Juliana Awada y Doña Letizia
Juliana Awada y Doña Letizia - AFP

Juliana Awada y Doña Letizia, más allá de un duelo de estilo

Los Macri serán los anfitriones de los Reyes de España, quienes visitan Argentina los próximos días

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

«No los dejemos atrás. Con una intervención y estimulación temprana, una educación inclusiva y un acompañamiento en la inserción laboral, van a poder aprender, desarrollarse y armar el proyecto de vida que elijan con libertad». Este fragmento pertenece al texto escrito por Juliana Awada (44 años) en el Día del Síndrome de Down. La primera dama argentina lo ilustró, en su cuenta de Instagram, con el logo del corazón rojo atravesado por dos pares de manos (amarillas y azules).

Joven, guapa y, aunque pueda no parecerlo, poderosa, la mujer del presidente de Argentina ha demostrado, en estos casi cuatro años de «consorte», que además de ser una cara bonita, es una mujer con sensibilidad, dispuesta a trabajar en todas las causas que sirvan para mejorar la vida de los otros.

«La hechicera», como la bautizó Mauricio Macri (60) en un intento de explicar el embrujo o poder de seducción que ejerce en él, se apunta a aquellas actividades o propuestas donde puede aportar su dosis de serenidad e impulso para mejorar el día a día de las personas más vulnerables o de aquellas que necesitan un empujoncito para seguir con entusiasmo. Lo hace por la Liga Femenina de Básquetbol, « una herramienta por la igualdad de mujeres y varones en competencias y entrenamientos», en palabras suyas. Se pone, sin estridencias, en primera línea en el Día de la Mujer y visita hogares de protección a maltratadas para «acompañarlas y darles las herramientas para que puedan salir adelante de esa difícil e injusta situación».

«La turca», como se refieren a ella en otros círculos por sus orígenes sirios -su madre- y libaneses -su padre- bajo su apariencia delicada, es una madre fuerte -tiene dos hijas, Valentina Barbier, de una relación anterior, y Antonia Macri, la debilidad del presidente-, con conciencia social y preocupación por las jóvenes que se convierten en madres cuando aún son niñas. En Argentina, «7 de cada 10 embarazos no son intencionados», recordaba recientemente al mencionar el Plan ENIA donde acompañantes pedagógicos y consejeros «brindan información y consejería a los adolescentes sobre su salud sexual y reproductiva».

«Ju», para sus íntimos, se desenvuelve con la misma naturalidad en el barro del infortunio social que entre alfombras persas y terciopelos palaciegos. Con la Reina Margarita de Dinamarca -de visita esta semana pasada en Buenos Aires- se la vio con su eterna sonrisa, cumpliendo con sus obligaciones de primera dama. Con los Reyes de los Países Bajos, y en especial con Máxima, mantiene algo más que un vínculo de protocolo o, dicho de otro modo, son amigas.

Viaje de dos días

En el 2017, durante la primera visita de Estado de Mauricio Macri a España, de la que el matrimonio volvió pletórico, protagonizó con la Reina Letizia una competencia involuntaria (para las dos) por el desfile de modelos. La prensa, a un lado y otro del Atlántico, insistió hasta el hartazgo en comparar estilos, vestidos, trajes, conjuntos, figuras, peinados y modos hasta de caminar -el tema zapatos fue capítulo aparte-. Esos episodios, previsiblemente, se repetirán los próximos días 25 y 26 de marzo, cuando los Reyes aterricen en Argentina, en su primera visita de Estado.

Buenos Aires y Córdoba, con una escala en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, tendrán a Don Felipe y a Doña Letizia, como invitados. Los anfitriones, Mauricio Macri y Juliana Awada prometen, como suelen hacer con los jefes de Estado y presidentes que les visitan, tratarles como se merecen, como Reyes.