La modelo Marisa Jara durante el desfile
La modelo Marisa Jara durante el desfile - ABC

Las «gordibuenas» toman las pasarelas internacionales

De Marisa Jara a Atlanta de Cadenet, ellas demuestran que hay vida más allá de la 38

MADRIDActualizado:

Agárrense, que vienen curvas. Las «curvies» se hacen fuertes y la Barbie ha tenido que engordar unos kilitos para dejar claro a las nuevas generaciones que hay vida más allá de la talla 38. Las modelos con carnes grasas están tomando la delantera a sus predecesoras de carnes magras. La exuberante Kate Upton, rechazada en sus inicios por «gorda», es una de las más solicitadas para las portadas de las mejores cabeceras. La maniquí y DJ Atlanta de Cadenet (hija de John Taylor, el famoso músico de Duran Duran) ha plantado cara a los cánones estéticos «tradicionales» posando para la campaña de L’Agent by Agent Provocateur (la colección lencera diseñada por Penélope y Mónica Cruz), y sus magníficas curvas bajo las sedas han despertado la ira de sus detractores y los suspiros de sus admiradores.

Denise Bidot, estrella de Forever 21, Target, Nordstrom y Old Navy, despertó sorpresa (y admiración) publicando sus fotos en biquini sin photoshop para inspirar a todas las mujeres a sentirse bien con ellas mismas. La australiana Georgina Burke ha escrito otro capítulo en la aceptación de la belleza imperfecta siendo imagen Torrid, la línea de ropa interior y baño para tallas de la 12 a la 28. Y Gigi Hadid, el ángel de Victoria’s Secret acusada de tener «muchos muslos» a raíz de un desfile de Versace, no se quedó callada y colgó en su perfil de Instagram (@gigihadid) una carta defendiendo que su imagen difiere del canon de belleza generalizado, pero le gusta a ella, y le gusta a la «nueva» industria (es imagen de Top Shop). «Sí, tengo tetas. Tengo abdominales, tengo culo, tengo muslos, pero no estoy pidiendo un trato especial. Entro dentro de las tallas de muestra. Vuestros crueles comentarios no hacen que quiera cambiar mi cuerpo…», escribió.

Mujeres reales

Y en esa línea está nuestra curvilínea Marisa Jara, rechazada por «gordita» en el mundo de la moda hasta que encabezó el sonado desfile de los trajes de baño «para mujeres reales» de Adela y Viki, que le devolvió a la palestra. «No me importa que me tachen de gorda, soy un modelo de mujer real», declara orgullosa.

¿Por qué lo llaman «curvy» cuando quieren decir gorda? Esa pregunta la contestan Elena Devesa y Rebeca Gómez, blogueras de la web «Weloversize.com» y autoras del libro «Gordi fucking bueno» (Planeta), en el que cuentan que cuando se metieron en el mundo de las blogueras de talla grande se dieron cuenta del pánico general a la palabra gorda.

«El concepto “curvy” llegó de Estados Unidos y se extendió como la pólvora, recogiendo bajo su paraguas a chicas de todo tipo, pero, sobre todo, a gordas. Es obvio que es un disfraz, una forma de suavizar un término que no tendríamos por qué suavizar. Las gordas nos hacemos un flaco favor utilizando eufemismos como este a la hora de definirnos si lo que queremos es, precisamente, que la situación de las personas con sobrepeso se normalice», explican las autoras del libros.

Estas activistas del movimiento XL se han inventado el término «gordibuena» para las que no tiene miedo de la palabra «gorda». «Una “gordibuena” es aquella que, a pesar de no tener un físico de portada de revista, hace todo lo posible por sentirse bien consigo misma. Una mujer con personalidad, estilo y consciente de su atractivo, por lo que sabe explotarlo», apuntan Devesa y Gómez.

Ser «gordibuena» no implica abandonarse a la deriva. «Cuando eres consciente de tus lorzas y dejas de odiarte por ellas, estás preparada para dar alegría a ese cuerpo serrano con comidas saludables y ejercicio bailongo. Que no todas queremos ser delgadas, pero sí todas queremos tener las lorzas mejor cuidadas del lugar». Con esa misma idea nació Boris y Saky (Madrid), «un centro de belleza creado para ayudar a sacarse partido a las mujeres con tallas grandes y lucir sus rostro y sus curvas con orgullo», como indica su directora, Cristina Vigo. ¡Qué (gordi) fucking buena idea!