Juan Antonio Corbalán
Juan Antonio Corbalán - Maya Balanya

En la consulta del doctor Corbalán: «Los deportistas ahora son esclavos de su popularidad»

Leyenda del baloncesto y cardiólogo de prestigio, nos advierte sobre el «exceso de ejercicio»

Madrid Actualizado: Guardar
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Cualquiera que fuera joven en los años 80 tiene muy presente aquella plata olímpica del baloncesto español en Los Ángeles 84. Y por supuesto, la paliza previa en semifinales a la Yugoslavia de Drazen Petrovic (gesta que los Nikis cantaron en la impagable «El imperio contraataca»). Cuando a Juan Antonio Corbalán (62 años), base en aquella época de la selección y del Real Madrid -el mejor, en opinión de muchos-, se le pregunta si hoy le reconocen por la calle, responde con humor y cierta nostalgia: «Los mayores de 50 años, que eran los chavales de entonces, sí. Pero los que tienen menos de 30 no saben ni quién soy».

Hoy, amén de una leyenda de nuestro deporte, Corbalán es un reconocido cardiólogo que dirige la Unidad de Medicina y Ciencias de la Actividad Física en la clínica Vithas Internacional. «Es un proyecto precioso, pues por fin el mercado ha tomado por los cuernos poner rigor esto que llamamos medicina deportiva», declara a ABC en su primera entrevista tras la apertura de este centro. «Reunimos en un medio hospitalario prevención, curación y recuperación. Aquí buscamos que la medicina deportiva no esté asociada a soluciones milagrosas de determinados gurús, sino a la seriedad y evidencia científica», explica quien bien sabe que los prodigios no existen.

Al límite

Su hijo Nacho, cuando jugaba en el equipo de Alcobendas, tuvo una rotura de ligamentos que le cortó las alas para convertirse en el sucesor de su padre. «El deporte profesional llevado al límite es perjudicial para la salud», asegura Corbalán. «De alguna manera se cobra un precio en el cuerpo. Cualquier persona de más de 45 que va a hacer ejercicio a una edad de riesgo, debe pasar antes por un especialista», afirma. En su opinión, «tienen que hacer ejercicio el infartado, la osteoporótica, el diabético, el que tiene el colesterol alto… Pero siempre de forma programada y controlada».

Corbalán achaca su «regular» forma física a su etapa de jugador profesional. «Tuve un sobre uso continuado del deporte durante casi 15 años, y se comió parte de mis articulaciones», se lamenta. Recuerda aquellos años con inmenso cariño, pero reconoce que no echa de menos la agónica la necesidad de tener que demostrar algo a alguien, «sobre todo ahora que los deportistas son esclavos de su propia popularidad, y prisioneros de los medios de comunicación. En nuestra época podíamos llevar una vida más normal».

Un leve recuerdo

¿Queda algo de aquel joven base del Real Madrid y de la selección? «Me gustaría que quedara más, aunque se ha convertido en un leve recuerdo. Pero las partidas de la vida hay que jugarlas con las cartas que te salen en cada mano, y hoy tengo ilusión y este proyecto apasionante, desde donde puedo acometer ese impulso interno».

Ahora, en su día a día se considera un «usuario» más del deporte y cree que «de la misma manera que un profesional entrena para ganar medallas, las personas deben entrenar para ser felices».

Juan Antonio Corbalán en la final olímpica EE. UU. -España, de los Juegos de Los Ángeles de 1984
Juan Antonio Corbalán en la final olímpica EE. UU. -España, de los Juegos de Los Ángeles de 1984- G. Cruz

El jugador de baloncesto más bajo de su época sigue tirando a canasta con sus amigos, entrena una hora durante cuatro días a la semana y los fines de semana camina de 10 a 12 kilómetros por la madrileña la Casa de Campo. «Prefiero caminar rápido que correr lento, porque el golpe de la cadera te machaca los cartílagos», puntualiza. El pasado año protagonizó el documental «El camino acaba en Obradoiro», recorriendo las seis últimas etapas del Camino de Santiago con su familia, para recaudar fondos para la Beca Corbalán de la Fundación Heracles, que busca fomentar el baloncesto y sus valores.

Siempre ha mantenido su vida alejada de los focos -la única relación que se le conoce fue con la actriz Ana Milán en 2008, con la que rompió días antes de su anunciada boda-, pero cuenta que está «felizmente casado» y tiene dos hijos, Nacho y Beatriz, que se dedican, respectivamente, al mundo de la moda y de la comunicación y relaciones públicas. ¿Tuvo que renunciar a su vida privada por la competición? «Solo a salir con los amigos los fines de semana», reconoce. «Mi actividad precozmente profesional me obligo a jerarquizar muy bien las cosas que tenía que acometer en mi jornada».

El deporte también le llevó hacia una alimentación saludable, aunque no excesivamente rígida. Para él, la clave es «no abusar». «El peor alimento que tenemos en Occidente es el exceso de comida. Como decía Francisco Grande Covián, una autoridad en el campo de la nutrición, hay que comer de todo, pero en platos de postre».

En cuanto al alcohol, el exbaloncestista no pone objeciones a la cerveza, que considera compatible con la vida deportiva, siempre que se haga un buen uso de ella (no más de medio litro en un par de veces o tres a la semana): «Tiene la misma composición organoléptica que las bebidas isotónicas (antioxidantes, vitaminas del grupo B y aminoácidos) y es natural». Pero, ¿se imagina celebrar una Copa de Europa o una medalla olímpica con agua? «Es el suplemento más maravilloso que tenemos -dice- y como es tan común, la gente no lo toma en cuenta. Para vivir mucho y bien recomiendo una dieta saludable, cuidar el peso, mantener una hidratación correcta y practicar actividad física regular, programada y prescrita».