Una editorial francesa publica una biografía de Mata Hari y costeará la revisión del juicio que la condenó a muerte

BRUSELAS. Amadeu Altafaj, corresponsal
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Margaretha Geertruida Zelle, Mata Hari, fue fusilada por los franceses en 1917 en el apogeo de la Primera Guerra Mundial tras ser declarada culpable de espionaje a favor de los alemanes en un turbio juicio militar. La editorial francesa Editions Italiques presentará el próximo lunes una biografía que denuncia las irregularidades del juicio y ha anunciado que pagará los costes para reabrir el proceso en Francia. El Ayuntamiento de la ciudad holandesa donde nació se ha volcado también en esta acción.

Bailarina exótica, cabaretera, espía, la verdadera historia de esta mujer nacida en Frisia, en el norte de Holanda, está todavía por escribir, pese a las numerosas biografías publicadas. Para ello, sería necesaria una revisión del juicio militar al que fue sometida en 1917, para lo que es indispensable la publicación de la documentación clasificada que sigue retenida en los archivos de los servicios secretos franceses.

Dos abogados galos presentarán el lunes en París una nueva petición de reabrir el proceso a la ministra de Justicia, Marilène Lebranchu, apoyados por el alcalde de Leeuwarden (la capital de Frisia), Loekie van Maaren, y el Museo Frisio de esa localidad. Están convencidos de que los servicios secretos franceses falsificaron las pruebas que sirvieron para condenarla. Y ese mismo día, se presentará en la capital francesa la nueva biografía de Mata Hari, publicada por Editions Italiques, que se hará cargo de los costes de un nuevo proceso, si accede a ello la ministra.

Gerk Koopmans, el conservador del Museo Frisio en Leeuwarden, que comprende una importante sección dedicada a esta legendaria anti-heroína de la Primera Guerra Mundial, consideró «muy alta» la probabilidad de que se reabra el caso, en declaraciones al diario holandés De Telegraaf, a pesar de que la antecesora de Lebranchu, Elisabeth Guigou, rechazó dos peticiones en este sentido, la última en septiembre de 1999.

Según Koopmans, Mata Hari «fue sin duda una agente doble, pero no cometió los actos por los que la condenaron». Cree que «con este proceso, los franceses obtendrán las pruebas irrefutables de que fue reclutada, entrenada y remunerada por los servicios secretos alemanes», porque después de «la Gran Guerra» fueron divulgados documentos de los archivos de los servicios secretos alemanes que atestiguaban que, efectivamente, realizó tareas de espionaje. «Era ciertamente culpable, pero los franceses no disponían de pruebas cuando celebraron ese juicio. Fue acusada de enviar telegramas codificados a los alemanes pero en realidad jamás hizo eso. Los franceses carecían de pruebas pero aun así la encausaron», señaló el investigador holandés.

En el apogeo de la contienda, cuando ya cientos de miles de soldados se habían dejado la vida en las trincheras en una barbarie de proporciones hasta entonces desconocidas, las autoridades francesas y la prensa de la época ofrecieron al pueblo la cabeza de Mata Hari, que presentaron como una mujer fatal y una espía diabólica que pasó información esencial a los alemanes. La tesis de la manipulación ha sido defendida por un número importante de historiadores y estudiosos del personaje, como el catedrático de Derecho francés Léon Schirmann, que apoyó la anterior petición de reapertura del caso.

Existe, sin embargo, un obstáculo mayor a la revisión del juicio: los documentos correspondientes de los archivos de los servicios secretos franceses tienen un carácter reservado durante 100 años, con lo que la información sobre el «caso Mata Hari» no sería teóricamente accesible al público hasta 2017, salvo que una orden ministerial permitiera desclasificarlos.