La estrella que nunca se apaga

Meryl Streep recoge uno de sus innumerables premios, el que le entregó el American Film Institute por el conjunto de su carrera en 2004POR FEDERICO MARÍN BELLÓNNunca fue pequeña. ¿Alguien recuerda

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Meryl Streep recoge uno de sus innumerables premios, el que le entregó el American Film Institute por el conjunto de su carrera en 2004

POR FEDERICO MARÍN BELLÓN

Nunca fue pequeña. ¿Alguien recuerda haber visto una sola foto de Meryl Streep de niña? Hay actrices de cuarenta años que llevan más tiempo actuando en el cine, pero necesitarían otros cuatrocientos para intentar que sus carreras soportaran alguna comparación con la de esta mujer de Nueva Jersey que hoy cumple sesenta años.

Cuando las mujeres de cualquier generación lloran por la falta de papeles (un problema del que sólo se salva el cine porno), la carrera de Meryl Streep goza de una vitalidad que va en aumento, si cabe. Su versatilidad no tiene límites. Hace con la misma convicción un papel de monja preconciliar en «La duda» que el musical de Abba «¡Mamma mía!». Puede ponerle voz a una hormiga reina, volver junto a Robert Redford (esta vez sí lejos de África) como periodista en busca de exclusivas o dejar pequeño el ego de la auténtica dictadora de «Vogue» en «El diablo viste de Prada». Imaginen el papel más disparatado u odioso: ella conseguirá que la admiren.

Debut tardío

Antítesis del intérprete precoz, Streep es el perfecto ejemplo de que no hay nada como una buena preparación. Olvidemos su fase como animadora del equipo de fútbol del instituto, donde sin duda ya ofrecía más matices que sus compañeras. Después de unas clases de canto, la rubia se apuntó a un club teatral escolar y años después aprendió la base del oficio en la escuela de teatro de Yale, donde se licenció en 1975. Al año siguiente ya pisaba con fuerza las tablas de Broadway, donde afinó los instrumentos de su voz y de su cuerpo con diapasones tan ilustres como el «Enrique IV» de Shakespeare. Cuando Fred Zinnemann la llamó para debutar en el cine en «Julia», sola ante el peligro de dos compañeras como Jane Fonda y Vanessa Redgrave, ya estaba preparada para no pasar por la industria como una estrella fugaz. En efecto, en menos de un lustro aquella mujer no demasiado guapa ni demasiado nada ya había ganado dos Oscar.

¿Casualidad? En tres décadas ha sido candidata a 15 estatuillas, aunque no haya ganado ninguna más. Da igual los años que tenga, el acento que utilice o el género que dignifique; Meryl Streep siempre está ahí. En los Globos de Oro su dominio es aún más abrumador, con seis galardones en 23 oportunidades. Y lo que le queda.