una foto de Asma con su esposo, el presidente del país, Bashar Al Assad, en la habitación del centro médico donde recibe tratamiento. Se miran. Comparten una sonrisa de circunstancias, como lo haría cualquier otra pareja del mundo en la misma situación.

Noticia inusual

Este tipo de noticias no son nada habituales en una parte del mundo en la que las enfermedades de los altos dirigentes son una especie de tabú, como lo es todo lo que rodea a la vida privada de familias todopoderosas como la de Assad. Nacida y criada en el Reino Unido, Asma conoció a Bashar en Londres, a donde el futuro presidente viajó en 1992 para completar su especialización en Oftalmología. Sus estudios en el extranjero apenas duraron dos años, ya que en 1994 su hermano Basel, que estaba llamado a suceder en el poder al padre, Hafez, falleció en un accidente de tráfico y tuvo que regresar de urgencia a Damasco para completar su formación como futuro heredero.

El 10 de junio de 2000 su padre moría y los servicios de seguridad, el Ejército y el partido Baaz vieron en él a la persona perfecta para garantizar la estabilidad. Un mes después de enterrar a Hafez Al Assad, creador de la Siria moderna, Bashar se convertía en presidente y a su lado estaba Asma, con quien contrajo matrimonio ese mismo año 2000.

La pareja ofrecía una apariencia occidental y reformista que cautivó a la opinión pública y a las revistas del corazón. Gozaban de muy buena prensa y realizaron viajes oficiales por Europa… pero toda esta imagen se vino abajo en 2011 con el estallido de la «Primavera árabe». Cuando los primeros manifestantes se echaron a las calles de Siria, la respuesta de Assad fue contundente ante la petición de cambios y apertura por parte de la población. Desde entonces la guerra en Siria deja más de 500.000 muertos y millones de refugiados y desplazados.

El ocaso de la primera dama

La que fuera apodada como «rosa del desierto» en un artículo publicado en la revista «Vogue» en marzo de 2011, en el que se le presentaba como «la más refrescante y magnética de entre todas las primeras damas», se ha mantenido en los últimos siete años en un segundo plano informativo. En raras ocasiones aparecían imágenes suyas y solo se le ha visto realizando alguna visitas a colegios u hospitales o en compañía de su marido en algún encuentro con víctimas de la guerra. Nada que ver con aquella Asma políglota (habla inglés, francés y árabe) y siempre a la última moda, que seguía los pasos de Rania de Jordania y llenaba con su glamur páginas y páginas de «Vogue», «Elle» o «Paris Match». El ocaso de su estrella se aceleró en 2012, cuando la Unión Europea le incluyó en su lista negra por su responsabilidad en la represión que sufría la oposición siria en las calles.

Apoyo sin fisuras

Bashar y Asma tienen tres hijos: Hafez, Zen y Karim. La primera dama renunció a un futuro como ejecutiva de banca para unir su destino al del presidente de Siria, al que ha respaldado de manera firme y decidida desde el inicio de la contienda, porque, dice, «el presidente es presidente de Siria, no de una parte de Siria, y yo como primera da le apoyo en ese papel». La antaño conocida como «rosa del desierto» cumplirá 43 años mañana, un día que lo pasará en el hospital militar donde se está sometiendo a un tratamiento de quimioterapia para combatir el cáncer.