Mohammad Reza Pahleví y Soraya Esfandiary, en 1954
Mohammad Reza Pahleví y Soraya Esfandiary, en 1954 - ABC

Coro de exóticas princesas

Noor de Jordania quedó viuda de ojos verdes, y se puso a vivir con el calendario repartido entre Londres y Nueva York

MadridActualizado:

Noor de Jordania quedó viuda de ojos verdes, y se puso a vivir con el calendario repartido entre Londres y Nueva York. En eso está, todavía. Tuvo mucha vida social en Jordania, cuando vivía su marido, Hussein, pero desapareció de aquella órbita, mientras prosperaba en el trono su hijastro. Podríamos decir que Noor es una archifamosa, zona noble internacional, solo que la archifamosa se deja ver poco, o lo justo.

Algo parecido pasa con Mozah bint Nasser, la jequesa de Qatar, que fuera la primera dama del país con mayor renta per cápita del planeta. Está más bien dimitida del gran escaparate internacional. He aquí dos figuras cimeras de las «consortes árabes de álbum», digamos, pero que han ido recayendo en el mayor o menor olvido, una veces por voluntad propia, y otras no tanto, pero siempre retranqueadas del foco primero por causas de vínculo sentimental.

Noor y Mozah son dos figuras que tienen parentesco, o precedente, en Soraya, Soraya Isfandiary, la Princesa de ojos tristes, aquella joven de hechizada belleza que se casó a los 19 años con Mohammad Reza Pahleví, en Teherán, bajo el esplendor de una boda que pudiera abrir o cerrar página en una reedición alegre de «Las mil y una noches». Soraya era hija de un alemana y de un jefe de tribu iraní. Phalevi tenía, en la fecha nupcial, 36 años, y venía de un matrimonio con la Princesa Pawzieh, hermana del Rey Faruk de Egipto, con que ya había tenido una hija. Aquello duró lo que duró. El Sha, siete años después de las nupcias fastuosas, repudió a Soraya, por estéril. Soraya no le olvidará nunca, y a él se refirió siempre como «mi marido». Por ahí circula, esclarecedoramente, su propia confesión: «Lo amé desesperadamente, pero al final venció la razón de Estado».

Dicen de Mozah que está detrás de imperios de la moda como Balmain, o Valentino. Cuando viaja es una foto segura de portada, aún, entre la morena mitológica y un anuncio de gafas italianas. Noor tiene amistad con la Reina Sofía, y habla poco en público, o muy poco, salvo cuando toca alguna causa benéfica de su cercanía, o bien a propósito de los logros de la organización Colegios del Mundo Unido, de la que es presidenta.

En este coro rápido de princesas de exotismo también podríamos incluir a la Princesa Muna, madre del marido de Rania, y segunda esposa del rey anterior, Hussein. Muna creó en el 1962 la Facultad de Enfermería y la primera Escuela Oficial de ATS en Amman. Nació en Reino Unido con el nombre de Toni Gardiner, se convirtió al Islam, y se divorció tras 11 años de matrimonio. Sigue vinculada a la política sanitaria jordana, aunque bajo menores ecos que hace temporadas. Estuvo en la boda de Don Felipe y Doña Letizia. Mozah tiene algo de giganta del estilismo, un estilismo muy celebrado, por cierto, entre los poetas del lujo. Consta como una de las tres esposas del emir Hamad bin Khalifa, pasó la infancia en el exilio egipcio, y tiene una hija, Sheikha Al Mayassa que acaso no ha heredado su embrujo completo, para el escaparatismo mundial, pero que domina todas las órbitas del arte en Oriente Medio. Soraya murió en París, a los 69 años, en soledad.