Julio Iglesias: Debut apoteósico en Valladolid y despedida en España

VALLADOLID. La «rentrée» musical de Julio Iglesias en Valladolid durante las Fiestas de San Lorenzo, que empiezan hoy, tuvo lugar anoche teniendo como fondo el Estadio José Zorrilla. Cinco años sin

JOSÉ EDUARDO ARENAS
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VALLADOLID. La «rentrée» musical de Julio Iglesias en Valladolid durante las Fiestas de San Lorenzo, que empiezan hoy, tuvo lugar anoche teniendo como fondo el Estadio José Zorrilla. Cinco años sin actuar en España es mucho tiempo, como para que no haya novedades y evolución, aunque se tenga tras de sí 40 años de experiencia. Una puesta en escena elegante y un repertorio de 30 temas, más las consiguientes repeticiones y bises finales, compusieron una oferta especial para que el público acogiera al cantante con grandes aplausos cuando interpretó «Quijote», como primer tema. Su presencia en el escenario es cautivadora, como se le exige a un crooner ya clásico, que pasea sus shows por cualquier confín del mundo interpretando sus temas en distintos idiomas, pero en lo que nunca faltan temas originales en español.

La elección de esta ciudad ha venido determinada por la relación personal que el cantante mantiene con Alejandro Fernández, fundador del Grupo Pesquera, uno de los más destacados contribuyentes al prestigio de que los vinos castellano y leoneses disfrutan en todo el mundo.

Buena parte de la clase política de la capital castellano y leonesa, con el añadido de personajes de lujo como la Infanta Margarita, salpicaban un estadio prácticamente completo de admiradores que cantaban al unísono canciones que se fueron hilvanando, del tipo «Ni te tengo, ni te olvido», «Natalie», «La gota fría», un «Ae Ao» -marca de la casa-; «Un canto a Galicia» o «Vuela alto», para pasar a un «All of you» y romper la intimidad al son de «La cumpartista»...

Un hervidero de personas, una amalgama de voces, gritos, al compás de la virtuosa y nueva banda que desde el escenario desgranaba los temas más conocidos de Iglesias. Una hermosa liturgia entre público y cantante: «Divorcio», «Manuela», «La carretera», «Frágile».

Con «Caruso» la mágica y melancolía se adueñan del cantante. Fue el momento en el que declaró su admiración y respetó por el irremplazable Luciano Pavarotti y recordó que en cierta ocasión el tenor le pidió su avión porque había perdido una conexión aérea. Julio recordó que lo puso a su disposición no sin antes tener que instalar un asiento más grande en el que pudiese sentarse.

Miguel, Rodrigo y las gemelas Victoria y Cristina, están junto a su madre viendo cantar a su padre por primera vez. Los ojos muy abiertos y sin perder un detalle, con una expresión que, según Julio, suele ir acompañada de un «¡ay, mi madre!» al ver algo nuevo para ellos.

Al final, como sucede con los grandes artistas, aparecen en el camerino del que salieron dos horas antes. No son los mismos. Si han deleitado a más de 15.000 personas, tiene algo de otra dimensión. Y en ese momento, no lo duden, lo son.