Carles Vilarrubí y Sol Daurella
Carles Vilarrubí y Sol Daurella - EFE

Sol Daurella, la chispa de la fortuna de la reina de Coca-Cola

La pareja Daurella-Vilarrubí lidera de manera discreta la «high class» barcelonesa

BARCELONAActualizado:

En una sociedad, la catalana, aparentemente refractaria a eventos sociales de los que se montan con photocall -«eso es muy de Madrid», señala con displicencia la gente bien por estas latitudes-, la pareja formada por Sol Daurella y Carles Vilarrubí sería lo más cercano a una jet barcelonesa: riquísimos, con estilo y cada vez menos reacios a dejarse ver en público. Lo de «riquísimos» no es un recurso periodístico, especialmente si se habla de Daurella, heredera de Cobega y desde este verano flamante presidenta del gigante embotellador Coca-Cola European Partners.

Señalada esta semana por «Forbes» como la segunda mujer más rica de España (fortuna estimada de 3.700 millones), solo por detrás de Sandra Ortega, hija de Amancio Ortega y de la fallecida Rosalía Mera, Daurella brilla en el siempre matizado espectro de la high class barcelonesa. Completa el podio de las ricas de España Ana Botín, que en el ranking de 2014 ocupaba el puesto de Daurella.

Como una perfecta síntesis de lo que es una parte muy notoria de la alta burguesía catalana, en la pareja Daurella-Vilarrubí confluyen dos maneras de llegar a la riqueza: la de quienes hicieron fortuna bajo el paraguas del franquismo, en el caso de los Daurella, y la de quienes supieron crecer y hacer negocios bajo la protección del nacionalismo pujolista, en el caso de Vilarrubí. Esto último, precisamente, es lo que le está trayendo ahora serios problemas judiciales a Vilarrubí, íntimo de Jordi Pujol Jr. e imputado en la trama del 3 por ciento.

Suiza, Berkeley...

Precisamente, cuando hace pocas semanas se lanzaba una basta operación contra el clan de los Pujol, la Guardia Civil irrumpía con un registro en casa de los Vilarrubí-Daurella, lo que permitió atisbar el bellísimo palacete en el que conviven en la zona alta de la ciudad -nada ostentoso de puertas afuera, muy a la barcelonesa-. Si para bien y para mal hasta ahora ha sido Vilarrubí quien ha acaparado más proyección pública -sobre todo desde su cargo como vicepresidente del Barcelona-, Sol Daurella, por méritos empresariales, ha frecuentado mucho más las páginas salmón de la prensa económica.

Formada en Suiza, MBA por Esade y con un máster en Berkeley (EE.UU.), Sol Daurella es el rostro de la tercera generación de los Daurella, desmintiendo el tópico aquel de la empresa familiar que señala que el abuelo funda la empresa, el hijo la tuerce y el nieto la liquida. No es el caso, ni mucho menos. Sol propició primero la fusión en una única empresa de las distintas embotelladoras españolas, para luego, en una jugada de mayor alcance, y siempre de la mano de la sede central de Coca-Cola en Atlanta, unir en una única megaempresa -cotizada en las bolsas de Ámsterdam, Nueva York y Madrid- a las embotelladoras europeas. Sol es su presidenta.

Con este cómodo colchón, y la atención mediática que ello conlleva, Daurella trata de mantener cierta discreción, alternando el negocio con una faceta más social, aunque siempre de tono bajo, como patrona y presidenta, por ejemplo, del Teatro Nacional de Cataluña. «Nada que ver con el afán de figurar de su marido, mucho más deseoso de foco», explican fuentes de su entorno, que señalan por otra parte el contraste entre uno y otro: de expresión castellana y alejada de la política ella, fuertemente comprometido con el nacionalismo catalán su marido.

En cualquier caso, los entuertos judiciales de Vilarrubí no parecen hacer mella en la pareja -ambos casados en segundas nupcias-, y cuya estabilidad ha sido motivo de especulación en los mentideros del «upper Diagonal», como se conoce medio en broma la zona alta barcelonesa. Con casa en Barcelona, Madrid y otros emplazamientos selectos, entre ellos La Cerdaña (Gerona), donde coinciden otros ilustres, como el exministro Josep Piqué, los Vilarrubí-Daurella reinan en lo más alto de la high society catalana.