Embajadora de la familia Marañón

BELÉN MARAÑÓN MOYABelén, tercera hija del doctor Marañón, ha muerto en domingo. En los domingos del cigarral toledano, participó con sus padres en la ancha hospitalidad ofrecida a tantos artífices de

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BELÉN MARAÑÓN MOYA

Belén, tercera hija del doctor Marañón, ha muerto en domingo. En los domingos del cigarral toledano, participó con sus padres en la ancha hospitalidad ofrecida a tantos artífices de la historia contemporánea. Había nacido en 1915, año en que su padre expuso desde la tribuna del Ateneo de Madrid la significación biológica de la doctrina de las secreciones internas, fundamento de su escuela endocrinológica.

En un viaje por varias ciudades europeas, realizado por el doctor Marañón en 1928, Belén fue la destinataria de unas cartas henchidas del humorismo peculiar de su condición de madrileño, en las que diseñó un manual de enfermería para niños. Porque niña era Belén en aquel tiempo en que mostraba inclinaciones sanitarias.

Belén auxiliaba al doctor Marañón en sus tareas de escritor. Traducía textos, hacía fichas y mecanografiaba originales, porque don Gregorio, hombre de su tiempo, escribía a mano, además de modo torrencial. Y como su pensamiento actuaba a mayor velocidad que la pluma sobre el papel, su escritura resultaba a veces tartamuda, falta de sílabas, por lo cual algunas líneas de sus textos eran ilegibles en el primer intento; no para Belén que alcanzaba a llegar siempre a lo más hondo del pensamiento de su padre, a quien adoraba.

La jefatura de aquella secretaría familiar del doctor Marañón la ostentaba de modo insustituible, doña Lola Moya, de tal modo que el ingenio de César González Ruano llegó a lanzar la especie de que don Gregorio veía a los enfermos y doña Lola «recetaba».

Belén llevaba el nombre de su abuela materna y tenía la impronta de los Marañón en su configuración física, en el carácter bondadoso y apacible. Vivía muy hacia adentro las incidencias del día a día de sus padres, siempre alerta; Carmen Araoz, su hermana mayor, era la diplomática de la familia; Mabel, «desempeñaba la embajada» en Londres, mientras que en Gregorio, el único varón, coexistía la gentileza de los Marañón y los Moya.

Belén era ya el último referente directo de la familia formada por don Gregorio Marañón y doña Dolores Moya, en 1911. Con ella se extinguen las relaciones casi centenarias, mantenidas con otras estirpes españolas que se pierden en el ocaso de la Historia.

MARINO GÓMEZ-SANTOS

Luis María Gonzalo Sanz

Ha fallecido en Pamplona, después de una dolorosa enfermedad, el profesor Luis María Gonzalo Sanz, catedrático de Anatomía y director del departamento de Anatomía de la Universidad de Navarra durante más de 25 años.

Son muchos los recuerdos de su persona que se agolpan en mi memoria en el momento de escribir estas letras. Recuerdo dos que retratan aspectos paradigmáticos de su relación con los demás. En julio de 1987 coincidimos en un congreso científico en Barcelona y me invitó a incorporarme al claustro de Anatomía de la Universidad de Navarra. Yo le planteé que unas semanas más tarde viajaba a Estados Unidos para realizar mis estudios posdoctorales con una beca en el Massachussets Institute of Technology. Inmediatamente cambió su discurso y se apresuró a animarme con mi viaje y a destacar la importancia de mi formación para mi futuro universitario. Me sentí muy a gusto con aquella conversación y animado con mi trabajo en la Universidad.

La otra anécdota se desarrolla cuando se jubiló como director del departamento y yo le sustituía. Me impresionó profundamente la categoría que demostró en este cambio: en todo momento me trató como un colega, de igual a igual, con un hondo respeto por mis ideas y planteamientos, aún siendo patente que era más de 30 años más joven y con una gran dosis de inexperiencia docente e investigadora. Esa capacidad de respeto por los demás y esa comprensión profunda de las realizaciones humanas han vertebrado una vida plena de servicio, de entrega a la Universidad, en la que generaciones de alumnos le recuerdan con gran respecto y cariño: Don Luis María era un hombre bueno y sabio.

Durante su vida no se quedó en el estudio de las ciencias médicas: siempre buscó una interdisciplinaridad que permitiese al médico adentrarse en los saberes sapienciales. Este aspecto me parece del todo central para los que trabajamos en la Universidad porque si con su ejemplo intentamos ser mejores personas, imitando sus deseos de interdisciplinaridad llegaremos a ser también más sabios y mejores universitarios. Descanse en paz, el profesor Luis María Gonzalo.

JOSÉ MANUEL GIMÉNEZ AMAYA

Catedrático de Anatomía y Embriología(UAM)

Ángel Miguel

El madrileño Ángel Miguel, uno de los golfistas profesionales españoles de mayor prestigio durante la década de los años cincuenta y sesenta, ha fallecido en Marbella a los 79 años. Ángel Miguel sumó triunfos en los Abiertos de España de 1955, 1961 y 1964; campeonatos de España de Profesionales de 1953, 1954, 1955, 1957, 1963 y 1965; o el Abierto de Cataluña de 1954. En el extranjero ganó, entre otros, el Abierto de México 1959, el de Chile 1962, Argentina 1962, Portugal 1954, 1956 y 1964, Alejandría 1954, Marruecos 1955, Holanda 1965 o el de Francia 1956.