Kiko Rivera e Isabel Pantoja
Kiko Rivera e Isabel Pantoja - Telecinco

Los hijos de Isabel Pantoja desvelan detalles de su estancia en prisión

Kiko Rivera y Chabelita Pantoja relatan el sufrimiento de una de las épocas más duras de su vida

MadridActualizado:

El clan Pantoja atraviesa uno de los momentos más mediáticos de sus vidas. O por lo menos uno histórico. La participación (millonaria) de Isabel Pantoja en «Sueprvivientes» no ha dejado indiferente a nadie y ha puesto a toda la familia en el punto de mira.

Kiko Rivera, por su parte, finalizaba recientemente su concurso en «Gran Hermano Dúo» y ya ha vuelto a los platós de «Telecinco» para defender a su madre durante su aventura en Honduras. Pero no sólo continúa su andadura en televisión, sino que ha dado la gran sorpresa al abrirse en canal en la revista «Semana», en una serie de capítulos en los que relata los momentos más importantes de su vida.

Esta semana ha decidido sincerarse, por primera vez, sobre una de las épocas más difíciles de su vida: la entrada de la tonadillera en prisión. El DJ cuenta que se enteró de la noticia cuando su madre ya estaba en la cárcel. El día anterior la artista organizó una fiesta con sus seres queridos en Cantora y, tras llenar de besos a su hijo, le dio las buenas noches. Cuando se levantó ya no estaba allí: «Con el tiempo la entendí, fue un día feliz para ella y para nosotros. Aquellos besos de la noche anterior los guardé en mi memoria como el mayor de los tesoros...», recuerda.

Chabelita, coincidiendo con la entrevista de su hermano, también ha desvelado en «El Programa de Ana Rosa» cómo vivió su entrada en la cárcel: «Solo lo sabía un amigo de mi madre, mi tío Agustín y yo. Mi madre me pidió que yo durmiera con ella esa noche. Yo dormí con ella y cuando desperté ya no estaba. Eran las siete de la mañana cuando se fue».

A partir de ese momento comenzaron las visitas, momentos en los que ambos intentaban esconder su malestar: «Cuando nos vimos noté que ella también luchaba por disimular», añade el novio de Irene Rosales al tiempo que recuerda la modalidad que ellos escogieron para citarse con su madre: «En instituciones penitenciarias te dan dos opciones: ver más veces al preso a través de un cristal y comunicándote por teléfono o verlo en menos ocasiones pero en una sala íntima». Ellos, asegura, se decantaron por esta última: «No hubiera podido soportar un contacto tan frío».

Después llegaban las despedidas. Estos momentos, asegura el hijo de la tonadillera, eran los más duros. «Cuando salía, escuchaba el cerrojo de la puerta, veía esa rejilla y allí, detrás, mi madre mirándome a través de ella (...) No se puede describir esa sensación tan dura y cruel», escribe en las páginas de la revista citada.