Campanario, tras los pasos de la duquesa

Beatriz Cortázar
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Se ha convertido ya en una fija del Rastrillo de Nuevo Futuro de Sevilla y de ahí que María José Campanario pasee como por su casa por esa cita anual que reúne a la mitad de Sevilla en ese mercadillo a beneficio de los niños sin hogar y por el que tanto ha hecho la duquesa de Alba. La «Campa» recibe en el puesto de La Maestranza y atiende a los medios sin cortarse un pelo ni jugar a las ambigüedades que tanto le gustan a Isabel Pantoja. No. La esposa de Jesulín de Ubrique decidió hace meses coger el toro por los cuernos y dejar de morderse la lengua cada vez que un reportero le hacía una pregunta de esas que tanto se agradecen tipo «¿qué te parece que tu suegra diga que Jesulín siente algo por Belén Esteban?».

Campanario está más segura desde que el diestro no torea y comparte con ella la educación de sus hijos y las labores de la finca (es un decir que ya se sabe lo que piensa el de Ubrique en cuestiones de mujeres y hombres). También desde que se hizo una serie de retoques físicos y cambió su imágen a base de régimen, liposucciones, retoques faciales (me cuentan que también se ha quitado las bolsas de bitchat para intentar sacar pómulos de una cara tan redonda) y hasta corte de pelo, que para algo es Lorena Morlote quien se encarga de capear y alisar su melena que tanto trabajo dio en los reportajes que Nati Abascal realizó con ellos para Hola.

Por eso, y para que sirva de precedente, María José no esquiva micrófonos. De ahí que opine que no comparte la idea de que su suegro quiera volver a Ambiciones o que se ría de cuántos la llaman bruja, asegurando que guarda dos escobas detrás de la puerta. Dí que sí, más sano el humor que la mala «milk».

Pero este año a quien se echa de menos en ese Rastrillo es a la duquesa de Alba que sigue convaleciente. Por eso me cuentan que la Infanta Pilar tiene pensado visitarla en su palacio de Las Dueñas, algo que ya ha hecho también con la duquesa de Medinaceli.

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