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Carlota Casiraghi, una boda entre homenajes y recuerdos familiares

La fiesta por su enlace con Dimitri Rassam continuó la noche del sábado en el palacio de Karl Lagerfeld

MADRIDActualizado:

La boda de Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam el pasado sábado en el palacio de los Grimaldi de Mónaco no podía terminar tras lanzar al novio a la piscina y unos bailes a cargo de Alessandro Ristori & The Portofinos, quien animó al Príncipe Alberto y a su esposa Charlene, a Carolina de Mónaco y a Carole Bouquet, la madre del novio. En estas páginas se recogía ayer que este enlace había supuesto el fin del glamur aristocrático en el Principado. Con un cóctel desenfadado, la escasa etiqueta y un hermetismo extremo, todo apuntaba a eso.

A los medios les ha resultado muy difícil conocer los detalles de la ceremonia, los festejos y los invitados. Si no fuera por las redes sociales no se habría podido ilustrar esta página, a excepción de la segunda fotografía oficial de los novios, que se difundió a medianoche del sábado. Hasta ese momento todo apuntaba a que Carlota se había casado con un vestido corto brocado y con grandes lazos firmado por Saint Laurent. Pero por la noche la novia recuperó toda su elegancia y sofisticación con un vestido de la última colección que Karl Lagerfeld diseñó para Chanel. Así, Carlota homenajeó al íntimo amigo de su madre, a quien además recordaron en La Vigie, el palacio del creativo y donde tuvo lugar la cena y posterior fiesta inspirada en el «Riviera Glam» de los años 50.

Los guiños no terminaron ahí. La Princesa Carolina también lució un vestido de Lagerfeld y, además, la novia quiso tener presente en el día de su boda a su abuela, Grace Kelly. Para ello, rescató de su joyero la gargantilla art decó con diamantes en talla esmeralda y brillante de la casa Cartier, que destacaba gracias al escote palabra de honor del vestido y el recogido en un falso bob con ondas. Junto a Dimitri, con americana también blanca y pajarita y pantalón negro, posó radiante en uno de los rincones de La Vigie que ofrece unas vistas inmejorables del Mediterráneo.

Las redes sociales han desvelado que Estefanía de Mónaco lució un vestido de noche de color rojo y que su hija Pauline Ducruet optó por un mono negro y joyas de Bulgari. Beatrice Borromeo, la esposa de Pierre Casiraghi, llevó un vestido con capa en varios colores firmado por Dior y Tatiana Santo Domingo, la mujer de Andrea Casiraghi, llevó un vestido rosa con toques bohemios, muy fiel a su estilo desenfadado. Carlota siempre ha estado muy unida a sus hermanos y sus cuñadas, algo que el sábado por la noche se volvió a escenificar durante el baile. Con su recién estrenado marido, no se separó de ellos ni de su madre. Bailaron juntas y ahí fue cuando Carolina de Mónaco recibió su propio homenaje. El rapero Mc Solaar le dedicó su conocido tema «Caroline», que habla de amistad, belleza, lealtad, amor y desamor. Cuando el cantante terminó, los invitados comenzaron a aplaudir a una visiblemente emocionada Princesa Carolina. Lo celebró Marta Ortega con su marido Carlos Torretta, Alexandra de Hannover, la aristócrata y modelo Bianca Brandolini, el diseñador Giambattista Valli, el productor Thomas Langmann, Eugenie Niarchos (nieta del magnate Stavros Niarchos) y Margherita Maccapani Missoni (heredera del imperio Missoni), entre otros. Después continuaron bailando y cantando a ritmo de la banda británica The Kooks, que tocó su mítico «Naive».

La fiesta se alargó hasta altas horas de la madrugada. Ayer continuó la celebración en el Yacht Club de Mónaco con un almuerzo amenizado por un grupo de jazz. El glamur en los Grimaldi parece que no ha terminado, incluso cuando ayer los invitados terminaron subidos a las mesas y acompasando a la banda a golpe de cucharas y cubiteras y ondeando servilletas.