«Me hubiera fascinado bailar con Fred Astaire»

Aunque su sueño infantil era jugar en el Athletic, su equipo del alma, Igor Yebra (Bilbao, 1974) quedó, con poco más de trece años, fascinado por el baile y decidió cambiar las botas de fútbol por las

ANA ASENSIO
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Aunque su sueño infantil era jugar en el Athletic, su equipo del alma, Igor Yebra (Bilbao, 1974) quedó, con poco más de trece años, fascinado por el baile y decidió cambiar las botas de fútbol por las zapatillas de ballet, que le separarían de su familia para estudiar en Madrid y que, con el tiempo, le llevarían por los templos de la danza más importantes del mundo. Mucho ha llovido desde entonces. Hoy, a base de mucho trabajo y disciplina, el artista vizcaíno es primer bailarín en el Ballet de la Ópera de Burdeos, compañía con la que ha recorrido días atrás la geografía española y con la que representará «Coppelia», a partir del próximo 5 de mayo en Lyon. Con su gran perseverancia y siguiendo al pie de la letra la máxima que un día le regaló su madre -«Tú puedes ser lo que desees, sólo existe un obstáculo: tú mismo»-, Yebra mira esperanzado al futuro a través de los ojos de los alumnos de la escuela de danza que fundó hace cuatro años en su ciudad natal, al tiempo que observa cómo cambian los tiempos; tanto como para que una marca como Rochas se haya fijado en un bailarín de danza clásica -disciplina tan descuidada en nuestro país- para que sea la imagen de su fragancia masculina, pensada para hombres capaces de expresar su lado más sensible sin olvidarse de su masculinidad...

-No está mal el eslogan.

-En realidad yo ya conocía la fragancia y coincidía, sin saberlo, con esa filosofía. Es un perfume que tiene personalidad propia con el que me siento realmente identificado.

-Tiene su punto de coquetería...

-Mentiría si le dijera que no. El trabajo cara al público hace que tengas que cuidarte más, lo que no quiere decir que haya que ser esclavo de ello.

-Supongo que para estar en forma habrá que renunciar a ciertas cosas.

-En la vida siempre hay que renunciar a algo para alcanzar un objetivo. Lo único importante es saber si el objetivo merece la pena.

-En su caso está claro que sí...

-He tenido la inmensa suerte de convertir mi vocación en mi profesión. Y las renuncias se han visto compensadas con las alegrías. Pero en estos momentos, de lo que más orgulloso me siento es de mi escuela de danza. Ver a mis alumnos trabajando duro y a sus padres apoyándoles y dedicándoles su tiempo libre para que puedan realizar su sueño me llena de satisfacción.

-Un sueño que, a diferencia del suyo, podrán cumplir sin tener que separarse de sus familias...

-Es que esta profesión es muy dura y si encima tienes que dejar tu ciudad y a tu familia, aún lo es más. Por eso siempre soñé con crear esta escuela en Bilbao para dar a los niños la posibilidad de aprender sin tener que marcharse fuera de casa.

-Y ellos estarán muy ilusionados con usted...

-Ellos me dan mucho más a mí de lo que yo les pueda dar a ellos. Nosotros lo único que pretendemos es que lo mucho o lo poco que aprendan lo hagan correctamente y que sientan amor por lo que están haciendo, no por llegar a ser una primera figura.

-Tendrá que hacer encaje de bolillos para atender la escuela...

-Bueno, el día a día está a cargo del profesorado, que me he encargado de elegir personalmente, y la línea de trabajo que siguen es totalmente mía. Estoy perfectamente informado de todo lo que ocurre en el centro y en cuanto puedo cojo el primer avión y me planto allí.

-Tiene que ser muy emocionante ver cómo progresan.

-Ya lo creo. A mí me gusta sentarme en las clases y observar sus evoluciones para ver qué aspectos se pueden mejorar.

-¿Con quién le hubiera gustado bailar que todavía no lo haya hecho?

-Ni jamás lo haré porque ya no es posible. Me hubiera fascinado compartir escenario con Fred Astaire o con Antonio Gades.

-¿Se considera profeta en su tierra?

-Nunca me lo he planteado. Pero es cierto que, aunque en España mi profesión es bastante desconocida, me siento muy querido por el público en general. Otra cosa es la ayuda estatal, que se va solucionando y se va a solucionar, aunque no tan rápido como me gustaría.

-O sea que tenemos motivos para ser optimistas.

- Yo huyo del discurso fatalista de otros compañeros de profesión sobre el precario estado de la danza en España. ¿Cómo un padre va a dejar que su hijo se dedique al ballet si los grandes bailarines dicen que no tiene futuro? Hay que verlo de manera positiva.

-¿Qué tiene que tener un bailarín para ser una estrella?

-Es una profesión que se puede aprender, pero hay que tener una base, un talento innato. Luego la capacidad de trabajo, sacrificio y superación, y ponerle mucha pasión, harán el resto.

-Y aguantar el tirón de la fama...

-Los profesionales de la danza, aún siendo conocidos, somos bastante anónimos. En mi caso nunca me he sentido acosado, al fin y al cabo lo que queremos es que el público nos conozca y venga a vernos, así que si fuera así es parte del precio que hay que pagar.

-Con la prensa será otro cantar...

-Qué va, siempre me he sentido muy bien tratado. Yo he estado casado con quien he estado casado (Anne Igartiburu) y siempre me han respetado; y, por supuesto, yo también a ellos.

-Espero que siga pensando igual después de esta entrevista...

-(Ríe) No tenga la menor duda...