Los mil cien detalles de la boda

Por BEATRIZ CORTÁZAR
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No es una boda de Estado pero sí es cierto que en España es la primera vez que asistimos a la boda de la hija de un presidente del Gobierno en ejercicio y eso ha hecho que la ceremonia adquiera nuevas dimensiones alejadas de la sobriedad y la normalidad que la familia de los contrayentes se empeña en defender.

Mil cien invitados acudirán a la ceremonia religiosa que oficiará hoy el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en la basílica del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, enlace que contará con la asistencia de Sus Majestades los Reyes. A las siete en punto de esta tarde la única hija de José María Aznar y Ana Botella, Ana, llegará al Monasterio del brazo de su padre. Minutos antes, habrán entrado en el templo Ana Botella acompañada por sus dos hijos, José María y Alonso así como el novio, Alejandro Tarik Agag, quien lo hará del brazo de su madre y madrina del enlace, Soledad Longo. Como ya ha informado ABC, entre los invitados se encuentran los primeros ministros de Italia, Silvio Berlusconi; de Gran Bretaña, Tony Blair; de Portugal, José Manuel Durao Barroso, y el presidente de El Salvador, Francisco Flores. Blair y Berlusconi además firmarán como testigos de este enlace. Tampoco faltarán personalidades del mundo del espectáculo, las finanzas o la cultura.

Desde Raphael a Julio Iglesias, desde Tina Sainz a José Luis Garci. Hoy se sabrá si finalmente Plácido Domingo acudirá a El Escorial, donde sí se espera a otros como Alberto Cortina y Elena Cué, Alberto Alcocer y Margarita Hernández (¿se entiende que no estarán las hermanas Koplowitz?); Emilio Botín y Paloma O´Shea; el llamado clan de Becerril donde figura en primer lugar Adolfo Suárez Jr.; el Gobierno al completo así como algunos presidentes de las distintas Comunidades, ex presidentes extranjeros como es Andrés Pastrana quien, junto a su mujer, mantiene una estrecha amistad con los Aznar; y de ahí hasta 1.100, de los que 400 van por parte de Agag, quien tendrá como testigo al italiano Flavio Briatore, responsable técnico de la Renault para Fórmula 1 y conocido «play boy».

Un noviazgo fulminante

Los 20 años de la novia (31 el contrayente) llaman tanto la atención como la rapidez con la que se han desarrollado los acontecimientos. La pareja, que se conocía desde hacía casi siete años, puesto que Agag fue uno de los ayudantes que circulaban por La Moncloa, vivió su particular flechazo hace exactamente un año cuando en agosto de 2001 fue invitado por José María Aznar Jr. a pasar tres días a la casa de Menorca. Por esas fechas, Ana Aznar se recuperaba de una ruptura sentimental con el que había sido su novio de los últimos años, crisis que influyó en el cambio de lugar de vacaciones, ya que no le apetecía coincidir en Las Playetas con su ex. A Menorca viajó el ex asesor de su padre y amigo íntimo de su hermano y allí prendió la llama, que dirían los cursis, de un fulminante noviazgo que tuvo su momento sorpresa durante las Navidades pasadas, cuando le comunicó a su madre su intención de convertirse en señora de Agag. Del susto-sorpresa llegaron al acuerdo. Ana Aznar aseguró que pensaba acabar sus estudios de Psicología mientras que su prometido renunciaba meses más tarde a su cargo como secretario general del Partido Popular Europeo para trabajar en un banco portugués. La pareja encontró el que iba a ser su nidito de amor en un ático de 200 metros en el barrio de Chamberí, proyecto del que más tarde desistieron cuando se enteraron de que no podían cerrar la terraza ni callar la boca de un portero parlanchín que enseñaba a los medios de comunicación hasta el croché que bordaba su mujer. Por el momento el matrimonio se trasladará al piso de soltero del novio.

El secreto mejor guardado

Esta tarde, alrededor de las siete, Ana Aznar desvelará el que suele ser el mejor secreto de las bodas: el vestido de novia. Lo firma la modista de «toda la vida» de Ana Botella, Aby Güemes, mientras que el diseñador Roberto Torreta fue el autor del que llevó en la fiesta de Gabana. Que será blanco y de estilo clásico-juvenil se da por seguro. En cuanto al peinado, será la peluquera Gloria Delgado quien se encargue de las cabezas de la novia, de su madre y de la suegra, Soledad Longo, quien, en su papel de madrina, lucirá la clásica mantilla española para lo que llevará un moño bajo de estilo español. Su vestido lo firma el modista Eduardo Ladrón de Guevara. Sirva como adelanto que será largo, con drapeado lateral y en un color «valiente» como es el rojo. Ana Botella seguro que repite las ondas que le pusieron para la fiesta de Gabana, puesto que ni llevará tocado ni pamela. En cuanto a la novia, aunque no quieren adelantar ningún detalle por razones lógicas, es más que probable que opte por una melena con más volumen, que llevará con un leve recogido atrás. Con su nuevo corte de pelo a capas y sus recientes mechas de rubio dorado, la novia se vestirá y maquillará en el palacio de La Moncloa (cuatro horas necesitará sólo para el peinado y el maquillaje) de donde saldrá el cortejo nupcial rumbo a El Escorial.

Muchos diseñadores españoles verán a sus clientas con sus mejores galas. De Javier Larraínzar irá vestida en tonos verdes Natalia Figueroa mientras, Ladrón de Guevara firmará los diseños que lucirán desde Felicidad Salazar Simpson y su hija Patricia Rato, a la condesa de Floridablanca, o desde Luisa Fernanda Rudí a las señoras de Hinojosa, Álvarez (Isidoro), Roca de Togores, y Nicolás Correa.

En cuanto al menú que degustarán los 1.100 invitados, como adelantó ABC, no habrá tarta nupcial y sí un postre diseñado en exclusiva para los novios. En el aperitivo no faltarán los clásicos de José Luis, como su tortilla de patatas, croquetas, rollitos de primavera o muslitos de codorniz. El menú contará con un primer plato (ensalada o milhojas de foie con mango), carne y postre. «Será un menú español con productos cien por cien españoles por deseo expreso de la familia», declara el restaurador José Luis quien ayer supervisó todos los preparativos que dirige su hija María José. «No habrá nada espectacular ni florituras. Un menú sencillo y normal», añade. Eso sí, todo será nuevo.

Desde la cubertería de plata de Gernika, hasta la mantelería. Alrededor de quinientas personas han intervenido en los preparativos. En cuanto al precio, aquí no hay respuesta clara. Es sabido que en esa casa un menú de boda nunca baja de los 72 euros, de ahí para arriba. Camareros de esmoquin servirán la cena, regada con caldos de La Rioja y la Ribera del Duero (no faltará un tinto Pesquera, favorito de Aznar), y cava. ¿Cantará Julio Iglesias a los postres? La respuesta mañana, a eso de las doce.