La lealtad como bandera

JOSÉ RAMÓN GAVILÁN Y PONCE DE LEÓNEl pasado día 19, uno antes de su cumpleaños, fallecía en Madrid, más que nonagenario, el Teniente General José Ramón Gavilán y Ponce de León, gloria del Ejército del

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JOSÉ RAMÓN GAVILÁN Y PONCE DE LEÓN

El pasado día 19, uno antes de su cumpleaños, fallecía en Madrid, más que nonagenario, el Teniente General José Ramón Gavilán y Ponce de León, gloria del Ejército del Aire en particular y de la milicia en general.

Pertenecía a una familia en la que la idea de servicio y lealtad se recibía con la leche materna. Su padre, militar y de caballería, la madre de distinguida estirpe burgalesa, castellano por los cuatro costados, no podía desmentir esos orígenes.

Y los tiempos revueltos que le tocaron vivir le obligaron bien pronto a tener que demostrarlo.

La disolución de la Academia general de Zaragoza truncó sus ansias de servir a España, como su padre y hermano, con el uniforme del ejército, así que inició sus estudios universitarios en Madrid.

En 1933 estuvo presente en el mitin de la Comedia y, sin dudarlo, se afilió a Falange para convertirse en un miembro activo en tiempos en que la simple pasividad ya era peligrosa; conoció la cárcel Modelo, en la que acompañó a José Antonio Primo de Rivera, y cuando se produjo el alzamiento del ejército, en 1936, sirvió de enlace entre la guarnición de Burgos y el General Mola en Pamplona, colaborando activamente con su padre, el Teniente Coronel Marcelino Gavilán.

Sus primeras experiencia bélicas tuvieron lugar en Somosierra, donde ganó una medalla militar colectiva. Fue uno de los componentes del comando escogido para rescatar a José Antonio de la cárcel de Alicante, arriesgadísima operación que quedó abortada cuando la escuadra republicana pasó del Atlántico al Mediterráneo.

Tras un curso relámpago para Alférez provisional, de los que pudo decirse: «Un ser que nace, crece, se estampilla y muere», pues de los 30.000 oficiales provisionales, más de 4.000 murieron durante la guerra, fue destinado a la Ciudad Universitaria, un frente durísimo en el que consiguió la laureada colectiva.

En 1937 consigue su ilusión de ingresar en la aviación que se estaba formando y que será el amor de su vida. Al finalizar la contienda había realizado 250 servicios de guerra como tripulante bombardero.

El 6 de agosto de 1940 recibió el título de piloto con calificación de «apto para la caza» en el recientemente establecido Ministerio del Aire. El amor por la aviación se convertía en matrimonio.

La invasión alemana de Rusia y la prometida ayuda española a esa campaña brindará a Gavilán la posibilidad de demostrar su capacidad y preparación en la novísima arma. Forma parte de la Escuadrilla azul desde octubre del 41 hasta julio del 43, realizando 73 servicios de guerra y pudiendo enorgullecerse de haber obtenido 9 victorias. El general Ritter von Greim le impuso la Cruz de Hierro y el Ejército del Aire le premió con la medalla militar5 colectiva y un avance en la escala por méritos de guerra. El informe destaca: «Por sus cualidades para el mando, está llamado a ser uno de los futuros valores del arma». Palabras proféticas.

Es profesor en la recién establecida Academia General del Aire, luego en la Escuela Superior de Vuelos, y finalmente jefe de la Escuela de Polimotores en Jerez de la Frontera, donde conoce a la que va a ser su esposa, Consuelo Moreno Herrera, hija de los condes de los Andes, que será guía y apoyo a lo largo de su carrera. El 12 de mayo de 1955, están en el presbiterio dos lealtades distintas, la de José Ramón al cabeza del Ejército y Jefe del Estado, y la de su suegro, último jefe de la Casa de Alfonso XIII y representante del Conde de Barcelona, a la dinastía que ha forjado España.

Creador de la Escuela de Reactores en Talavera la Real, quizás su obra maestra, agregado en la Embajada española de Roma, recibe el mando de la Escuela de Caza número 1 de Manises.

En 1968 es el primer alférez provisional que alcanza el generalato y en el año 1972 le sorprende con su nombramiento como segundo jefe de la Casa Militar del Generalísimo. Tres años claves que José Ramón vivió en vanguardia de la historia, en los que su sentido del deber y de la lealtad alcanzaron pleno sentido pues estaba sirviendo a quien para él los encarnaba.

Tras ascender a Teniente General en 1977, acabó su vida activa como jefe del Mando de Combate y de la Primera Región Aérea.

El domingo 20 de septiembre, en un juego recíproco de lealtades, la duquesa de Franco asistía con emoción al entierro de quien había sido firme apoyo de su padre.

El marqués de LAULA