Joaquín Sabina y su hija Carmela, la semana pasada, en el Festival de San Sebastián - GTRES / Vídeo: Sabina, «Lo niega todo» menos el éxito

Carmela y Rocío, las dos mujeres más importantes en la vida de Joaquín Sabina

Esta semana el cantante acompañó a su primogénita al Festival de cine de San Sebastián, donde se estrenó la película que ha producido Carmela junto a José Luis Cuerda. Son pocas las ocasiones en las que se puede ver al de Úbeda junto a sus hijas

MADRIDActualizado:

Joaquín Sabina enfilaba esta semana la alfombra rosa del Festival de cine de San Sebastián del brazo de su hija Carmela. Feliz y orgulloso de su primogénita, el cantante la acompañó al estreno de «Tiempo después», la película dirigida por José Luis Cuerda y producida por Carmela, para la que Sabina ha compuesto una canción de la banda sonora. Son pocas las ocasiones en las que el cantante aparece en público con alguna de sus hijas.

Fruto de su relación con Isabel Oliart -hija de Alberto Oliart, ministro de Industria con UCD-, desde que nacieron Carmela (28 años) y Rocío Martínez Oliart (26), Sabina siempre ha intentado protegerlas de la prensa porque entiende que el personaje público es él y no sus hijas. «A ellas siempre les ha parecido bien que su padre actuase así y conforme han ido creciendo han mantenido ese perfil bajo, casi invisible, frente a los medios», cuenta a ABC una amiga cercana a las hijas. Sus amigos íntimos sí que saben quién es su padre, pero el resto de la gente no. Precisamente por eso, y aunque su padre les ha dedicado muchas de sus canciones, nunca han aceptado entrevistas a medios de comunicación. «Un día les propuse si querían cambiarse el apellido, porque al fin y al cabo Sabina es el que yo me he hecho y me dijeron: “Ni hablar”. A veces yo les hago putadas, por ejemplo, si me las encuentro en un semáforo por la calle, bajo la ventanilla y les grito: “Y nos dieron las diez…”. Y se quieren meter bajo tierra», contó el eterno vecino de calle Melancolía en 2009 a la revista «Rolling Stone».

Sabina siempre presume de lo bien que le han salido sus hijas, un mérito que atribuye a Isabel Oliart, de quien ha llegado a decir que «de haber sido una elección premeditada, nunca habría podido escoger una madre mejor» para ellas. Hoy en día, el cantante «es un padrazo» y sus hijas son lo más importante en su vida, aunque no siempre fue así. «Yo no empecé a hablar con mis hijas hasta que tuvieron edad de hablar conmigo. En aquella época yo daba 120 conciertos al año y ellas cuando veían un avión decían: ‘‘Adiós, Papá’’», le contó el de Úbeda al periodista Javier Menéndez Flores en el libro «Sabina: No amanece jamás» (Blume, 2017).

Para Carmela y Rocío, Sabina apareció tarde en sus vidas. Fue tras sufrir un infarto cerebral en 2001. Pese a que llevaba cuatro meses sin consumir cocaína cuando le dio «el marichalazo» -como él mismo llamó al ictus-, aquello influyó mucho en su forma de pensar y, tras superar una depresión, comenzó a estar más presente en la vida de sus hijas. Junto a Jimena Coronado -la pareja de Sabina desde 1999 y quien le aporta estabilidad desde entonces-, Carmela y Rocío cerraron filas en torno a su padre. Las tres forman el núcleo duro del cantante y su relación «es excelente». «Para ellas, además de ser la pareja de su padre, Jimena es como una amiga», apunta un íntimo de las hermanas.

Caminos por separado

La otra ocasión en la que se pudo ver al cantante de «19 días y 500 noches» con su familia fue en la presentación de «Epitafios», un cortometraje de «Estela Films» -la productora que Carmela tiene con su compañero del madrileño colegio Estudio, Félix Tusell-, que se financió gracias a una acción de micromecenazgo. Carmela descubrió su vocación por la producción de cine después de trabajar como ayudante en la gira «Vinagre y Rosas» de su padre. Tenía entonces 20 años y decidió matricularse en la Escuela de Cinematografía ECAM. Desde entonces se ha ido haciendo un hueco en el mundo del cine y, aunque alguna vez su vida profesional y la de su padre se han cruzado, ella siempre ha intentado preservar su anonimato.

De Rocío se sabe poco. Ha heredado el talento de Sabina para la poesía y practica yoga. En 2005 le envió «un e-mail parricida» a su padre donde le decía que siguiera bebiendo, que siguiera fumando, que no le llamase más, que se muriera y la dejase en paz. Sabina le contestó con «Ay, Rocío», una «canción de amor». La mayor también protagoniza «Ay, Carmela». Además de canciones, Sabina les ha regalado recientemente a sus hijas un piso en el centro de Madrid. Las dos han participado en la realización del último videoclip de su padre, «Lo niego todo», y han estado a su lado en alguno de sus conciertos de gira. Los cuatro últimos en España, el pasado mes de junio. Sabina se vio obligado a suspenderlos al sufrir una disfonía aguda.

Del repertorio de su padre, a Rocío siempre le ha gustado «La canción más hermosa del mundo», a su hermana «Y sin embargo». Pero es en «A mis cuarenta y diez» donde Sabina habla de resignarse «a dictar testamento». «Y, cuando, a mi Rocío/le escueza el alma y pase la varicela,/y, un rojo escalofrío,/marque la edad del pavo de mi Carmela,/tendrán un mal ejemplo, un hulla hop/y un D’Artacán que les ladre,/por cada beso que les regateó/el fanfarrón de su padre».