La guerra de los Janeiro comenzó ayer en los juzgados de Ubrique

BEATRIZ CORTÁZAR
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No ha habido forma alguna de que se llegara a un acuerdo amistoso y de ahí que los Rose, digo los Janeiro, se vieran ayer las caras en los juzgados de Ubrique, donde comenzó el juicio de su separación matrimonial, caso que ha recaído en la titular del juzgado de Arcos de la Frontera tras ponerse de parto la de Ubrique y renunciar a ese cargo su sustituta por ser pariente de Humberto Janeiro quien, por si no lo sabían, se enfrenta a su mujer por la disputa del domicilio conyugal, la finca «Ambiciones», propiedad de su hijo, el torero Jesulín. El folletón está servido y a estas alturas de la película no entiendo qué hacen los guionistas de series rápidas que no han rodado ya este culebrón que es la delicia de los programas del higadillo y la risa general de los seguidores de la cosa rosa. Ayer se vieron las caras el macho-man de Ubrique, Humberto Janeiro, y su mujer Carmen Bazán, quien llegó a los juzgados ocultando su rostro tras unas enormes gafas oscuras para evitar «regalar» a los fotógrafos el resultado del «lifting» facial que se ha hecho hace pocos días y que promete tendrá su portada en alguna revista previo pago de su importe. Ayer los padres de Jesulín se reunieron durante dos horas en el despacho de la juez que había mandado cerrar todas las persianas para evitar la mirada de curiosos y objetivos indiscretos. Ayer hablaron de su extraña situación familiar y ayer Humberto explicaría por qué no ha abandonado la finca «Ambiciones» como dictaminó la juez en las medidas cautelares mientras su esposa se tocaba y retocaba ese arreglo de cirugía al que suelen recurrir muchas mujeres en proceso de separación con el fin de borrar las cicatrices del dolor, de las penas y de los años, que surgen en forma de arrugas y dejan una huella que sólo se borra con el bisturí. Por cierto, ayer el torero tampoco estuvo con sus padres.