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Harvey Weinstein reaviva el caso de las mujeres que acusaron a Donald Trump de abusos sexuales

Critican que el presidente de EE.UU. no corra la misma suerte que el magnate de Hollywood

CORRESPONSAL EN NUEVA YORK Actualizado: Guardar
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Cuando la polvareda del escándalo de abusos sexuales de Harvey Weinstein empieza a asentarse, muchos han mirado a la Casa Blanca con una pregunta: ¿Por qué el superproductor de Hollywood sí y Donald Trump no? El año pasado, en pleno fragor de la batalla electoral, solo un mes antes de que los estadounidenses acudieran a las urnas, «The Washington Post» publicó un vídeo en el que Trump alardeaba de besar y hacer tocamientos impropios a mujeres a su antojo, por ser «una estrella». El documento era de 2005, durante la grabación de un episodio del programa «Access Hollywood». Trump lo calificó de «lenguaje de vestuario» y negó que hubiera actuado así. Una decena de mujeres salieron a la palestra para denunciar que habían sufrido abusos de esa índole por parte del entonces candidato republicano a la presidencia. La clase política estalló en críticas, también de pesos pesados del partido republicano. Hubo quien vio el escándalo como el golpe de gracia a las aspiraciones presidenciales de Trump. Un mes después, el multimillonario neoyorquino sorprendía al mundo con su victoria. Las mujeres de raza blanca -como fueron todas las que denunciaron sus abusos- votaron más a Trump (52%) que a Clinton (43%), según los sondeos.

Trump siempre ha negado las acusaciones frontalmente. Las calificó en su día de «invento total» y «pura ficción». Amenazó con llevar a las mujeres a los tribunales por difamación, algo que no cumplió. Al contrario que Weinstein, ha salido indemne de la polémica. «Personalmente, esperaba que la historia de Weinstein tuviera algún tipo de impacto en la historia de Trump», aseguró Jessica Leeds, que dijo que el presidente se propasó con ella en un avión hace tres años, a «The Guardian». «Trump fue capaz de sacarse el asunto de encima y es decepcionante».

«Con este bastardo de Trump como presidente, me duele todos los días», escribió por Twitter Jill Harth, que trabajaba en los concursos de belleza que organizaba Trump y que le acusó de tocarle el pecho, tratar de llegar a sus genitales y besarla contra su voluntad.

«Cuando se trata de una famosa, tiene más peso que alguien con quien él haya estado en Mar-a-Lago [la residencia de Trump en Florida] o una participante en un concurso de belleza», dijo Cathy Heller a «The Washington Post» para tratar de explicar por qué la reacción al escándalo de Weinstein había sido tan furibunda y no tanto la de Trump.

Para los cercanos a Trump, comparar ambos casos es inaceptable. «Solo la comparación es una falta de respeto al presidente», aseguró en la CNN Ronna McDaniel, presidenta del Comité Nacional Republicano, el órgano de dirección del partido. Los republicanos, además, han visto en el escándalo de Weinstein una veta política. El magnate de Hollywood ha sido un donante leal al partido demócrata y financió campañas de varios candidatos, también de Hillary Clinton, a la que se reprochó que tardara varios días en condenar a Weinstein.

El asunto, sin embargo, no dejará de colear para Trump por un tiempo. La única causa abierta que tiene el presidente relativa a los supuestos abusos tiene que ver con Summer Zervos, una concursante de su programa de telerrealidad «El aprendiz». Tiene interpuesta una querella por difamación contra Trump, por acusarla de mentirosa. La semana que viene, un juez determinará si el caso va adelante. Las ramificaciones de rifirrafes legales como este pueden complicar una presidencia, como apunta el «Post». En un testimonio sobre una acusación de ataque sexual sucedido antes de llegar a la Casa Blanca, Bill Clinton mintió sobre su relación con una becaria, Monica Lewinsky, lo que provocó su procesamiento.