Francisco Rivera Ordóñez: «Cada día me siento más Paquirri»

TEXTO: ANTONIO M. ROMERO / MARCOS CHACÓN. FOTO: JOSELE LANZA
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Faltan pocos días para que haga el paseíllo en la plaza de toros de Marbella. Con gesto relajado, Francisco Rivera Ordóñez aparece en la cafetería del hotel Guadalpín de la localidad de la Costa del Sol para atender una entrevista con motivo de la celebración, el próximo día 17, de la corrida número mil de su carrera. Durante el encuentro habla de la importancia de este hito en su trayectoria, pero también sobre sus trece años como matador de toros, el miedo o la situación de la Fiesta.

—¿Alguna vez pensó que llegaría a torear mil corridas?

—Nunca. No soy un torero de preocuparme en exceso por cuánto voy a torear este año y de querer quedar el primero del escalafón. Tal es así que no teníamos ni idea y fue el mozo de espadas de El Cordobés el que nos dijo que me faltaban treinta corridas para llegar a las mil. No me lo podía creer.

—¿Qué sensaciones tiene?

—Pienso mucho en ese día. Se ha convertido en especial. Mil corridas de toros no se torean todos los días. Los amigos están respondiendo, la causa merece la pena… y va todo a una gran velocidad. Estoy nervioso.

—¿Por qué ha elegido el flamenco como música?

—El flamenco me encanta. Antes de ir a la plaza escucho flamenco. Y también por darle un carácter más especial a la corrida. Además, no viene cualquiera. Vienen flamencos de altísimo nivel como el Morao, Fernando de la Morena, Diego Carrasco, Fernando Soto, Antonio Santiago… Primero son amigos y después tienen toda mi admiración. Y viene la banda de música de Los Barrios, que es de las mejores que hay en Andalucía.

—¿Por qué en Estepona y no en Ronda, plaza tan vinculada a usted y su familia?

—Lo estuvimos pensando y meditando. Lo que pasa es que Ronda es muy especial y una responsabilidad muy grande. Estepona es una plaza que me trae buenos recuerdos. Esa plaza la hizo mi abuelo. El empresario, Salvador Vega, se ha portado muy bien.

—¿Para ese día tiene previsto hacer algo especial?

—Matar seis toros siempre es especial. No se puede guionizar un día de toros. Con seis toros no puedes caer en la monotonía, es un día para dejar fluir lo que siento y pisar el acelerador.

—¿Sus apellidos le han ayudado o en determinados momentos han servido para que se le mida con un rasero distinto?

—La balanza se ha compensado bien. Los apellidos han ayudado. Primero teniendo al más grande de todos los grandes a mi lado, que ha sido Antonio Ordóñez. En segundo lugar ha abierto muchas puertas. Anunciar al hijo de Paquirri y nieto de Ordóñez en cualquier feria de primera te daba esa credibilidad. También es cierto que la gente me ha exigido más.

—De esas 1.000 corridas, siempre hay una que viene a la memoria, ¿cuál sería?

—Gracias a Dios hay más de una. Últimamente me estoy acordando de una faena a un toro en Bilbao, pero también de otras en Málaga, Sevilla, Ronda, Tomelloso… También está muy presente la alternativa.

—Aquellas tardes menos buenas o malas también vendrán estos días a la memoria.

—Ésas están, pero vienen menos. La grandeza del toro es que lo bueno perdura más que lo malo. Una tarde buena te compensa diez malas.

—¿Y el cartel ideal?

—Para mí, que Espartaco me diera la alternativa fue muy importante. Después he compartido cartel con toreros como Paco Ojeda, al que he admirado hasta el infinito, al igual que con Curro Romero, con Rafael de Paula en Jerez… Luego hay un cartel muy bonito con Joselito y Ponce; con Manzanares padre he disfrutado muchísimo y tengo el orgullo de haberle dado la alternativa a Manzanares hijo… Un cartel que me dio mucho fue Litri, Jesulín y yo. Ahora con El Juli, El Fandi. Y, sobre todo, dar la alternativa a mi hermano, algo que nunca siquiera había imaginado.

—Cumple usted trece años de alternativa, ¿es supersticioso?

—No lo soy. Tengo dos o tres manías, pero no me creo supersticioso.

—Compagina su labor en el ruedo con la gestión de varias plazas, ¿cómo lleva esa dualidad?

—Estoy más centrado en el toro. Como empresario tengo un equipo de gente increíble.

—Hablando de la Feria de Málaga, ¿qué ofrece a los aficionados?

—Vienen todas las figuras del toreo. Creo que es demasiado larga para el aforo de la plaza, que es pequeño. Respecto a los carteles yo estoy contento y esperanzado. La reserva de abonos va mejor de lo que esperábamos.

—Organiza la Corrida Goyesca de Ronda. ¿Se entendería este festejo sin la presencia de un Ordóñez?

—Hoy día creo que no. Habiendo un Ordóñez en activo a un nivel mínimo debe torearla. La Goyesca es muy grande. Es el monumento vivo a Antonio Ordóñez. Es impresionante el tirón mundial. Además, es una responsabilidad inmensa para mí y para mi hermano, que nos sentimos anfitriones.

—Las comparaciones suelen ser odiosas y más cuando se hace entre hermanos. Desde que Cayetano irrumpió en el toreo, se dice que su toreo se asemeja más al de su abuelo, Antonio Ordóñez, y el suyo al de su padre, Paquirri. ¿Comparte esa impresión?

—Me encanta. Cuando me llaman Paquirri es el piropo más grande que me pueden echar. Yo me siento muy Paquirri, cada día me siento más. También me gusta cuando me dicen que he recordado, por ejemplo con el capote, a mi abuelo. Si los aficionados te comparan con esos dos toreros, que son palabras mayores, malo no es.

—En alguna entrevista ha reconocido que le hubiera gustado anunciarse como Paquirri.

—No creo que sea ya el momento, pero me hubiera gustado anunciarme como Paquirri desde el primer día. Siempre fue mi ilusión, pero por respeto a mi abuelo opté por Rivera Ordóñez, aunque es una espinita pequeñita que tengo ahí clavada.

—¿Cómo se vence el miedo?

—He pensado mucho en él. Sin miedo no hay valor. El miedo tiene que existir, lo que hay es que dominarlo. ¿Cómo? No lo sé, si supiera la ecuación… Sí creo que hay toreros que tienen más valor que otros, que vencen mejor el miedo… Pero no es sólo miedo al dolor físico, sino a la responsabilidad, a tus sueños… —¿Cómo ve la Fiesta en este inicio del siglo XXI?

—Está recibiendo muchos ataques pero no son reales. Muchos políticos utilizan al toro como arma arrojadiza, pero más que en contra del toro, en contra de lo que ellos dicen que representa, cuando el toro no representa nada, el toro es la Fiesta Nacional. Si España se conoce precisamente por algo es por él. Nosotros respetamos más a quienes no les gustan los toros que ellos a nosotros. Al margen de ello, veo al toreo en un momento increíble: hay escuelas taurinas en todos lados, hay un abanico de toreros tan importantes como nunca lo ha habido, el nivel del toreo es muy alto y lleva más gente a las plazas que el fútbol a los campos. Además, está en un buen momento porque no tiene el apoyo político que debería tener, no tiene el apoyo mediático, tiene muchísimos detractores, no tiene un grupo que luche a favor de fomentarla… Y en cambio aquí estamos. Soy partidario de que el toreo esté en Cultura y no en Interior.

—¿Piensa ya en la retirada?

—Voy siendo consciente de que queda menos. Tengo dos pensamientos claros: uno es que me gustaría irme yo, no que me echaran; y otro es que hoy por hoy no me veo fuera del toro, porque sería irme para volver, y eso no me gustaría hacerlo.

—El día que diga adiós, ¿la ganadería va a ser su futuro?

—Lo paso muy mal con mis toros. Pensar que un toro mío pueda pisar siquiera a un torero... me muero. Me veo más de empresario, que es un mundo que me gusta y que, por circunstancias, he tenido que conocer de sopetón en Ronda al hacerme cargo de la organización de la Corrida Goyesca. Ahora estoy teniendo una gran experiencia con la gestión de la plaza de Málaga. En el mundo empresarial estoy cómodo.

—¿A qué dedica el tiempo libre Francisco Rivera Ordóñez?

—A la familia, a mi hija y mis amigos. Además, nos gusta estar en el campo, que es donde más disfrutamos.