Haciendo ching chong por señas

Nuestra selección de baloncesto es tan racista con los chinos que hasta ganó el partido de ayer. Y dejándo que se confiaran, para más rechifla. Nuestra selección (la de baloncesto y las demás

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Nuestra selección de baloncesto es tan racista con los chinos que hasta ganó el partido de ayer. Y dejándo que se confiaran, para más rechifla. Nuestra selección (la de baloncesto y las demás) desprecia tanto a los chinos que lleva ropa Li Ning, mientra los anfitriones de los Juegos gastan Nike. Es de suponer que original. Los españoles y los suecos lucen la marca creada por el legendario gimnasta (y el menda en volandas que encendió el pebetero en la inauguración). Llevar ropa china original se me antoja el colmo del esnobismo.

Algunos del extranjero (en la edición electrónica de «The Guardian» ha sido la noticia más leída) están indignados con la foto publicitaria de Seur donde los chicos de Aíto García Reneses están estirándose los ojos. El guiño a China se ha tomado como un insulto. Hace casi dos años, a Rosie O´Donnell se le ocurrió hacer ching chong (imitar el lenguaje chino) y tuvo que disculparse con la comunidad asiático americana. Entonces creía que en España todavía podíamos hacer ching chong. Pero seguramente no es así. Al menos no podemos hacer ching chong por señas. Y ya estoy empezando a dudar que podamos soltar de alguien (de alguien chino, chino en sentido general) que tiene los ojos rasgados. Por si molesta.

Michael Phelps se presentó en Pekín con bigote. Aunque el mostacho era el de un barbilampiño de manual y no tenía la misma forma, todo el mundo se apresuró a decir que llevaba un bigote a lo Mark Spitz. Pero creo que a nadie se le ocurrió sugerir que el bigote podía malinterpretarse. Que se estaba riendo, que era una falta de respeto por el nadador mayor al que pensaba batir. Lo cierto es que la falta de respeto es que nadie haya invitado a Spitz a Pekín a ver cómo Phelps consigue las ocho medallas de oro. Ni el COI, ni la FINA ni una televisión americana, como se ha quejado la leyenda de Munich 72 (que también ha asegurado, picajoso, que si en su época hubiera existido la prueba de 50 metros habría conseguido ocho metales dorados).

Las más famosas fotos de Mark Spitz fuera del agua son esas en las que lleva el bañador de barras y estrellas y las siete medallas de oro colgadas. En 1972 las medallas se acompañaban de cadenas, no de cintas, con lo que Mark Spitz parece Mr.T de «El Equipo A».

Este es el artículo de siempre (o de cada tres o cuatro meses) pero a Mr. T también le cayó una buena, en su caso por dizque burlarse de los homosexuales en otro anuncio, que fue retirado, claro. Y que se había emitido en Gran Bretaña. En uno de la serie (porque hay varios similares) dispara Snickers, la barrita hipercalórica de Mars, desde un vehículo con ametralladora a un tipo que está practicando marcha atlética por la calle. También le grita que es una «una desgracia para la raza humana» y que lo hará «correr como un hombre», momento en que empieza a dispararle los Snickers. Siempre he leído que dispara a alguien con «andares amanerados». Dispara a alguien que practica marcha atlética. Y vaya, que el que dispara es Mr.T (o M.A. Barracus), no un modelo de conducta. Es Borat sin gracia. Pero que yo sepa se quejaron los colectivos homosexuales no los marchadores.

«¿Qué clase de ridículo deporte es este?», dice Cary Grant en «Apartamento para tres» («Walk Don´t Run») cuando con 62 años, en camiseta y calzoncillos tiene que mezclarse con los atletas de la prueba de marcha de Tokio 60. Cary Grant también era incorrecto.

La última rabieta se ha dirigido contra «Tropic thunder», película donde el personaje de Ben Stiller interpreta a un personaje tipo Forrest Gump. La ofensa ha sido la frase «Érase una vez un retrasado» en un cartel. El otro día veía una revista vieja con un anuncio a página completa: «Día del subnormal». Qué tiempos.