Nicolas Sarkozy y Carla Bruni
Nicolas Sarkozy y Carla Bruni - EFE

Carla Bruni da una nueva vida a Nicolas Sarkozy

La italiana compensa su desgraciada faceta política cuidándolo, mimándolo, sacándolo de paseo e imponiendo escapadas turísticas y amorosas

PARÍSActualizado:

Desgraciado en política, afortunado en amores. Carla Bruni ha devuelto a Nicolas Sarkozy algo más que la pasión por la política… Cuidándolo, mimándolo, sacándolo de paseo, enviándole mensajes íntimos, imponiendo escapadas turísticas y amorosas, Carla Bruni no solo ha devuelto la sonrisa a su hombre, como ella gusta calificar a su esposo, recurriendo al argot de mujer italiana de cierto trapío.

Las buenas relaciones personales entre Carla Bruni y Brigitte Macron terminaron precipitando una nueva relación personal entre el presidente y el ex presidente, en el Elíseo. Macron ha consultado a Sarkozy en varias ocasiones para intentar encontrar una salida a la crisis de la franquicia de los chalecos amarillos.

Carla y Brigitte se han encontrado «entre mujeres» en varias ocasiones. Esa relación cordial y amistosa culminó facilitando una relación personal entre Sarkozy y Macron, que terminó invitando al ex presidente a una comida «entre hombres», a solas, en el Elíseo. Esa comida Macron - Sarkozy suscitó muchos comentarios. Y el ex presidente se vio obligado a precisar: «No hay nada de mi vuelta a la política». Precisión matizada por un consejero personal de Macron: «Sarkozy quizá no esté interesado por el poder. Pero sigue siendo un apasionado de la política».

Pasión cívica que las relaciones matrimoniales y amorosas de la pareja Bruni - Sarkozy cubre con un velo de glamour y popularidad, llamativa: un 73 % de los electores de centro y derecha siguen pensando que Sarkozy es un hombre «providencial» para Francia.

A Carla Bruni no se le escapan esas consecuencias de la pasión matrimonial, intacta, aventada con amor y sabiduría publicitaria a través de las redes sociales.

Sarkozy cumplió 64 años el 28 de enero pasado. Carla Bruni lo «bombardeó» con numerosos piropos, fotografías, gracietas, mensajes y alabanzas, a través de las redes sociales, manejadas con la maestría de una gran señora, ex modelo, cantante que no olvida dar noticia de sus relaciones amorosas / matrimoniales, cuando él está en París y ella en Pekín, dando un concierto privado.

Las escapadas turísticas y amorosas de la pareja tampoco pasan desapercibidas. Carla Bruni siempre ha tenido un fotógrafo personal para inmortalizar sus andanzas, personales, políticas y profesionales. Sus visitas de Estado a la Casa Blanca, durante los años de la pareja Obama, o Buckingham Palace, donde causó gran impacto su realeza personal, tuvieron el colofón de un servicio fotográfico tan personal como exquisito.

En viaje íntimo, en Venecia, Carla Bruni luce con el mismo fulgor que durante una cena de Estado junto a la Reina de Inglaterra, iluminando el rostro de de Nicolas Sarkozy. Esas gracia y dones personales devuelven a su esposo un glamour no solo íntimo: las conferencias personales del ex presidente se venden mejor, a un precio más alto, y su influencia cívica o política, en Francia, es una evidencia, gana muchos puntos: la opinión conservadora sigue estando huérfana o «viuda», según se mire, de su antiguo líder carismático.

Incansable, a su manera, Carla Bruni prosigue su carrera. «Mi marido se acuesta a las diez, cuando yo comienzo a componer», ha declarado la ex primera dama de Francia, que prepara sin prisa un nuevo disco. Sarkozy, por su parte, lleva una vida de hombre «tranquilo» (dentro de un orden), dejándose querer sin entrar al trapo de las declaraciones políticas. Su nueva buena estrella luce con más brillo a gracias al fulgor de la imagen de su esposa.