Dolce far niente: De ratones y hombres

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Vamos por la vida sacando pecho, pavoneándonos con el garabato de una marca de moda sobre la tetilla izquierda, fardando de móvil, de coche, de caché, y llega Craig Venter a El Escorial y asegura con pruebas en la mano que humanos y ratones tenemos los mismos genes. En fin, que apenas nos diferenciamos de ellos en lo accesorio (el garabato de marca, el dichoso móvil, el coche y el caché). Tanto tiempo con la nariz levantada como quien olfatea algo desagradable, mirando a otros congéneres con la displicente suficiencia de un Beau Brummel y acumulando trienios con tenacidad estajanovista para que ahora nos tengamos que mirar en el espejo de Mickey Mouse.

Imposible, pues, ser más listos que los ratones colorados, como mucho sólo igual, pese a que episodios comoi los de Gescartera nos pongan los ojos como platos por esa mezcla tan ratonil (tan humana) de astucia y avaricia. En este punto, meto la nariz en el frigorífico a ver que es lo que hay y, tan oportuno como siempre, me asalta el filósofo de guardia con una frase de Giovanni Papini: «Los astutos vencen siempre en el primer momento y suelen ser vencidos antes del fin», y otra de Juvenal: «El deseo del dinero crece tanto cuanto el dinero mismo». ¿Quién se ha llevado mi queso?