El triunfo de la marca Cospedal
María Dolores de Cospeda - EFE

El triunfo de la marca Cospedal

La conquista de Castilla-La Mancha por el PP lleva la impronta de una mujer que no se arredra, ni en la vida pública ni en la privada

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Hace calor en la legendaria planta séptima de la calle Génova. Sobre todo, en la fachada a la que se asoma el despacho de María Dolores de Cospedal, bajo el implacable sol de un mayo tórrido. Ella está enfundada en un sobrio vestido azul marino de manga corta y despliega a su alrededor más energía que signos visibles de fatiga. «¿Que cuánto habré dormido durante la campaña? No más de cinco horas diarias, contando con las cabezadas del autobús...». El iPhone no le da tregua, y va encauzando los asuntos apremiantes con directrices concisas; a primera vista, no parece una mujer a la que se le puedan pudrir los problemas en un cajón.

Atiende los requerimientos internos («dime, presidente») y los domésticos («esta llamada es del colegio de Ricardo, por lo del campamento. Concilio como puedo. ¡Regular, como casi todo el mundo!»). Tres días después del 22-M, serena y afónica, entorna los ojos y evoca la noche de los comicios: «Quizá el momento que se me quedará más grabado es ese en el que fuimos comprobando que el apoyo de la gente había crecido en toda Castilla-La Mancha, pero sin la certeza de los escaños que íbamos a tener...». El domingo había pasado un día tranquilo «hasta que viajé desde Albacete a Toledo», donde veló el recuento de votos con sus allegados.

El colchón familiar

No hay peculiaridades llamativas en los antecedentes familiares de María Dolores de Cospedal. Asegura que las personas que más han marcado su vida han sido sus padres (ingeniero agrónomo y ama de casa), y que su infancia transcurrió plácida y tranquila, en Albacete, donde fue alumna de las Dominicas. «He tenido y tengo un ambiente familiar muy agradable. Mis padres han sido los dos hijos únicos, y por eso han fomentado siempre una relación sólida entre los tres hermanos. Además, nos han inculcado el sentido de la responsabilidad y de la austeridad». Pero como no todo puede ser modélico, ventiló la inevitable fase crápula cuando estudiaba Derecho en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid: «De eso también se aprende y, la verdad, me lo pasé cañón. ¡Sin paliativos!».

Poco convencional fue su decisión de convertirse en madre soltera cuando era consejera del Gobierno de Esperanza Aguirre. El niño tiene ahora cinco años y se llama Ricardo, como su abuelo: «Le mantengo absolutamente al margen de mi exposición pública. Es verdad que me ha dicho “mamá, has ganado en Castilla-La Mancha”, pero porque lo ha oído en el colegio. Tampoco da ninguna importancia al hecho de que yo salga en televisión, le digo que eso forma parte de mi trabajo y ya está».

Boda reciente

La secretaria general del PP, que había pasado por un fugaz matrimonio fallido, se casó hace dos años en Toledo con el empresario Ignacio López del Hierro, también separado: «Mi marido me acompaña en los momentos importantes de mi vida laboral. En ocasiones como la noche electoral, él está conmigo, y cuando es al revés por asuntos relevantes de su trabajo, yo estoy con él. Llevo con naturalidad que me acompañe». Así ha construido un sólido núcleo familiar, exhibe alianza en el dedo anular y dice que no imagina ocio más gratificante que «el de un día tranquilo con Ignacio y con mi hijo, sin prisas».

Es el remanso de la abogada del Estado que antes de opositar soñaba con ser artista, casi desde niña: «Ahí está mi gran frustración. Estudié ballet clásico, baile flamenco, y además no cantaba mal. Ahora he perdido mucha voz. Me apasionan todas las artes plásticas y el teatro. Y, ya ves, la Abogacía del Estado terminó siendo mi profesión ¡Casi el antiarte!». Lo de la política llegó rodado: «En mi cargo de funcionaria comprobé cuánto me gustaba el servicio público. Y mis puestos profesionales como abogada del Estado me han servido luego, desde otra perspectiva, en las áreas en las que he trabajado políticamente, tanto en Interior como en Obras Públicas o Servicios Sociales».

Idiomas y lecturas

Cospedal se desenvuelve con solvencia en inglés, lamenta haber dejado en barbecho su francés y siempre procura sacar un rato para leer, antes de irse a dormir, «ya sea novela negra, histórica, autobiografías o algún ensayo». A la campaña se ha llevado la última novela de Ángela Vallvey, y poco antes había terminado un libro de Manuel Chaves Nogales. Se declara taurina, «de Morante de la Puebla y del clasicismo de Ponce», y echa en falta las escapadas de placer («¡Hace tantísimo que no hago un viaje que no sea de trabajo!»). Pero su fidelidad al proyecto de Rajoy después de la derrota del PP en las elecciones generales de 2008 la colocó primero en la Secretaría General y después ante un reto político de primera magnitud: «Se había hecho pesar tanta responsabilidad sobre el resultado de Castilla-La Mancha... ¡No era fácil! No luchábamos solo contra una campaña sucia, sino contra un régimen. Vencer ha sido la culminación de un esfuerzo ímprobo». Y con enorme recorrido por delante.