Los Trump a su llegada a Washington este fin de semana
Los Trump a su llegada a Washington este fin de semana - EFE
EE.UU.

Las bromas de Trump: «¿Quién será el próximo en marcharse de la Casa Blanca? ¿Melania?»

El presidente de EE.UU. se pone el traje de cómico en una gala con periodistas para reírse de sí mismo y lanzar chistes afilados a la prensa

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La gala del club Griridion junta a las elites políticas y periodísticas de Washington. Todos bajan la guardia y cambian las formas por una noche para despellejarse con gracia: políticos y periodistas protagonizan actuaciones musicales, imitaciones y discursos cómicos. Todos van con frac de pajarita blanca, que es etiqueta de la máxima elegancia pero quizá también un símbolo de que vienen en son de paz y de humor. El presidente es siempre el invitado de honor y su intervención es el plato fuerte de la velada.

Desde que empezó a celebrarse la cena, en 1885, solo un presidente había rehusado participar, Grover Cleveland. Donald Trump apuntaba a convertirse en el segundo, después de que el año pasado no aceptara la invitación (tampoco acudió a la cena de corresponsales de la Casa Blanca, otra noche de gran tradición en la capital de EE.UU.). Este sábado, sin embargo, Trump decidió que hasta en los chistes él puede ser el mejor y apareció en la gala. «Nadie hace humor autocrítico mejor que yo», dijo a la audiencia.

Devorador de noticias

La presencia de Trump es significativa por su peculiar relación con los medios. El multimillonario estadounidense no solo es un devorador insaciable de noticias –sobre todo las que se refieren a él–, sino que además ha sabido manejar a los medios a su antojo: para dar publicidad a sus aventuras empresariales, para convertirse en un icono de la telerrealidad y para, finalmente, lograr su ascenso a la Casa Blanca.

Pero Trump es también objeto de una cacería infatigable por parte de los medios, a los que él ha llamado «el enemigo del pueblo estadounidense». Ayer, se dieron un descanso, aunque Trump no perdió la ocasión para lanzar dardos envenenados a sus enemigos al otro lado de la trinchera, como «The New York Times» –«yo soy un icono de Nueva York, vosotros sois un icono de Nueva York, la diferencia es que yo todavía soy el propietario de mis edificios»– o la CNN: «Han perdido a una de sus grandes estrellas, su mejor reportero», dijo en alusión a su ex estratega jefe Steve Bannon, del que dijo que «filtraba más que el Titanic».

Desmadre permanente

Trump, sin embargo, no perdió la tradición de reírse de sí mismo y de su equipo. Atacó a su yerno, Jared Kushner; a su secretario del Tesoro, Steve Mnuchin; o a su fiscal general, Jeff Sessions. Se cachondeó del «caos» y de la fuga continua de altos cargos de la Casa Blanca, más de una docena en poco más de un año, que ha convertido su Administración en un desmadre casi permanente: Michael Flynn, Sean Spicer, Rience Priebus, Steve Bannon, Anthony Scaramucci –que apenas duró diez días como director de comunicación– y, la semana pasada, Hope Hicks han sido colaboradores cercanos quemados por el volcán en el que se ha convertido el presidente. «¿Quién va a ser el próximo en marcharse? ¿Steve Miller o Melania?», dijo en alusión a uno de sus asesores y a su mujer.

El club Griridion no permite fotos, ni vídeos de la velada, así que es una incógnita la cara con la que reaccionó al chiste Melania. La primera dama ha mostrado distanciamiento del presidente en las últimas semanas por las revelaciones de encuentros sexuales con otras mujeres cuando ambos ya estaban casados.

«Es uno de los mejores ratos que recuerdo con la prensa», dijo Trump al final de la noche, pero se guardó una última puya para los medios: «No me divertía tanto desde que vi vuestras caras la noche electoral».