Concha Velasco y Paco Marsó: infidelidades, deudas y mentiras

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Hasta la fecha no había hablado y de ahí que la presencia de Paco Marsó en el programa «Salsa rosa» tuviera todo el morbo del mundo para saber hasta dónde iba a llegar el ex de Concha Velasco en sus confesiones. El silencio de antaño respondía a que eran muchas las cosas que había que callar y que si se exponían sólo conseguirían abrir una polémica que puede ser muy ácida en el caso de que las verdades salieran a la luz y se relataran aquellos capítulos íntimos que sólo pertenecían a la pareja.

Marsó hizo su aparición estelar en el papel de «yo soy el culpable de todo», reconociendo que había sido infiel a su esposa, pero matizando que no muchas veces (¿a partir de cuánto se contabiliza mucho?) y que le había engañado con profesionales del sexo (de las que cobran a cambio de servicios), se entiende que con el dinero que ganaba su esposa, quien lleva en activo desde que era casi una niña y ha pasado por épocas tan productivas como hacer una obra de teatro, rodar una serie y presentar cualquier bolo que surgiera sin que al día de hoy tenga otra cosa que deudas. Desde luego, Velasco se merece la medalla al mérito en el trabajo y la paciencia.

Con esa sinceridad, Marsó también reconoció que en el casino había noches que podía perder casi un millón de pesetas para acto seguido aclarar que otras ganaba catorce millones. Sinceramente, aún está por descubrirse el millonario de casino, puesto que el noventa y nueve por ciento son arruinados de la ruleta.

De todas sus confesiones estoy segura que lo que más le duele a la actriz es cuando Marsó se refiere a ella como a una hermana y explica que antes de separarse llevaban siete años durmiendo separados. Lo de las profesionales, el casino y los negocios arruinados me da que Velasco lo tiene más que asumido (a fin de cuentas Hacienda somos todos), pero lo de que la quiera como una hermana es lo más humillante. Y por ahí sí que no pasa. Para tranquilizarse, a Concha le recomiendo el libro que acaba de presentar Rosa Villacastín, «Querido imbécil», donde retrata a esos hombres que no han sabido adaptarse a los tiempos de hoy. Seguro que le suena.

EN SU PUNTO

BEATRIZ CORTÁZAR