Cuando Claudia dejó de ser la Schiffer

Por BEATRIZ CORTÁZAR
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Una nueva decepción. Otro jarro de agua fría. Está claro que no por esperadas y anunciadas las exclusivas luego cumplen con los pronósticos. Tal como está el cuché últimamente se podría decir justamente todo lo contrario. Pasó con la boda católica-balinesa de la modelo Nieves Álvarez (hay que decir que muchas señoras preguntaban a su quiosquero quién era esa señotira que ocupaba la portada de la revista) y ha vuelto a pasar, parece mentira, con la bien pagada boda de la alemana Claudia Schiffer celebrada en su mansión de estilo Tudor en Suffolk. Nunca pensé que un día alguien pudiera ni siquiera pensar que la Schiffer, la mujer que tambaleó las pasarelas, que rompió los presupuestos económicos de todos los diseñadores y que fue la cara más mimada de las revistas femeninas, llegara a estar poco favorecida justamente el día de su boda. Pues ha pasado. Bueno, pasa esta semana al contemplar su enlace en «Hola» (por esta boda han vuelto a adelantar su salida al mercado siguiéndole la estela «Semana» y «Lecturas» y quedándose únicamente «Diez Minutos» para los lectores de los tradicionales jueves) y observar sin necesidad de lupa que la Schiffer ha perdido el encanto de siempre, la lozanía de su rostro y la grandeza de sus curvas para aparecer vestida de novia (diseño impecable de Valentino) como una mujer extremadamente delgada -llega a preocupar- con demasiados brillos y sudores en la cara, con el pelo tan planchado y decolorado que le hace un efecto extraño en la frente, con unas fotografías desenfocadas y sin ningún invitado de lustre, tipo Madonna, Sting, Elton John...-para que posara a su lado. Una nada favorecida Claudia con su marido, con sus hermanas, con su madre, con Valentino y con una sonrisa que se repite en casi todas las imágenes, no era lo esperado. Cualquier fotografía de la Schiffer en cualquiera de sus desfiles es mucho mejor que cualquiera «del día más importante de su vida». Tal vez el secreto para entender esta contradicción sea en querer acercar a la realidad a las diosas de la belleza. Sobre sus pedestales o pasarelas son inalcanzables, sobre la tierra, tan vulnerables como cualquiera.

Los ministros se unen para el regalo de boda

Al final todos los ministros del Gobierno han decidido que lo más conveniente para evitar situaciones comparativas o comentarios de doble filo era unirse y crear un fondo común para el regalo de boda de Ana Aznar y Alejandro Agag. Un ministro, hombre para más señas, será quien se encargue de elegir el regalazo que firmarán en la misma tarjeta los 17 representantes de las carteras ministeriales. Se cree como más probable un juego de café en plata de ley, aunque todo dependerá de la contribución que se acuerde y que harán todos por igual y cuya cifra podrá oscilar entre las 40.000 y 80.000 pesetas.