Una de las camisetas de Custo Barcelona presentadas en Nueva York

Custo Dalmau : «sigo siendo un camisetero»

NUEVA YORK. SILVIA CASTILLO
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Contagiado por el ritmo frenético de Manhattan, Custo Dalmau no para quieto. De avión en avión, del «showroom» a la tienda que está a punto de abrir en pleno Soho neoyorquino, de la butaca al burro donde cuelgan las prendas de su última colección. El diseñador de Custo Barcelona vive en un puro salto las horas previas a su presentación en la sala Gertrude de Bryant Park, donde esta semana algunos de los grandes de la moda han mostrado sus propuestas para la primavera-verano 2004. El pasado miércoles la firma española celebró su decimoquinto desfile en la Fashion Week de Nueva York, en la que, al igual que Calvin Klein, Carolina Herrera, Donna Karan, Ralph Lauren, Marc Jacobs o Michael Kors, es ya un nombre habitual. No en vano, Custo Barcelona (la marca que regenta Custo junto a su hermano David) es todo un fenómeno mediático y comercial, ya que actualmente vende más de tres millones de prendas al año, una cifra récord para un diseñador español, el único que en los últimos tiempos ha exportado una tendencia. Sus camisetas, cuajadas de grafismos y con una acertada mezcla de los más dispares tejidos, hacen furor en Hollywood, donde las llevan desde Julia Roberts a los protagonistas de «Friends».

Con más de tres mil puntos de venta en el mundo, a las 19 tiendas propias con que ya cuenta de Barcelona a Pekín pasando por Chicago, piensa añadir en los próximos meses las de Milán, Roma, París, Florencia, Bruselas y Cancún. No extraña así la expectación que Custo había despertado por ver su desfile. Cientos de periodistas en las gradas y en primera fila, el embajador español en Naciones Unidas, Inocencio Arias, y su esposa, Ludmilla Winogradov; la actriz Cayetana Guillén Cuervo y los bailarines del American Ballet Theatre, Ángel y Carmen Corella, entre otros. Antonio Banderas y Melanie Griffith, que tenían previsto acudir, enviaron un ramo de flores al creador, ya que ese día tenían doble función de sus respectivos espectáculos, «Nine» y «Chicago».

-Todo empezó con la vuelta al mundo en moto. Hasta llegar aquí, ¿cómo ha sido ese viaje?

-Yo estaba estudiando Arquitectura. Cuando hice el viaje en moto, al llegar a California vi por primera vez las camisetas estampadas de los surferos, me sorprendió mucho. Yo quería estudiar Arquitectura porque pensaba que era una carrera creativa, y lo es, pero cuando has terminado; los primeros años es más bien técnica. Regresamos a Barcelona y empezamos a hacer camisetas. Al principio nos fue bien y luego tuvimos problemas. Como estaba muy mal la economía en Europa decidimos venir a EE. UU. Estuvimos siendo camiseteros mucho tiempo y, de hecho, sigo siendo camisetero. Si ves una camisa, es una camiseta con forma de camisa, el concepto sigue siendo el mismo.

-Su estilo es reconocible a primera vista. Con unas señas de identidad tan marcadas, ¿cómo se reinventa cada temporada?

-Lo importante es saber cuáles son tus límites porque puedes hacer cosas muy buenas, pero que no correspondan con tu identidad. Creo que la base de reinventarte reside en buscar nuevos elementos que te permitan enriquecerte a base de color, a base de grafismo, que es muy importante para nosotros, a base de materiales, a base de siluetas... pero siempre y cuando sepas que hay un límite del que si te sales ya no eres tú.

-¿Qué papel juegan las tendencias en esa evolución?

-Las tendencias no nos preocupan, nunca las seguimos. Sólo nos interesan para estar informados de lo que pasa en el mercado; esto es un negocio, hay una industria y hay que saber lo que pasa dentro de ella.

-Sin embargo, en su colección para el próximo verano, el mayor uso de los colores pastel y la inspiración sesentera sí coinciden con las tendencias imperantes.

-Sí, parece que la tendencia coincide con la decisión que hemos tomado. Nuestra filosofía es la misma, pero el colorido ha tenido un cambio importante. Hace siete años que no utilizábamos colores pastel y hemos apostado por ellos, por tonos más neutros. Llevábamos siete años con colores fuertes, es un ciclo, como los siete años de vacas flacas y siete de gordas.

-En su caso, parece que la racha de las vacas gordas dura algo más.

-¡Ojalá! (risas) Que dure, que dure... Llevamos 21 años en esto de la moda y si llegar no es fácil, mantenerse tampoco. Pero, como he dicho antes, es cuestión de evolucionar sin traspasar los límites para no perder tu identidad.

-Después de la tragedia del 11-S todo el mundo se vio afectado, algunos diseñadores sufrieron una gran crisis. Custo, sin embargo, está a punto de abrir su primera tienda en Nueva York, en pleno Soho.

-Antes del 11-S encontrar un espacio disponible en esta zona era imposible y ahora está medio Soho en alquiler. Esto ha cambiado mucho. Hoy el Soho es un barrio de moda en Nueva York para turistas y la ciudad sufre de falta de turismo en general.

-Instalado en el reconocimiento internacional, ¿qué le hace falta a la moda española para crecer fuera?

-Falta el empresario de moda. El diseño sin un buen vendedor se queda sólo en un bonito proyecto. Creo que en España hay gente buenísima. Nosotros trabajamos con grafistas españoles que hacen cosas increíbles. Se puede crear algo nuevo, pero tienes que saber venderlo. Es una necesidad vender y salir fuera de España. Aparte, ahora mismo no hay barreras en ningún lado.

-¿Y vender dentro?

-Nosotros exportamos el 90 por ciento de nuestra producción, pero del 10 por ciento que se queda en España yo diría que más de la mitad es para el turista. En Ibiza, por ejemplo el 80 por ciento de nuestros compradores son extranjeros.

-Quizá el español es todavía conservador para su estilo.

-Yo al español no lo veo conservador, pero tal vez nuestro producto lo entienden mejor los italianos, los franceses, los ingleses, los americanos, los japoneses... En Italia, afortunadamente, son unos obsesos de la moda.

-¿Volvería a desfilar en España?

-Como acto gratificante nos gustaría desfilar en el sitio del que procedemos, pero... Hay una dualidad entre Madrid y Barcelona que lo que hace es diluir más la convocatoria que hay en España. Habría que tratar de hacer una convocatoria única mucho más potente y hay que atraer a la prensa internacional.

-¿Le quitan el sueño las imitaciones?

-Tienes que digerir la pastilla de que cuando tienes una cosa que funciona bien, siempre hay gente que lo copia.