Gianni Agnelli, en 1978
Gianni Agnelli, en 1978

Gianni Agnelli, un «rey» sin corona en versión americana

Producido por HBO, un biopic cuenta la vida del Avvocato, un personaje mítico y admirado en todo el mundo, pero también con muchas sombras

CORRESPONSAL EN ROMAActualizado:

Poder, glamour, muertes, mujeres, drogas, el imperio FIAT… Todo ello rodeó a Gianni Agnelli, un personaje mítico italiano, el más conocido y admirado en todo el mundo, considerado un monarca sin corona. A falta de hacerle en su país una serie o una película a la única «corona» no reinante existente en Italia, ha tenido que ser en Estados Unidos donde le han dedicado al Avvocato –así era conocido en todo el mundo- un film, un biopic, producido por HBO y dirigido por Nick Hooker. Ha sido emitido por la cadena de televisión Sky Atlantic, en coincidencia con el decimoquinto aniversario de su muerte. El documental se titula «Agnelli» y hace un retrato sobrio, refinado, pero al mismo tiempo trágico y lleno de sombras, con la aportación de decenas de entrevistas a familiares, amigos y diversas personas que lo conocieron de cerca, testimonios algunos apologéticos en el tono, pero despiadados en la sustancia. Entre ellos llama la atención el de su nieto Lapo Elkan, el personaje díscolo de la familia, quien ha protagonizado diversos escándalos de droga y sexo: «Pienso que fue un abuelo maravilloso, pero no hubiera querido ser hijo suyo».

Suicidio del hijo Edoardo

Producen cierto escalofrío estas palabras, porque inevitablemente hacen recordar a Edoardo Agnelli, hijo del Avvocato. De la pésima relación entre ellos da testimonio el primo hermano de Edoardo, Lupo Rattazi, hijo de Susanna Agnelli: «Estábamos comiendo, cuando en cierto momento Edoardo dijo una cosa y su padre le respondió mal, con desprecio. Yo no lograba entender que después de muchos años, esa relación se hubiera deteriorado tanto por la falta de respeto del padre hacia el hijo». Gianni Agnelli, que según su hermana Susanna había leído un solo libro en su vida -«El viejo y el mar» de Ernest Hemingway-, nunca pudo entender que su hijo Edoardo fuera un estudioso del Islam, un intelectual, una persona sentimental y un gran viajero que se perdía en sus paraísos artificiales. Tres días después de la comida con el padre y su primo Lupo Ratazzi, el 15 de noviembre del 2000, Edoardo Agnelli se suicidó, lanzándose al vacío desde un viaducto, a una altura de 80 metros, sobre la autopista Turín-Savona. Fue la mayor tragedia para el hombre que había tenido todo en la vida: Riqueza, ingenio simpatía, las mujeres más bellas detrás de él… pero, como se desprende del documental, fue también un personaje cínico, incapaz de amar a su único hijo varón, un padre ausente. A este respecto, Carlo De Benedetti, que fue socio y consejero delegado de Fiat, cuenta una anécdota ilustrativa: «Me encontraba con el Avvocato, cuando de forma inesperada se abrió la puerta y apareció su hija Margherita con un corte de pelo al cero. Agnelli la miró y le preguntó: «Pero, ¿qué has hecho?» Y ella le respondió: «Al menos te has percatado de mi». Tras el suicidio de Edoardo, Gianni Agnelli cayó en depresión y murió dos años después, el 24 de enero 2003.

Infinidad de amantes

Algunos testimonios son despiadados. La amiga del Avvocato, Marina Branca, lo describe como muy vanidoso: «Adoraba ser Gianni Agnelli, admirado e imitado por todos». Lanzó la moda del reloj sobre el puño de la camisa. Un amigo de barca y de fiestas lo describe como el «hombre que inventó la vanidad». Otro manifiesta, al tiempo que se toca la nariz, que «estaba lleno de droga”, dando a entender que era consumidor de cocaína.

«Prefería vivir antes que leer», decía su hermana Susana. El tipo de vida que llevaba lo describe con tres palabras y sonrisa complaciente su hermana Maria Sole, 92 años: «Chicas, chicas, chicas». Por su parte, Diane von Fürstenber, exmujer de Egon, hijo de Clara Agnelli, lo califica de «seductor irresistible». Era un don Juan –«enamorarse es cosa de camareros», decía el Avvocato- y su lista de amantes es interminable. De algunas se habla en el documental, con particulares incluso picantes. La estilista Jackie Rogers cuenta que una noche lo encontró en la cama de un hotel con Anita Ekberg, la protagonista de «La dolce vita». Casi 5 años duró su relación con Pamela Harriman, exmujer del hijo de Winston Churchill, a la que le regaló un piso en París y le puso a su disposición chofer y sirvienta (el presidente Bil Clinton la nombró embajadora en la capital francesa en 1992). La relación de Agnelli con Pamela, otra seductora, se rompió cuando esta lo pilló en la Costa Azul con la joven Anne-Marie d’ Estaiville. Entre sus amoríos se cita también a la primera dama de Estados Unidos, Jackie Kennedy, a la que agasajó en la isla de Capri en el verano de 1962.

Gianni Agnelli se convirtió en presidente de la FIAT a los 45 años. Es una historia compleja la del imperio Automovilístico que hizo grande la industria italiana en el siglo XX, y es la parte más débil del documental. El Avvocato fue a Libia en un velero para vender, en 1976, al entonces presidente Gadafi el 10 por 100 de la FIAT. Entre los personajes que desfilan en la reconstrucción de Hooker aparece Henry Kissinger confesando que desaconsejó a Gianni Agnelli tener como socio al coronel Gadafi.

Cortina de silencio

Curiosamente, en Italia hay una especie de cortina de silencio en torno a este hombre de estilo inimitable, brillante playboy, empresario y senador vitalicio que ha sido central durante algunas décadas en la historia italiana. Hace 30 años, el propio Gianni Agnelli encargó a Roger Cohen, periodista del diario «The Wall Street Journal», que le escribiera su biografía. Mantuvieran muchas horas de conversaciones, pero después Agnelli cambió de idea, le pagó el libro y se lo quedó para que no se publicara. Se han dado otros casos parecidos de libros sobre su biografía que no han llegado a puerto. Se supone que al menos mientras viva su mujer Marella Caracciolo (90 años) se impondrá la discreción, para que no se desvelen los aspectos más delicados y embarazosos de su biografía. Hace hoy quince años 500.000 personas hicieron cola en Turín para despedir al Avvocato, a quien consideraban un personaje irrepetible, un «rey» sin corona.