De Havilland con Jacqueline Bisset, en una imagen de 2010 - AFP
HOLLYWOOD

Hollywood celebra los cien años de Olivia de Havilland

Es la estrella más longeva de la época dorada del celuloide. Reside en París desde los años 50

Los ÁngelesActualizado:

Es una de las pocas estrellas supervivientes de la época dorada de Hollywood (la única que queda viva del reparto de «Lo que el viento se llevó») y, desde luego, la más longeva. Sólo Kirk Douglas, seis meses menor, vive y compite en gloria con ella. Aunque dueñas de una fama planetaria, otras actrices como Zsa Zsa Gabor (99 años) o Doris Day (92) no llegaron a disputarle su condición de mito del celuloide. Hoy Olivia de Havilland cumple 100 años y, según quienes han podido departir con ella, mantiene una sorprendente agilidad mental.

Lo demostró cuando «sólo» tenía 94 años: en una entrevista para «The Telegraph», evocó anécdotas y aclaró equívocos. Por ejemplo, con respecto a su convulsa relación con el actor y rompecorazones de origen australiano Errol Flynn. En aquella ocasión, De Havilland fue rotunda: «Siempre se han escrito muchas tonterías al respecto (...). Yo no le rechacé. También me sentía muy atraída por él. Pero le dije que no podíamos tener nada mientras él siguiera con Lili (esposa de Flynn)», replicó.

La «inolvidable Olivia» fue la primera de las hermanas De Havilland en convertirse en actriz. Cuando su hermana pequeña Joan Fontaine se propuso seguir sus pasos, su madre, que favoreció siempre a su primogénita, se negó a que utilizara el apellido familiar. Aquello abrió una brecha entre ambas intérpretes. Según el biógrafo Charles Higham, nunca se llevaron bien. Su gran desencuentro tuvo lugar en 1942, cuando ambas competían por el Oscar. Joan ganó por su papel en el filme «Sospecha», de Alfred Hitchcock, y Olivia se quedó con la mano en el aire, mientras Fontaine la ignoraba al recoger su estatuilla. No volvieron a dirigirse la palabra.

La novia de América

Considerada la novia de América desde que en 1939 protagonizara «Lo que el viento se llevó», Olivia obtendría tres nominaciones antes de ganar su primer Oscar con «La vida íntima de Julia Norris», en 1946; el segundo le llegó por «La heredera», en 1949. Gran defensora de los derechos de los trabajadores, contribuyó decisivamente a cambiar las reglas de Hollywood en 1940, cuando llevó a juicio a los estudios Warner Brothers con el apoyo del Sindicato de Actores. Gracias a su esfuerzo, se acabaron los contratos de posesión de los estudios y, hasta la fecha, se reconoce a la llamada «ley Havilland» como uno de los grandes logros de la historia de la meca del cine. «Todos creían que perdería, pero yo estaba segura de ganar. Sabía que lo que hacían los estudios con los actores no estaba bien», explicó.

Cansada de los chismes, frustrada con la industria, en la década de los 50 se instaló en París. «Me fascina estar en una ciudad llena de palacios, de edificios antiguos, de iglesias, de arte...», confesó a «Vanity Fair». Fue la primera mujer en dirigir el Festival de Cannes, en 1965. Estuvo casada dos veces, con Marcus Goodrich (1946-1953) y el francés Pierre Galante (1955-1979), quien se convertiría en director de «Paris Match».

De Havilland aún reside en París, ciudad a donde huyó, en la cúspide de su carrera, de la implacable competencia con su hermana. Una rivalidad que duró 60 años y terminó en el 2013 con la muerte de Joan, a los 96 años. Hoy, la primogénita de los De Havilland cumple un siglo y, con este aniversario, un brillante capítulo de la historia de Hollywood sigue abierto.