Fidel Castro y su hijo, en la Feria del Libro de la Habana en febrero de 2002
Fidel Castro y su hijo, en la Feria del Libro de la Habana en febrero de 2002 - AFP

«Fidelito» Castro, el hombre que nunca supo escapar de la sombra de su padre

El primogénito del dictador se quitó la vida a los 68 años el pasado jueves, víctima de una fuerte depresión

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Las similitudes entre Fidel Castro y su primogénito Fidel Ángel Castro Díaz-Balart comienzan y terminan en su tremendo parecido físico. La genética concedió a Fidelito la complexión y las facciones de su padre, que luego el joven se encargó siempre de subrayar cultivando una profusa barba. Pero hasta aquí las analogías de un padre y un hijo que no acabaron nunca de entenderse. El carácter fuerte y expansivo del dictador cubano, que se crecía ante la multitud y se regodeaba bajo los focos, nunca encontró reflejo en Fidelito, un hombre más bien taciturno, instalado en un sombrío segundo plano. El pasado jueves se suicidó a los 68 años tras arrastrar una profunda depresión, según informaron los medios oficialistas cubanos, que no precisan dónde. Durante un tiempo estuvo hospitalizado a causa de la enfermedad y actualmente, se hallaba bajo tratamiento en una clínica.

Fidelito fue el único hijo del líder de la revolución cubana y su primera mujer, Mirta Díaz-Balart, una joven de una prominente familia habanera, con la que se casó por la iglesia en octubre de 1948. Once meses después, el 1 de septiembre de 1949, llegaba al mundo Fidel Ángel. El nacimiento del bebé no logró mantener unida a una pareja enfrentada por las largas y reiteradas ausencias de Castro y sus constantes devaneos extraconyugales. En 1955, firmaron el divorcio y ella, con la custodia de Fidelito, se trasladó a Miami.

Fidel Castro, su primera mujer, Mirta Díaz-Balart y Fidelito en 1950
Fidel Castro, su primera mujer, Mirta Díaz-Balart y Fidelito en 1950-ABC

Mientras Castro se hallaba en México preparando su estrategia para derrocar a Fulgencio Batista, convenció a Mirta de que le dejara pasar con Fidelito dos semanas. Al término, se negó a devolvérselo. Un día, las hermanas de Castro paseaban con el niño en el parque de Chapultepec cuando tres hombres armados salieron de un automóvil y lo «secuestraron» para entregárselo a su madre, quien posteriormente viviría en Nueva York y Madrid (durante unos años se instaló en un piso de la calle Bretón de los Herreros). Fidelito se mudó definitivamente a Cuba, tras el triunfo de la Revolución en 1959. Solo abandonó su patria una vez más para estudiar en la Unión Soviética, donde se formó como ingeniero nuclear, compaginando los libros con el amor; allí conoció a su futura esposa, la rusa Olga Smirnova, madre de sus tres hijos Fidel Antonio, Mirta María y José Raúl.

Fidelito acarició su momento de máxima gloria y visibilidad en la década de los 80, tras ser nombrado por su padre Secretario Ejecutivo de la Comisión de Energía Atómica de Cuba. Centró sus esfuerzos en la puesta en marcha de la Central Nuclear de Juragua (al oeste de la bahía de Cienfuegos), un complejo respaldado por la URSS destinado a impulsar la isla comunista. Sus sueños se desvanecieron al mismo tiempo que el Muro de Berlín. Los problemas técnicos y financieros ahogaron la planta, que acabó convertida en una reliquia abandonada de la Guerra Fría. Un fiasco mayúsculo, que le condenó al escarnio público. Su padre le culpó directamente y despidió en 1992. «No hubo renuncia», declaró Castro en ese momento, según el libro de Ann Louise Bardach, «Sin Fidel». «Fue despedido por incompetencia. Aquí no tenemos una monarquía».

Fidelito nunca fue contemplado como un potencial sucesor de su padre. No ocupó cargos políticos. «Tenía cierto parecido físico con Fidel, pero eso fue todo», declaró Arturo López-Levy, un exanalista del gobierno cubano que ahora ejerce como profesor en la Universidad de Texas, al diario «The Washington Post». «Nunca estuvo asociado con el carisma que tenía su padre».

Fidel Castro, con su segunda mujer, Dalia Soto del Valle
Fidel Castro, con su segunda mujer, Dalia Soto del Valle-ABC

Tratar de determinar el número exacto de hijos del dictador es impracticable. La fama de mujeriego irredento le acompañó hasta su tumba. De forma reconocida, Fidelito tenía cinco hermanastros (Alexis, Alexander, Antonio, Alejandro y Ángel), hijos de Castro con su segunda esposa, la maestra Dalia Soto del Valle, y todos bautizados con nombres que comienzan con A por su gran admiración por Alejandro Magno. Su otra hermanastra es Alina Fernández Revuelta, hija de Fidel Castro con su amante Naty Revuelta. De su vasta prole, quienes han ostentado un papel más visible han sido Antonio Castro, médico ortopedista, y Alina, quien siempre repudió a su padre y huyó de Cuba en 1993 disfrazada y utilizando un pasaporte español.

Fidelito solo era uno más. No explotó su condición de primogénito, ni mostró nunca madera para suceder al viejo Castro aunque él fantasease con ello en alguna ocasión. Un figura empequeñecida y en parte, devorada, por su progenitor.