John F. Kennedy Jr. y su mujer Carolyn Bessette en una gala en marzo de 1997
John F. Kennedy Jr. y su mujer Carolyn Bessette en una gala en marzo de 1997 - REUTERS

John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessett, el fin de la realeza estadounidense

Se cumplen veinte años del accidente de avión que ahondó la tragedia de los Kennedy, la gran dinastía política de EE.UU.

CORRESPONSAL EN NUEVA YORKActualizado:

Él no quería, pero John Fitzgerald Kennedy Jr. se convirtió en el «príncipe» americano el día de su tercer cumpleaños, el 25 de noviembre de 1963. Lo fue desde que se cuadró ese día delante del féretro de su padre, asesinado tres días antes, un paso por delante de su madre, cubierta con un velo negro, y de su hermana, que lleva el mismo abrigo azul que quedó para la historia. El hijo de JFK se convirtió con el tiempo en la esperanza de una dinastía maldita: pocos años después de la muerte de su padre, su tío, Robert Kennedy, que apuntaba a la presidencia, corrió la misma suerte. Otro hermano de su padre, Joseph Jr. falleció antes, en la Segunda Guerra Mundial.

John Jr. no cambió la suerte de su familia, solo ahondó la maldición: ahora se cumplen veinte años de su muerte, en una avioneta que se estrelló cerca de Martha’s Vineyard, la isla de Massachussetts donde veraneaba su madre y cerca de Hyannis Port, en Cape Cod, el refugio veraniego de los Kennedy. Él iba a los mandos de la avioneta, en la que también fallecieron su mujer, Carolyn Bessett, y la hermana de esta, Lauren.

Entre los Kennedy ha habido presidentes, fiscales generales, senadores, embajadores. Los últimos ejemplos son su propia hermana -Caroline, embajadora en Japón en la presidencia de Barack Obama- y su sobrino, Joe Kennedy III, representante en el Congreso. John Jr. nunca apuntó maneras para la gran política. Eso no le apartó del foco. El hijo de JFK vivía en Nueva York y se convirtió en el objetivo número uno de la prensa rosa. Atractivo, aventurero, educado, activo en los círculos sociales de Manhattan, colonizó el papel cuché.

El asedio se intensificó tras su boda con Carolyn Bessett, una exitosa publicista para Calvin Klein. Su romance y los primeros años de su matrimonio coincidieron con la época de mayor agresividad de los «paparazzi» (Lady Di murió dos años antes). «John-John», el seudónimo que utilizaba para él la prensa (nadie le llamaba así en su familia), estaba acostumbrado a esa presión, con una familia dedicada a los actos sociales y con una madre -Jackie Onassis- convertida en la «viuda de América» y en gran atracción mediática tras su boda con Aristóteles Onassis.

Kennedy y Bessette vivían en Tribeca, en pleno Manhattan, vulnerables a los objetivos y a los curiosos. Eran una presencia constante en la prensa: un paseo con su perro, un beso en la calle, una copa en Odeon… Bessette no encajó bien la fama sobrevenida. La prensa la tomó por misteriosa y huidiza.

Es difícil pensar cómo hubiera sido hoy la vida de la pareja, cuando la fama se mide al peso -en número de seguidores- y la vida se patrocina en Instagram. Quizá su vida hubiera sido menos asfixiante. Pero lo cierto es que en los meses previos al accidente, su vida de pareja se convirtió en un infierno. Carolyn se pasaba con la cocaína. John Jr. era incapaz de reflotar la revista que habían lanzado tres años antes. Había acusaciones mutuas de infidelidad. Él quería tener hijos, quizá salir de la ciudad. Ella no lo tenía tan claro.

Una mala decisión

En ese caldo de cultivo, John Jr. tomó la peor decisión de su vida: acudir a la boda de su primo Rory Kennedy en su propia avioneta. Se había sacado la licencia solo un año antes. Había realizado varios vueltos hasta Massachussetts, pero siempre con su instructor, Jay Biederman. Aquella noche de viernes, 16 de julio de 1999, Biderman no estaba disponible. Debería haber buscado otro instructor, pero no lo hizo. Debería haberse quedado en tierra -como otros pilotos aquel día- en una tarde-noche brumosa y de malas condiciones atmosféricas, y tampoco lo hizo. El plan era dejar a Lauren, la hermana de su mujer, en Martha’s Vineyard y volar un poco más hasta Hyannis Port, donde se celebraba la boda. Perdió el control antes del primer destino. «Desorientación espacial», determinaron las autoridades como causa del accidente. Desorientación vital, añadirían otros después.