Los turistas se fotografían junto a los decorados de «Aida» e «Il Trovatore» en el mismo paseo

LAS FALLAS DE VERONA

Gigantescos decorados de Aida, Il Trovatore y La Traviata adornan estos días el centro histórico de la ciudad de modo que recuerdan a las Fallas valencianas. El fuego sería su fin en Valencia, pero en Verona, gracias a Verdi, las estatuas se consumirán en lágrimas

TEXTO Y FOTOS: JUAN VICENTE BOO/
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VERONA. El mayor teatro lírico del mundo lo construyó Diocleciano y acoge cada noche, a cielo abierto, a 15.000 espectadores. La temporada de ópera de La Arena, de mediados de junio a finales de agosto, trae cada año a Verona dos millones de turistas que, además de disfrutar el espectáculo nocturno, pasean por una ciudad convertida en un inmenso escenario.

Obsesionados por los juegos de gladiadores, los arquitectos de Diocleciano no pensaron ningún sistema para guardar los inmensos decorados de cinco óperas que se representan alternativamente en un escenario de 140 metros. ¿Qué hacer con los guerreros de «Il Trovatore», la muñeca de «La Traviata» y las esfinges de «Aida» la noche que se presenta «Rigoletto»?

La solución genial es transformar esos personajes fantásticos en grandes esculturas urbanas que convierten todo el centro de la ciudad en una gran ópera. Los feroces rivales de «Il Trovatore» tienen un puesto de honor frente al Ayuntamiento, donde los turistas los admiran y los aprovechan para fotos de recuerdo. Quienes prefieran un telón de fondo menos violento pueden fotografiarse, un poco mas allá, ante las doradas esfinges de «Aida» que, gracias a la maestría de los artesanos del Véneto, parecen de oro de verdad.

Lo más sorprendente es encontrar, junto al anfiteatro romano, una gran muñeca de trenzas rubias a la espera de su turno para salir a escena. Es parte del decorado de «La Traviata», y una vez situada en el escenario dejará minúscula a la «Descarriada», o sea, a la soprano Violetta Valery, que cantará hasta el último suspiro su desdichado amor por Alfredo.

El centro de la ciudad de Verona se parece mucho con tan gigantescos «atrezzos» a la Valencia de las Fallas. En la ciudad del Turia el fuego sería el destino cierto de las burlonas esculturas. Pero aquí las «fallas» se consumirán en lágrimas, porque este año hay mucha lágrima en Verona. Y es que «Madama Butterfly» completa un cartel en que, al final, mueren todas las heroínas: la geisha Cio-Cio San en Nagasaki, la esclava Aida a orillas del Nilo, Leonor en una fortaleza de Aragón y Gilda, la hija del bufón «Rigoletto», en el castillo ducal de Mantua. Unas se sacrifican por su amado y otras mueren junto a él. Desenlaces lacrimosos. La opera italiana -como dicen del fútbol- «es así».