Los hijos del hombre que manejaba la vida oculta en Marbella
Los hijos del hombre que manejaba la vida oculta en Marbella - JOSELE LANZA

Judah Binstock, el todopoderoso «fantasma» que compró Marbella

El magnate ha muerto en La Magnolia, la mansión donde se gestaron sus oscuros negocios

MARBELLAActualizado:

Era como un espectro. Los datos sobre su vida se difuminan entre rumores. Pero su poder se deja notar hasta después de muerto. Falleció el viernes de la semana pasada, dejando la impronta de ser uno de los dueños de «la vida oculta» de Marbella. Según confirman a ABC fuentes de su entorno, un accidente doméstico en La Magnolia, su mansión en la zona noble de la lujosa urbanización Sierra Blanca, acabó con la vida de Judah Binstock. «Era una casa muy grande y muy complicada, con un gran hueco en la escalera», recuerdan algunos de los que la visitaron en las fiestas que daba su mujer, Jossie Binstock, una bella vietnamita que manejaba las celebraciones privadas de sociètè de la ciudad, donde se decide buena parte del futuro de la misma. En La Magnolia se dieron cita ministros, grandes empresarios, presidentes de bancos, inversores internacionales y, durante mucho tiempo, algunos de los nombres que nutren las listas de encarcelados por el caso Malaya.

Este empresario británico de origen judío era el mayor propietario de suelo de la ciudad. «No sabemos exactamente cuánto tenía porque no hemos visto las escrituras, pero era uno de los grandes dueños de terrenos de Marbella», aseguran en el Ayuntamiento. La estimación es que poseía más de un millón de metros cuadrados repartidos principalmente en cinco terrenos, aunque hay quien estima que su extenso patrimonio llega a los 2,5 millones de metros cuadrados. «Donde más volumen tenía era en la zona de La Cañada, hasta el cementerio», remarcan fuentes cercanas a la familia en relación a La Serranía, que con 750.000 metros cuadrados era la más importante de sus propiedades.

Según datos confirmados, muchas de las parcelas están puestas ahora en venta por parte de sus tres hijos (Jossie Anne, Leslie y Jonathan), resultantes de dos matrimonios diferentes, que habrían querido deshacerse de algunas de las mejores plazas de Marbella para construir tras los problemas urbanísticos de la ciudad con la anulación del PGOU de 2010 el año pasado. «No se puede dar ahora mucha información sobre las propiedades, porque eso entrará dentro de los repartos de la herencia», recuerdan fuentes municipales.

Las grandes fiestas

Binstock tenía 88 años y era una de esas figuras «oscuras» de Marbella. «Era gris y muy discreto. En las fiestas que hacía su mujer nunca estaba», recuerdan testigos de esas celebraciones. Mantenía «un perfil muy bajo» a pesar del imperio que poseía con negocios por medio mundo.

Un personaje inaccesible que llegó en los años 80 y entabló relaciones con todo el que tenía poder de decisión sobre algún detalle en la ciudad, convertida en la joya del Mediterráneo. Entre sus «amigos», según fuentes consultadas, estaban desde la plana mayor del GIL, con Juan Antonio Roca a la cabeza, a importantes políticos andaluces como Gaspar Zarrías, pasando por algunos de los más oscuros personajes marbellíes, como el traficante de armas Monzer Al Kassar o los familiares del dictador libio Gadafi. Poderoso, coleccionista de arte y hermético. La mayoría de lo que se sabe de su vida son rumores y leyendas sin confirmar. La gente no le conocía y los pocos que lo conseguían, cuando le preguntaban algunos datos de su vida, siempre contestaba en francés que eran «leyendas».

Nadie sabía nada, pero todo el mundo notaba su poder. Incluso después de muerto las fuentes prefieren no revelar sus nombres. «Los políticos le temíamos más que a una vara verde», remarcan algunos concejales consultados, que explican que era «un hombre peligroso», sobre todo cuando «proponía negocios». En su historial se citan problemas con Scotland Yard por investigaciones sobre posibles delitos fiscales y estafa en la gestión de algunos casinos y carreras de caballos. Ese hecho se apunta como causa de su desembarco en Marbella, pero todo es una densa bruma. «Es como perseguir a un fantasma», recuerda todo el que le investigó. Sus principales relaciones al llegar a Marbella fueron con miembros del GIL. Está documentada una «estrecha colaboración» con Juan Antonio Roca, durante los años de este en la Gerencia de Urbanismo, o también con el empresario granadino condenado por Malaya José Ávila Rojas, promotor inmobiliario en algunas de sus inversiones.

«Intocable» y en la sombra

Carmen Revilla, concejala condenada por el saqueo de Marbella, reveló en una declaración que Binstock y Roca promovieron la moción de censura contra Julián Muñoz, cuando era alcalde. Los datos revelados por la exedil hablan de sobornos a compañeros de hasta 375.000 euros. Pero en una segunda declaración Revilla se desdijo. Binstock ni siquiera fue llamado a declarar como testigo en las investigaciones. «Era intocable», recuerdan algunos políticos de la época, que señala a aquel golpe de mando como una muestra de su poder e influencia.

Binstock se marchó de la ciudad justo cuando se produjeron las detenciones por corrupción de 2006. Al igual que en los ochenta con Scotland Yard, ya no estaba cuando la policía husmeó. No se sabe dónde se refugió exactamente, sólo que estaba en una de sus propiedades repartidas por el mundo. El empresario estuvo fuera de «La Magnolia» en un período en el que se le situó en un lujoso piso en París y también en Buenos Aires, donde tenía inversiones importantes. «Los que saben quién era no pueden hablar porque están en la cárcel o fugados, como Carlos Fernández, a quien dicen que ayudó a huir», remarca uno de los políticos de Marbella consultados.

Se descubrió en su 80 cumpleaños en una imponente fiesta, organizada por su mujer en La Magnolia ante 500 invitados. Era su regreso a la ciudad que llegó a manejar. Era 2008 y las aguas de la corrupción se habían calmado. Paseó por el jardín de la mansión saludando a los invitados bajo una dura advertencia a los fotógrafos si tomaban alguna imagen de su rostro. Sólo una foto borrosa, tomada con un móvil, es la única instantánea del poderoso fantasma octogenario que, según las crónicas sociales, tuvo invitados aquella noche como Gunilla von Bismark o la baronesa Carmen Thyssen.