Diego Botín durante un entrenamiento en Santander
Diego Botín durante un entrenamiento en Santander - EFE

Diego Botín: «A día de hoy está claro que no voy por el camino de la banca»

Pertenece a la famosa saga banquera española, pero lo suyo son las regatas. Luchará por el oro en los Juegos de Río

MADRIDActualizado:

«Dadme un banco y dominaré el mundo». Ésta era unas de la máximas vitales del siempre admirado Emilio Botín, el patriarca de una saga familiar que ha controlado el sector bancario español durante más de 100 años. Pero por las venas de los Botín no sólo corre la sangre financiera y la sagaz visión para los negocios, sino también el salitre. Una profunda pasión por el mar, el deporte y el espíritu de superación. «Dadme un barco y dominaré el mundo». Ése podría ser bien el leitmotiv que rige el día a día de Diego Botín, un atractivo joven de 22 años, campeón europeo de las clase 49 er de vela. Su abuelo es Jaime Botín, el que fuera presidente y mayor accionista de Bakinter y hermano del desaparecido Emilio Botín, fallecido en septiembre de 2014.

Diego se dejó seducir muy pronto por el mar, cuando aún ni siquiera se atisbaba en el horizonte la posibilidad de dedicarse profesionalmente a ello. «Mi primer curso de navegación lo hice en verano a los 7 años, aunque ya me había subido a una barco antes», relata a este periódico desde Inglaterra, donde hace unas semanas participaba en un torneo deportivo.

A pesar de su corta edad, ya empieza a forjar un excelente palmares. El cántabro quedó cuarto en el Campeonato del Mundo de Vela en 2014. Se le resistió la victoria, algo que le hubiera hecho especial ilusión ya que el torneo se celebró en su tierra natal donde se ha empapado de esa fascinación por los deportes marítimos. «Siempre he vivido cerca del mar, concretamente en Santander donde nací. Creo que fue la pasión de mi padre por navegar lo que hizo que tuviera tantas ganas de iniciarme. Le veía a él navegando y me sentía muy atraído. A partir de ahí, no he podido dejarlo», declara.

Camino a los Juegos Olímpicos de Río

Junto al gallego Iago López, de 25 años, representará a España este verano en los Juegos Olímpicos de Río. El llegar hasta aquí no ha estado exento de dificultades y sacrificios, aunque él siempre prefiere quedarse con la parte positiva. Ensalza la labor de sus padres y sus entrenadores, tratando de restarse importancia a sí mismo en sus méritos. «Creo que he tenido mucha suerte en el camino, sobre todo con la gente con la que me ha tocado trabajar. Después de ese primer curso de verano, me apunté a la escuela de regatas del Centro Especializado de Alto Rendimiento (CEAR). Ahí nos juntamos un grupo de chavales con Rubén Morán como entrenador. El ambiente y la situación hizo que a día de hoy muchos de ese grupo sigamos ligados a este mundo. Para mí, Rubén y mis padres son las personas más influyentes. Muchos de los valores por los que hoy me rijo me los han enseñado ellos».

La vida de Diego transcurre permanentemente con una maleta bajo el brazo. «Cuando estoy en casa intento aprovechar al máximo el tiempo, pero no es mucho la verdad. Echo de menos el surfear. A pesar de todo, aunque no sea lo mismo, hoy en día puedes estar en contacto con quien quieras donde quieras», relata con cierta añoranza en sus palabras.

Cuando le preguntan por sus referentes en el mundo de la navegación, además de a su familia, menciona con orgullo el nombre del Rey Felipe, uno de los grandes embajadores de las regatas y la vela. «Coincidí con él en el CEAR de Santander cuando vino a saludar a los participantes españoles en el Mundial de Santander 2014. Es un apasionado del mar y me gustaría mucho compartir experiencias con él».

A pesar de sus raíces y de pertenecer a una de las familias de banqueros más influyentes, Diego no se plantea seguir sus pasos. «En este momento estoy haciendo un curso de diseño de barcos a distancia. A día de hoy está claro que no voy por ese camino, pero nunca se sabe». A Diego tampoco le faltan referentes en la familia en el ámbito de la arquitectura naval. Su tío Marcelino Botín es uno de los mejores diseñadores navales del mundo. Sus manos han trazado auténticas obras de ingeniería para la Copa América y fue el responsable de la embarcación ganadora del trofeo Luois Vuitton. Por si fuera poco, su padre Gonzalo, hermano de Marcelino es el armador de barcos que han hecho historia como el Tales II, ganador de prestigiosas regatas. Ahora Diego continúa escribiendo la historia de esta saga familiar.