Jesulín de Ubrique

Jesulín de Ubrique tiene más que palabras con su padre tras la filtración del acuerdo de separación

BEATRIZ CORTÁZAR
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Le ha costado. Y por todo lo que ha llovido, le ha debido costar lo suyo. Pero, en fin, ya se sabe que nunca es tarde si la dicha es buena. Algo de eso se intuye que ha ocurrido en la siempre polémica finca de «Ambiciones», santo y seña de la familia del torero Jesulín de Ubrique, tras el juicio de separación de sus padres y a raíz del acuerdo al que se ha llegado. Tengo entendido que fue la propia madre del diestro, Carmen Bazán, quien la misma mañana en la que se iba a celebrar el juicio en Ubrique (el pasado día 7) decidió hacer una serie de concesiones para evitar ese juicio que era la vergüenza de su casa y el motivo que la tenía en un sinvivir ante ciertas presiones de los parientes. Bazán se vistió para ir al juzgado, se puso sus gafas y su toquilla, se reunió con su abogado y se fue sin decir nada a sus hijos. Una vez con la juez, con los letrados y con su todavía esposo anunció los cambios que horas antes había decidido: bajaría la mensualidad de su pensión a 1.000 euros y dejaría que Humberto Janeiro siguiera en la finca familiar con los suficientes metros de distancia para no tener que encontrarse. Tan sólo puso una condición que quedó en el papel firmado: silencio total sobre las condiciones de ese acuerdo. Nadie de la familia hablaría más de sus trapos sucios, nadie daría nueva carnaza a los medios para que sus problemas internos siguieran dando de comer al circo mediático que se ha montado a su costa, de una vez por todas los Janeiro recuperarían la paz de antaño. Ésa fue la condición y ése el pacto. Pero alguien habló más de la cuenta. Alguien informó de ese acuerdo o cesión y volvió a montarse el lío. El enfado de Bazán fue de órdago y sé de buena tinta que por primera vez Jesulín de Ubrique también se agarró un enfado de los que hacen historia y tuvo más que palabras -digamos gritos- con su padre, a quien muchos ven o suponen como el responsable de esa filtración. El cómo acabará esta historia sigue siendo un misterio, pero me huelo que al patriarca de la casa las cosas se le pueden torcer ahora que su hijo empieza a caer del guindo.