Irene de Grecia, la princesa más discreta de Europa
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Irene de Grecia, la princesa más discreta de Europa

Además de hermana, es la más fiel confidente de la Reina Doña Sofía. Su habitual discreción, sin embargo, no la hizo pasar desapercibida en los Juegos Olímpicos

begoña castiella
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Parece la sombra de Doña Sofía y podría ser considerada, únicamente, como su confidente más leal. La eterna acompañante, siempre en segundo plano, de su hermana mayor, la Reina de España. Pero Irene de Grecia y Dinamarca es mucho más. Presidenta de la Fundación Mundo en Armonía, creada por ella misma en 1986, desde hace años está volcada en la ayuda al Tercer Mundo y, también, a los necesitados de diversos países, entre los que se encuentran España y Grecia. Melómana apasionada, aprendió a tocar el piano con la célebre pianista Gina Bachauer y llegó a ser concertista. Además, ha destinado la mayor parte de la compensación que le correspondía cuando el Estado griego se quedó con todas las propiedades de la Familia Real (unos 900.000 euros) a becas para jóvenes músicos. Un claro homenaje a su queridísima profesora Bachauer.

Una cuna en Sudáfrica

La princesa Irene nació en 1942 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), cuando su familia vivía en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial; entonces, Grecia sufría la invasión de italianos, primero, y de alemanes, después. La valentía y el esfuerzo de la Familia Real griega ayudó a restablecer la paz y a evitar que el país se convirtiera en uno más tras el telón de acero.

Irene creció junto a sus dos hermanos, Sofía y Constantino, en la finca de Tatoi, a poca distancia de Atenas, y se educó en el Colegio Arsakio. También estuvo en el mismo internado que su hermana, en Salem (Alemania), y siempre cerca de un piano. Cuando el Rey Constantino abandonó Grecia durante la Junta Militar, en diciembre de 1967, siguió a su familia en el exilio, pasando largas temporadas con su madre en la India. Quienes la conocen y la quieren, saben que estuvo enamorada y que quiso casarse, pero la Reina Federica no consintió esa unión. Finalmente no se casó, pero le encantan los niños y es madrina de numerosos sobrinos e hijos de amigos.

En un modesto apartamento

Desde que se saldó el asunto de las propiedades reales, en 1993, empezó a visitar Grecia con frecuencia. Ahora pasa largas temporadas en Atenas, en un modesto apartamento prestado cerca del Palacio de la Música. Es frecuente verla en los conciertos, siempre discreta y saludando con la cabeza a quienes la reconocen. En todas las fiestas familiares está con sus hermanos y pasa sus días de vacaciones estivales en el Peloponeso o en Mallorca.

Una de sus compañeras de clase la recuerda como tímida, pero alegre; cariñosa, aunque reservada. Hoy lo sigue siendo. Y ha demostrado, también, un gran estoicismo tras su batalla contra el cáncer. «Ahora estoy bien», dice a quienes le preguntan por su salud. Y cambia de tema.

Muy viajada, habla un perfecto inglés y un muy correcto español. Todo le interesa: desde la medicina alternativa hasta las particularidades de un lugar lejano o cercano. Y sus comentarios están siempre llenos de sentido común y de originalidad.

Como a sus hermanos, le encanta el deporte y el movimiento olímpico. No en vano, el Rey Constantino fue campeón olímpico de vela (obtuvo un Oro en Roma, en 1960) y es Miembro Honorífico del COE; y la Reina Doña Sofía no se pierde unos Juegos. Junto a ellos, en Londres, ha disfrutado desde la grada, aplaudiendo con entusiasmo y felicitando a los ganadores, especialmente si eran griegos. Aunque, en esta ocasión, hubo pocos participantes de origen heleno: la recesión no ayuda.

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