La Infanta Alicia con su nieto Rodrigo Moreno de Borbón en la boda de Don Felipe
La Infanta Alicia con su nieto Rodrigo Moreno de Borbón en la boda de Don Felipe - JULIÁN DE DOMINGO

La Infanta Doña Alicia «era una mujer de campo, siempre coqueta y muy puntual»

Los nietos y bisnietos de la fallecida dibujan su perfil más íntimo y personal

MADRIDActualizado:

Les cuesta encontrar las palabras para describirla cuando su pérdida resulta aún tan dolorosa y reciente. Todos tratan de afrontar su desaparición con entereza, aferrándose al cúmulo de recuerdos que siempre guardarán de ella. Tras la muerte de la Infanta Doña Alicia de Borbón-Parma el pasado martes, a los 99 años, en su domicilio de Madrid, ABC esboza su retrato más íntimo a través del relato certero y emotivo de algunos de sus 16 nietos y 41 bisnietos.

En su entorno privado, sus familiares se referían a ella cariñosamente como Oma. Todos destacan su vitalidad, su férreo carácter, su pasión por la familia y su gran vinculación al campo. «Adoraba los animales. Le encantaba estar al aire libre rodeada de perros y caballos. Recuerdo que leía muchísimas revistas sobre caza y que era una mujer muy diurna», relata uno de sus nietos. Doña Alicia, que nació en 1917 en Viena durante la Gran Guerra, siempre exhibió un gran talento para la caza y los deportes. Se proclamó en varias ocasiones campeona de España de tiro al pichón y fue la única mujer que cazó toda la fauna mayor en España. Todos los veranos se desplazaba un par de meses a su finca austriaca para cazar corzos. «Monteó hasta casi los 90 años. Su abuelo Federico de Austria y su padre Elías de Borbón fueron dos de los mayores terratenientes de Europa y probablemente ese es el origen de su afición por el campo», explican.

Traslado a España

En 1936, Doña Alicia contrajo matrimonio en Viena con el Infante Alfonso de Borbón, heredero de la Corona Española hasta el nacimiento del primer hijo de Alfonso XIII. La pareja se instaló cerca de Blois, en Francia, pero ante el auge del Frente Popular se mudó a la neutral Lausana, donde nacieron sus tres hijos: Teresa, Carlos e Inés. En 1941, el matrimonio hace las maletas y fija su residencia en la finca La Toledana, en Retuerta de Bullaque (Ciudad Real). La Infanta fue pionera en traer a España el primer sabueso de Baviera y ser la introductora de los drathar y teckel de pelo duro que crió durante toda su vida en esta propiedad de 2.000 hectáreas en los Montes de Toledo.

Boda de Doña Alicia con el Infante Alfonso de Borbón en 1936
Boda de Doña Alicia con el Infante Alfonso de Borbón en 1936- JULIÁN DE DOMINGO

Siempre impecable

A pesar de que sus jornadas discurrían principalmente en el campo, Doña Alicia siempre lucía impecable. «Fue una mujer muy coqueta y presumida. Llevaba el pelo arreglado de peluquería y no importaba dónde estuviera para preguntar: “¿Llevo bien el gloss?” Respecto a su look, como buena amante del campo solía vestir la típica chaqueta austríaca», declara una de sus bisnietas.

Sobre sus costumbres hogareñas, recuerdan su pasión por la buena mesa y los largos almuerzos familiares de verano al aire libre. «Para comer siempre pedía agua con zumo de limón y le encantaba el revuelto de trigueros. Era muy golosa, le volvía loca la tarta Sacher y cuando íbamos a verla a La Toledana nos daba galletas Artinata. No perdonaba ningún día su café con leche. Mojaba en él una onza de chocolate y lo endulzaba con un poco de nata montada. En su casa no se repetía comida nunca. Si un día se cocinaba un plato, no se podía tomar lo mismo el día siguiente».

Doña Alicia recibió una educación austríaca, pero con mucha influencia francesa proveniente de su rama paterna: los Borbón-Parma, descendientes de Enrique de Artois, conde de Chambord. Hablaba alemán, francés y español, pero los autodefinidos, que le encantaban, siempre los hacía en la lengua germana. Eso sí, en la puntualidad se regía por las costumbres inglesas. «Por ejemplo, si tenía que ir a un funeral o una misa, llegaba media hora antes y esperaba en el coche hasta que llegase la hora exacta y entonces ya aparecía».

El matrimonio en Roma, en 1960, con Antonio Guerrero
El matrimonio en Roma, en 1960, con Antonio Guerrero- ABC

Doña Alicia se desvivía por los suyos y le encantaba pasar las tardes rodeada de las generaciones más jóvenes de la familia. «Le gustaba que algunos de sus nietos estuvieran solteros para poder ir del brazo de ellos a las bodas y a otros actos públicos», comentan como anécdota.

Durante los últimos años, cuando su salud comenzó a debilitarse, cambió la finca de La Toledana por una casa en Madrid por expreso deseo de sus hijas. Su terraza estaba llena de periquitos y siempre se levantaba preguntando si irían al campo a dar un paseo.

La vida de la Infanta más longeva de España se había ido apagando recientemente, pero conservó la lucidez y el buen ánimo hasta la última semana. Cada uno de sus 16 nietos y 41 bisnietos mantendrán para siempre en su corazón el recuerdo vivo de una mujer a la que admiraron y quisieron profundamente.