Camila Parker y la Reina Isabel II - Reuters | Vídeo: La extravagante vida del Príncipe Carlos

Las humillaciones que sufrió Camila Parker-Bowles por parte de la Reina Isabel II, una enemistad ya enterrada

Algunos analistas llegaron a afirmar que la monarquía inglesa se «avergonzaba» de su relación con el Príncipe Carlos

MadridActualizado:

La esposa del Príncipe Carlos ha sido conocida en tres ocasiones diferentes. La primera cuando era la joven Camila Shand, novia debutante del Príncipe con tan solo 23 años, al que conoció en un partido de polo en 1970. La segunda cuando contrajo matrimonio con Andrew Parker-Bowles. Fue Camila Parker-Bowles durante 32 años, esposa y madre, y más tarde la amante del Príncipe Carlos, menospreciada por el pueblo británico. La tercera y última como duquesa de Cornualles, cuando la pareja consiguió la bendición de la Reina y de la sociedad, y se dieron el «sí quiero». El nueve de abril de 2005 Camila dejó de ser la eterna amante de Carlos de Inglaterra para convertirse en su segunda esposa. La boda se desarrolló sin excesivo esplendor y algunos analistas llegaron a afirmar que la monarquía inglesa se «avergonzaba» de este enlace que suponía la culminación de una historia de amor de más de 35 años.

Primera boda de Camila con Andrew Parker-Bowles
Primera boda de Camila con Andrew Parker-Bowles - Pinterest

Tensiones

Con el paso del tiempo, Camila se ha ganado el afecto del pueblo británico hasta convertirse en un miembro muy querido dentro de la Familia Real Británica, pero ¿cómo ha cambiado su relación con la Reina Isabel a lo largo de los años?

Cuando era la novia de su hijo, la Reina y ella tenían una relación muy cálida y cercana. El esposo de Camila, Andrew, era ahijado de la Reina Madre, Isabel Bowes-Lyon, y la pareja a menudo acudía como invitada al Palacio de Buckingham. Sin embargo, cuando Camila y Carlos comenzaron su romance secreto y la Reina se enteró, esta fue excluida del palacio.

Una tarde de verano en Balmoral, el Príncipe decidió que finalmente había llegado el momento. Iba a enfrentarse a su madre y exigir, de una vez por todas, que terminara con su hostilidad hacia la mujer que amaba. Durante años, tanto la Reina como su madre se habían negado a tener nada que ver con la amante de Carlos. No solo no querían que estuviera presente en ningún acto real, formal o informal, sino que directamente ellas desaprobaban su relación.

Como bien sabía el Príncipe, no había posibilidad de hacer pública su relación sin la aprobación de la Reina. La princesa Margarita, que simpatizaba con él, había intentado interceder a su favor con su hermana sin éxito. La Reina se negaba a encontrarse, o incluso hablar de Camila. Entonces, exasperado por lo que él llamó «una situación intolerable» y animado por su tía, se acercó a su madre una noche en su sala de estar en Balmoral. Le pidió que suavizase su odio para poder vivir con Camila sin esconderse. Su esperanza era que la Reina, que rara vez interfirió, al menos no prohibiera su relación. Pero para sorpresa de Carlos, la Reina respondió enérgicamente que no toleraría jamás su adulterio, ni perdonaría a Camila por ser su amante y no permitir que su matrimonio con Diana se recuperase, «No quiero tener nada que ver con ella», dijo enfurecida.

El príncipe estaba angustiado. En lo que a él respectaba, su madre había demostrado que no le preocupaba su felicidad. Por la otra cara de la moneda, la Reina se sentía humillada. La idea de que su hijo viviese con su amante bajo su mismo techo le resultaba completamente ofensivo. Como si el Príncipe no tuviese bastante sufrimiento con su madre, su querida abuela también se había mantenido implacablemente opuesta a Camila. Ni la Reina ni la Reina Madre permitían a Camila estar presente en la misma habitación que ellas. Ambas, sin embargo, dieron la bienvenida a su ex marido Andrew Parker Bowles en numerosas recepciones, reuniones y fiestas en palacio.

La princesa Margarita no fue la única que intentó hacerles entrar en razón. El conde de Carnarvon, entrenador de los caballos de carreras de la Reina y amigo cercano, se ofreció como voluntario para mediar con su madre. Desafortunadamente, este plan resultó ser un fracaso pues, después de hablar con Isabel, se posicionó del lado de la Reina.

Divorcio real

Tras once años de tormentoso matrimonio, lady Di aceptó divorciarse en 1992. Dos años después el príncipe Carlos confesó su adulterio. Irónicamente, fue tras la infame entrevista de Diana en 1995 lo que convenció a la Reina de que Camila necesitaba ser aceptada en la Familia Real Británica. Más de 22 millones de personas vieron como la Princesa de Gales no solo cuestionaba la idoneidad de Carlos para ser rey, sino que insinuaba que se había acostado con su amante la noche antes de su boda. «Éramos tres en este matrimonio. Había demasiada gente», dijo Lady Di durante la entrevista. Después de la transmisión, la Reina le dijo a Carlos que en el caso de que aceptase a Camila, este jamás podría reconstruir su imagen.

En diciembre de 1996, Carlos sentía que toda la Casa de Windsor iba contra él, hasta el punto de que el Príncipe Felipe le escribió una carta a su hijo instándole a que no se casara con su amante. Cansado de sufrir por amor, el Príncipe se atrevió a decirle al secretario privado de su madre, Robert Fellowes, que la Reina «necesitaba actualizarse a los nuevos tiempos», un consejo que, como era de esperar, fue ignorado por completo.

Diana de Gales falleció trágicamente perseguida por los paparazzis en un accidente automovilístico el 30 de agosto de 1997. Tras esto, el eterno heredero de la Corona británica pensó que era el momento idóneo de hacer pública su relación con la que hasta ese momento se consideraba su amante.

La relación entre madre e hijo no podía ir a peor. Después del enfrentamiento en Balmoral, las tácticas de Carlos se volvieron más sofisticadas. En 2000, invitó a Camila a la fiesta por el 60 cumpleaños del Rey Constantino de Grecia. La Reina aceptó su asistencia, aunque dejó en claro que se negaría a que las presentasen. «Para Su Majestad, ella no existía», comentó uno de los asistentes.

Fue la muerte de Isabel Bowes-Lyon, en 2002, la que finalmente llevó a un punto de inflexión en la actitud de la Reina. Inicialmente, había decidido que Camila no podría acudir al funeral, puesto que la Reina Madre lo habría desaprobado. Pero cambió de opinión después de escuchar el emotivo tributo del Príncipe hacia su abuela en televisión, entonces cedió y consintió que Camila acudiese al funeral como «amiga de la Reina Madre», pero no como la compañera de su hijo.

De izquierda a derecha, la entonces Princesa Isabel, Felipe, la Reina Madre, el Rey Jorge y la Princesa Margarita
De izquierda a derecha, la entonces Princesa Isabel, Felipe, la Reina Madre, el Rey Jorge y la Princesa Margarita - Pinterest

Primeros atisbos de esperanza

Tras años de esfuerzos por parte del Príncipe, la relación entre las dos empezaron a mejorar. Isabel II invitó a Camila a las celebraciones del Jubileo de Oro, y en 2005 permitió que celebrasen sus segundas nupcias. Miles de personas se congregaron en las estrechas calles de Windsor para saludar a la pareja en su desplazamiento al Ayuntamiento de Londres, donde tuvo lugar el matrimonio civil al que no asistió Isabel II, aunque sí al banquete posterior. En el recorrido se pudieron ver a algunas personas con retratos de Lady Di que afearon al heredero del Trono su relación con Camila. «Larga vida a la reina; Diana para siempre; Rey Carlos y Reina Camila, nunca», decían algunos. Pero también fueron muchos los que acudieron para apoyar el enlace. «Déjeles en paz, ya han tenido bastante los pobres, si se quieren, hacen bien en casarse».

Tras su boda, Camila se convirtió en la segunda mujer de mayor rango de la Familia Real, por detrás de Isabel II. Pero aunque le correspondía el título de Princesa de Gales, el recuerdo siempre vivo de Lady Diana le atormentaba por lo que eligió el de Duquesa de Cornualles.

Boda del Príncipe Carlos y Camila
Boda del Príncipe Carlos y Camila - Reuters

En los 13 años transcurridos desde entonces, ha quedado claro que la Reina valora a Camila como una buena pareja para su hijo y como un miembro de la familia estable, resistente y muy querido. Como siempre, cuando se trata de la Reina, sus acciones hablan más que las palabras, y no hubo una muestra más fuerte de sus sentimientos hacia su nuera que cuando le pidió a Camila que se sentara a su lado en el carruaje en el Jubileo de Diamante en 2012. La Reina también le ha otorgado a Camila dos honores importantes: La Orden de la Familia Real Británica y la Gran cruz de la Orden Victoriana, los cuales simbolizan un sello de aprobación muy personal de la monarca.